El Enigma de la Vida por Nils A. Amnéus

Theosophical University Press Online Edition

Capítulo VI

Muerte — El Dormir — El Nacer

El Temor a Lo Que No Entendemos
El Dormir y la Muerte
El Rayo de Conciencia se Retira
La Asociación se Disuelve
El Proceso De Separación
El Rayo Absorbe Su Proyección
Período de Descanso entre Vidas Terrenales
Las Simientes del Carácter
El Rayo Reingresa a la Materia
El Cuerpo Físico Es Útil Solamente para la Existencia Física
Nuestro Regreso Indica Pre-Existencia
Nuestra Salida Indica Continuidad de Existencia
El Cambio de Escenario No Cambia al Peregrino
Confiemos en la Naturaleza
La Vejez

El Temor a Lo Que No Entendemos

A través de todas las edades, el hombre ha meditado sobre el problema de la muerte, y se ha preguntado: "¿Es la muerte el final de nuestra existencia, o existe vida después de la muerte?"

No queremos perder el contacto con la gente a quienes amamos. Tenemos intereses que nos gustaría continuar; sueños y esperanzas que nos gustaría alcanzar; y todos hemos cometido errores que nos gustaría rectificar. En muchas ocasiones, nomás acabamos de aprender algo, y entonces la edad y la muerte se nos vienen encima. Por lo tanto, no es extraño que busquemos una respuesta a la pregunta anterior. Pero al mismo tiempo, estamos poco dispuestos a enfrentarla, porque nos acarrea miedo y pesimismo. Y así, dejamos de considerarla hasta una próxima vez, y esto nos deja un remanente de sombras obscuras en el fondo de la mente.

El hombre le teme a lo que no entiende. Si él pudiera correr, al menos un poco, el velo del misterio que rodea al problema de la muerte, el tema perdería mucho de terror.

El Dormir y la Muerte

Las Enseñanzas Antiguas tienen mucha luz y esperanza que mostrarnos en esta materia, y la idea clave se puede encontrar en un proverbio griego que dice: "El Dormir y la Muerte son Hermanos." La misma sucesión de acontecimientos que ocurren en la muerte, también se da al dormir. Al dormir, el Rayo de Conciencia se retira del mundo exterior hacia planos internos e invisibles de existencia. Al morir, el Rayo también se retira hacia planos internos, pero esta vez la retirada es completa y de duración larga.

Cuando nos disponemos a dormir, frecuentemente sucede que el Ego se torna inconsciente, para volverse consciente otra vez, un proceso que se puede repetir muchas veces antes que definitivamente nos durmamos. El morir sigue este patrón. El Ego tiene períodos de conciencia en este plano material, con períodos alternos de conciencia en algún otro plano. Normalmente, estos últimos períodos pasan en silencio, pero algunas veces, la persona puede hablar consigo misma de esas experiencias en tonos apenas perceptibles.

El dormir comienza con un período de inconsciencia, el cual más tarde, es seguido de sueños. La muerte también comienza con un estado de inconsciencia, seguido por una condición de sueño más profundo y más real que el dormir solamente. Después de dormir, regresamos al mismo cuerpo. Después de un período de descanso que sigue a la muerte, regresamos a la tierra en el cuerpo de un niño, el cual entonces, lo construimos para una nueva vida en el plano material. El dormir es un ensayo miniatura de lo que sucede con la muerte. Cada vez que nos acostamos a dormir, "experimentamos una muerte incompleta." Cada vez que despertamos, experimentamos un renacimiento dentro del mundo material.

No hay diferencia con lo que le sucede a la conciencia, con cierto grado de excepción, pero existe una diferencia en lo que le sucede al vehículo, al cuerpo físico. Al dormir, el cuerpo yace dormido e inactivo, pero retiene su capacidad de recuperación. En la muerte, el cuerpo se rompe y se desintegra.

La razón por la cual nos hemos acostumbrado a ver la muerte con horror, es que hemos fijado nuestra atención en la destrucción rápida del cuerpo físico, lo cual ocurre después de la muerte, y esto, aparejado con la suposición errónea de que el hombre es lo mismo que su cuerpo físico, nos ha desviado a pensar que la destrucción del cuerpo significa la destrucción de la conciencia que allí mora.

El error enorme que se ha cometido al estudiar esta materia en el Occidente, es que se le ha puesto demasiada atención al cuerpo físico, o al vehículo material del hombre, y no mucha atención al hombre real, a esa conciencia que mora dentro de ese cuerpo.

El hombre es una entidad compuesta, y la muerte del cuerpo es solamente el descartar el ropaje exterior que la conciencia usa en el mundo material. El descarte de ese vehículo provoca un cambio en la condición de nuestra conciencia, porque el Rayo de Conciencia transfiere, ahora, su centro de actividad hacia vehículos superiores de su constitución interna, pero nuestro ser esencial no es aniquilado ni destruido por ese cambio.

Cuando nos demos cuenta de que cada vez que nos vamos a dormir, lo que tenemos es un anticipo de lo que nos sucederá al morir, el pensar en la muerte perderá su terror. Y cuando reflexionemos en la sensación de alivio con el que dejamos los cuidados de cada día, y le demos la bienvenida a la paz y al descanso de la noche, podremos visualizar el sentido aún más grande de liberación que tendremos cuando abandonemos completamente el cuerpo desgastado.

El poeta sufí Jalal-ud-din describe la relación entre la conciencia y el cuerpo físico cuando duerme, en el bello poema siguiente:

Noche tras noche, a las almas de los hombres se les permite volar
Desde sus redes en donde yacen cautivas.
Noche tras noche, desde sus jaulas, cada alma vuela
Hacia el infinito; ya no se es más esclavo o rey.
Aún por un instante, cada noche el corcel del Espíritu
Es de los arreos del cuerpo liberado:
"El Dormir es Hermano de la Muerte": ven, este enigma lee.
Pero para que al amanecer no se rezaguen,
Cada alma Él la une con largas ataduras,
Que desde estas arboledas y llanuras Él puede revocar
A esos espíritus errantes de su yugo cotidiano.

La misma vida que se disfruta poco a poco y en trocitos durante el dormir, es la que se disfruta ininterrumpidamente después de la muerte.

El Rayo de Conciencia se Retira

Los principios superiores de la constitución del hombre ejercen una atracción ascendente sobre el Ego Humano durante toda su vida. Como quiera, en la juventud y en la madurez, esas atracciones son dejadas en segundo plano debido a los intereses y demandas provenientes de la existencia física. Pero cuando la vejez se acerca, las atracciones mundanas pierden su vigor, y las atracciones espirituales comienzan a dominar.

Cuando esas atracciones se vuelven aún más fuertes, el Rayo de Conciencia comienza a retirarse de la constitución complicada del hombre, lo cual se manifiesta en el plano externo por una condición cada vez más debilitada del cuerpo físico. Esto se mantiene aumentando hasta que finalmente el corazón se detiene como un reloj en decadencia. La causa primaria de muerte es la retirada del Rayo de Conciencia, pero la decadencia resultante del cuerpo físico tiene como consecuencia el efecto secundario de acelerar la retirada del Rayo.

En el caso de una vejez normal, después de una vida bien acomodada, la muerte viene como un descanso anhelado y de un alivio bien acogido. En el caso de enfermedad, el colapso del vehículo puede obligar la salida de la conciencia antes de su tiempo regular. Lo mismo se aplica para la muerte causada por accidente, violencia o suicidio.*

*Para una ilustración iluminada de estos casos especiales, como también del tema completo de la muerte, el lector es referido a los capítulos XXVII y XXVII de The Esoteric Tradition (la Tradición Esotérica) de G. de Purucker, como también otras referencias de su trabajo, que son la fuente de la información aquí dada.

En todos estos casos, la marcha de los sucesos que siguen después de la muerte, difiere en las primeras etapas de la muerte proveniente por vejez, pero aún en esos casos, el Ego, en una etapa posterior, cogerá el hilo de los sucesos y tendrá las mismas experiencias tal y como si hubiera tenido una muerte normal.

La Asociación se Disuelve

Ahora, revisemos lo que ha sido expuesto con respecto a la constitución del hombre: su núcleo central es un Rayo de Conciencia, una chispa proveniente de la Vida Universal. Los centros superiores más altos del Rayo, a los cuales les hemos llamado colectivamente "el Dios Interno del Hombre," no están directamente activos en el estado de alerta del ser humano corriente, sino más bien iluminan su conciencia como una luz que brilla por encima de su cabeza. Aunque no están directamente activos hasta ahora, no debemos perder de vista estos principios más altos, porque sin ellos, los principios inferiores no existirían.

Los socios activos que juntos producen el estado de alerta de la conciencia, son: el Ego Humano-aspecto del Rayo, o el Yo soy Yo; la mente inferior con su vehículo, el cerebro; y el cuerpo físico. Durante el estado de alerta, esos principios se fusionan y armonizan como una sociedad activa.

Tanto la muerte como el dormir consisten en la disolución de esa sociedad. Durante el dormir, la disolución es incompleta y temporal; en la muerte, es completa y permanente. Los socios, al separase, no son aniquilados en el proceso, pero sus modos de existencia son completamente diferentes a los de la sociedad cuando funciona como una unidad, exactamente como los elementos de un compuesto químico difieren en apariencia y características del producto que se forma al combinar tales elementos químicos.

¿Qué les sucede a los diferentes principios del ser humano cuando se separan después de la muerte?

Los principios supremos regresan instantáneamente a su hogar espiritual, "el Padre en los Cielos." La parte inferior— compuesta por el cuerpo físico con sus energías inferiores y el cuerpo modelo — ya no es más vitalizado por la conciencia controladora, y comienza a desintegrarse.* En la muerte, como al dormir, la mente inferior deja de funcionar, cuando el Rayo de Conciencia retira su fuerza vital del cerebro.

*La cremación puede acelerar este proceso, proporcionándole al Ego Humano una ayuda enorme para que se libere de sus socios inferiores.

Esto explica lo que le sucede a los principios superiores e inferiores de la constitución del hombre, pero queda todavía la parte intermedia, el Ego Humano con sus distintos aspectos, para que se tomen en cuenta.

La retirada del Rayo de Conciencia del cerebro no es instantánea, y tiempo después del último latido del corazón y del último aliento, cuando toda la apariencia del cuerpo es la de estar muerto, el proceso de morir continúa en los planos internos. Durante este primer periodo post mortem — el cual puede durar muchas horas, tal vez más — el cerebro automáticamente desaloja de sus senos más profundos, toda memoria que estuviere almacenada en él durante esa vida que acaba de finalizar.

Entonces, el Ego ve pasar la revisión ante su visión interna, de todo detalle de su vida pasada, comenzando con su primera experiencia consciente en su niñez más temprana, y terminando con su último momento de autoconsciencia antes de morir. La memoria de estas experiencias es almacenada como un registro permanente en la parte imperecedera de la naturaleza interna del hombre. Mediante esta visión panorámica, el Ego es capacitado a ver la justicia de todo lo que le ha sucedido, y para que se dé cuenta de cómo será el efecto de esta vida en sus futuras encarnaciones.

Es común, en casos de casi-ahogamiento, en el que la víctima es rescatada en el último momento, que la persona relate haber tenido justamente esa visión panorámica de su vida pasada. El autor tiene testimonio personal de lo sucedido a un su viejo amigo, quien casi se ahogaba cuando niño, y quien contó como el recuerdo de cada suceso de su vida, cada pequeña cosa mala que había hecho (y probablemente también las buenas), regresaron a él con el detalle más minucioso y con una vivacidad y lucidez extremas.

Este repaso post-mortuorio de la vida que acaba de terminar, puede ser comparada a la vista retrospectiva que el Ego hace justamente antes de perder la conciencia al dormir, cuando él revisa los sucesos del día que recién termina y se da cuenta de los efectos que tales acontecimientos tendrán en el futuro.

Como quiera, existe una diferencia importante, la cual es que la experiencia de antes de dormirse ocurre en la mente inferior, mientras que la visión panorámica se da en mente superior. Este uso de la mente superior es posible porque el Ego Humano, al morir, es temporalmente ascendido a unirse con el Ego Superior; y así, capacitado a condensar las experiencias de toda esa vida en un periodo de tiempo relativamente corto.

Refiriéndose al período que sigue a la muerte aparente del cuerpo físico, uno de los Maestros que contribuyó materialmente a formar la Sociedad Teosofía, escribe:

Susurren, ustedes que asisten en el lecho de muerte, y dense cuenta que se encuentran en la presencia solemne de la Muerte. . . . Susurren, les digo, para que no interrumpan las tranquilas ondas del pensamiento, y dificulten el trabajo activo del Pasado que derrama su imagen sobre el Velo del Futuro. — Las Cartas de los Mahatmas, p. 171

Después de la visión panorámica, el Ego Humano se da cuenta de que es incapaz de mantener su unión con el Ego Superior, a menos que durante su vida terrenal él ya estuviera acostumbrado a vivir en esta parte de su naturaleza. El cambio de centro de atención de la Conciencia, en este caso, de una mente- cerebro tan familiar, al de una mente superior desconocida, es demasiado brusco y demasiado enorme para el Ego Humano para poder permanecer en esta condición superior; y así, él recurre al principio de la condición de inconsciencia.

Una experiencia similar ocurre cuando en nuestra vida cotidiana no podemos, en ninguna forma, mantenernos mentalmente en los niveles superiores que ocasionalmente conseguimos, y en donde nos gustaría permanecer siempre.

El Proceso De Separación

El Ego Humano que se sumerge dentro del estado latente o inconsciente al final de la visión panorámica, es una combinación de aspiraciones e ideales superiores — que se originan en el Ego Superior — y de intereses mundanos y deseos terrenales — que se originan en la mente inferior. La mejor parte del Ego Humano, la parte verdaderamente humana, debe ahora autoliberarse de toda la escoria, a la cual el Ego está sujeto, antes de que pueda alzarse en unión con el Ego Superior. Para ello, él tiene que enfrentarse, no a su creador, sino a su propia creación, esa acumulación de efectos que ha construido durante su vida mediante sus pensamientos y acciones, sentimientos y apetitos desenfrenados.

Lo fácil o difícil que se vuelve para el Ego el autodesenredarse de las cualidades inferiores de su naturaleza, depende de la clase de vida que él haya tenido durante su personificación; y por lo tanto, difiere para cada individuo. El hombre decente promedio atraviesa el proceso de deshacerse de esas cualidades inferiores con una facilidad relativa, y es como un sueño, o casi una condición consciente. Un hombre muy espiritual difícilmente advierte que está atravesando esa purificación, y atraviesa esa condición muy rápidamente.

Un hombre que ha vivido una vida enormemente material, que ha estado habituado a gratificarse con pasiones, egoísmos y maldades está, por la otra parte, profundamente enmarañado en las redes de su naturaleza inferior, y por supuesto, requerirá un periodo de liberación mucho mayor, antes de que pueda autoliberarse de todos los elementos de base de esa naturaleza. Esto es un concepto serio y juicioso, para que nos demos cuenta que, cuando nos llegue el día de dejar este plano material, sepamos que tendremos que encararnos a esa ardua labor de autoliberarnos de esos vínculos que tan irreflexiva y quizá tan imprudentemente, nos autofraguamos mientras estuvimos personificados.

Nadie está completamente libre de manchas, y nadie es tan perverso, sino que siempre existe algo bueno en la persona, para que sea liberada. De esta manera, todos debemos experimentar este proceso de separación. Las condiciones reunidas en este estado de después de la muerte, varían tanto como las experiencias encontradas durante la vida material. El tiempo que se emplea para ello, también difiere grandemente, y está completamente de acuerdo al tipo de vida que se tuvo en la tierra, pero ya sea largo o corto, difícil o fácil, existe un final para el período de separación. En todo caso, siempre existe un tiempo en el cual, todos los materiales básicos son desechados, y la parte superior del Ego Humano se libera para reunirse con su "Padre Celestial." Esta manera final de deshacerse de sus últimos impedimentos de parte del Ego Humano, es a lo que los Ancianos le llamaron "Muerte Segunda."

El Rayo Absorbe Su Proyección

Durante la condición de alerta, el Rayo de Conciencia está activo mediante su proyección, el Ego Humano.

Cuando dormimos, el Rayo de Conciencia retira su proyección, y de esta manera, absorbe temporalmente al Ego Humano de regreso dentro de él mismo. Así, el Rayo de Conciencia empieza a actuar en el plano próximo superior mediante la Mente Superior, como el Ego Superior o Reencarnante. El Ego Humano es incapaz, en esta condición, de ascender a este nivel superior de existencia; y así, se encuentra desplazado de su habitación diaria — la combinación mente-cerebro — pierde la conciencia y no se da cuenta que ha sido reabsorbido por el Ego Superior.

A veces sucede que, debido a la condición del cuerpo físico, el Rayo es incapaz de retirar su proyección completamente del cerebro, con la consecuencia de que alguna pequeña porción de la conciencia permanece todavía activa allí. Entonces, este remanente fraccionario del Rayo revuelve todo entre los diversos depósitos de memoria en el cerebro, y produce sueños confusos e incoherentes que todos ya conocemos. En este caso, la retirada del Rayo fue incompleta, y el Ego Humano no fue completamente absorbido dentro del Ego Superior, con el resultado de que el sueño fue intranquilo y nada beneficioso, como hubiera sido si la absorción hubiera sido completa.

Por otra parte, si la retirada es completa, el Ego Humano es totalmente absorbido dentro del Ego Superior, y un sueño reposado y beneficioso es el resultado, y no se recuerda ningún sueño. De esta manera, una retirada completa sirve de prerrequisito para obtener el más beneficioso de los sueños.

Después de la muerte, la misma retirada del Rayo ocurre, pero en sus etapas iniciales, también la retirada es incompleta. Y esto es así porque, aunque la parte superior del Rayo de Conciencia se autolibera inmediatamente, su proyección — el Ego Humano — todavía está enmarañada en sus cualidades inferiores.

Mientras el Ego Humano lucha por autoliberarse de esta situación, él está en una condición confusa y caótica de sueño, la que se puede comparar a una noche común y confusa de sueño. Pero después de la muerte segunda, cuando el Ego Humano se ha autoliberado completamente de sus cualidades inferiores, ese Ego Humano es reabsorbido dentro del Ego Superior, y gradualmente despierta a una conciencia parcial en la Mente Superior. Es la parte superior y verdaderamente humana del Ego Humano la que tiene este despertar; la parte personal inferior desechable, permanece latente.

Así, el caso es similar al de dormir, con la excepción de que al dormir, el Ego está todavía gravado con sus cualidades inferiores, y de este modo, no es suficientemente puro para experimentar un despertar en la Mente Superior. Además, el periodo es demasiado corto para permitir tiempo para la separación necesaria. Por estas razones, el periodo de absorción durante el dormir parece ser de inconsciencia, y no es recordado por el Ego Humano después de despertar.

Período de Descanso entre Vidas Terrenales

Después de la muerte segunda, cuando el Ego gradualmente despierta a la conciencia en la Mente Superior; allí comienza para él, una nueva condición de conciencia. Esto parece un estado de sueño, en el cual el Ego vive otra vez todas sus experiencias felices de su vida terrenal, sin mezcla de ningún recuerdo triste o discorde. El cuerpo físico y todas las cualidades inferiores, se han desechado; y el efecto limitativo y retardatriz de las aspiraciones espirituales y de sentimientos nobles en el hombre, es eliminado. El Ego ahora es libre, y en su conciencia acarrea para su ejecución, todas las resoluciones buenas de su vida terrestre anterior; conduce para su realización, los planes sublimes que imaginariamente había construido durante su personificación, pero que entonces no pudo llevar a cabo.

La función del Ego durante esta fase de su existencia, no es la de producir nuevas causas, sino que es más bien, un periodo de paz durante el cual, el Ego asimila e incorpora permanentemente dentro de su propia naturaleza, todo lo que fue bueno durante su vida terrenal pasada. Él entreteje dentro de su carácter todas esas experiencias, lo cual de esa manera, es ennoblecido; y cuando el Ego, ahora vigorizado y refrescado después de su largo descanso, regresa otra vez a la tierra, el mejor aspecto de su carácter ha sido consolidado y cuajado dentro de un molde nuevo y mejorado para la vida que está a punto de comenzar.

La duración del período de descanso entre encarnaciones, varía grandemente para los diferentes individuos, y depende de la naturaleza y dirección de sus intereses y anhelos durante su vida terrenal.

Aquellos cuyas vidas han sido llenas de anhelos espirituales y esfuerzos idealistas, tienen mucho material para la contemplación y la asimilación, y sus periodos de paz son de larga duración. Aquellos cuyos intereses han sido principalmente dirigidos hacia asuntos materiales, con pocos conceptos de renuncia a sí mismo, amor, o ansias por un carácter sublime, tienen una pequeña cosecha de naturaleza espiritual que ocupe su atención. Aquellos que han tenido una vida básica e innoble, obtienen una cosecha muy pobre, y su estadía en el período de descanso es relativamente corto, y la mayor parte de ella es consumida en una casi completa inconsciencia.

El tiempo asignado entre encarnaciones para la raza humana en general, se dice que es de aproximadamente 1500 años mortales. Las experiencias del Ego en su contemplación bienaventurada son tan vívidas, que él no se da cuenta de que el tiempo pasa, el cual, en este estado, no está dividido en horas, días meses y años, tal y como lo está en la tierra. Siglos, y aún millares de años pueden pasar sin que el Ego advierta el tránsito del tiempo. Sucede lo mismo como cuando dormimos: si despertamos cuando está obscuro, no somos capaces de decir si hemos dormido unos cuantos minutos o muchas horas.

Las Simientes del Carácter

Lo precedente explica lo que le sucede a la parte superior del Ego Humano después de que se ha autoseparado de sus cualidades inferiores en la muerte segunda. Pero, ¿Qué le sucede, mientras tanto, a los elementos inferiores, los que han sido desechados por el Ego durante el periodo de separación?

Cada uno de esos vehículos o vestiduras se desintegran en el plano al cual pertenecen, pero en cada caso, dejan detrás un residuo, cierta clase de "simiente," que retiene en un estado latente, la naturaleza y características del elemento o vestidura descartados.

Esas "simientes" yacen inactivas en sus respectivos planos internos de la Naturaleza, y así, preservan en un estado germinal, las características de la parte perecedera de la entidad anterior. Los principios superiores de la entidad, incluyendo la parte superior del Ego Humano, no se desintegran. Estos principios superiores, juntamente con las "simientes" de los elementos inferiores, son los depósitos del carácter completo del ser humano, para que en futuras edades, cuando el Ego regresa a la vida terrenal, él se vista nuevamente con el mismo carácter básico que tuvo al final de su vida previa, pero ahora hecho mejor por los esfuerzos anteriores debido a su autosuperación.

El Rayo Reingresa a la Materia

Después de épocas utilizadas por el Ego Humano en su bienaventurado descanso que sigue a la muerte segunda, al fin viene el momento en el cual el Ego ha alcanzado hasta su realización final, toda aspiración hasta ahora incumplida, y lo vuelve parte de su carácter. El material para sus sueños se ha agotado gradualmente, y el Ego comienza a anhelar por una existencia más activa. Recuerdos imprecisos de vidas terrenales anteriores, empiezan ahora a aparecer constantemente en la imaginación. El Ego ansía revestir viejas escenas familiares y poner a prueba su vigor en las actividades de la vida terrenal. Así como antes de la muerte sus aspiraciones ejercieron su atracción "ascendente," así también ahora, sus deseos vehementes de vida terrenal crecen aún más fuertes, hasta que finalmente el Ego comienza su viaje hacia la tierra.

Durante su descenso hacia el plano material, el Ego sigue el mismo sendero que usó para el ascenso, pero ahora viaja en la dirección opuesta. Gradualmente pierde la conciencia del plano de las aspiraciones espirituales y, poco a poco, pasa a un estado de inconsciencia total. A medida que desciende a través de los planos intermedio e inferior de la Naturaleza, él recoge en cada uno de esos planos, las "simientes" que dejó atrás cuando ascendía. Esas "simientes" ahora perciben el efecto estimulante y vital de la presencia de su Dueño, y así como las limaduras de hierro son atraídas por un imán, así también esas "simientes" se autoadhieren al Ego que regresa, y en su oportunidad, reconstruirán los ropajes que anteriormente cubrían completamente al Ego. De esta forma, cuando el Ego está listo para reingresar al plano material, él está equipado con todo lo esencial que se requiere para reconstruir los vehículos anteriores, tal y como ellos fueron previamente.

Se dice que, justamente antes de que el Ego reingrese a la vida terrenal, él tiene un breve periodo de conciencia vívida, en el cual él ve la misma visión panorámica de su vida terrenal precedente, y que él ya vio al final de esa vida, comenzando como antes, con el recuerdo más temprano en su niñez, siguiendo con todos los detalles de esa vida, hasta terminar con su último momento consciente antes de morir.

El Ego reconoce la responsabilidad por todos sus actos, y aprecia las consecuencias que deben derivarse de esos actos. De esta forma, se nos dice, él percibe una vista anticipada de la nueva vida terrenal que está a punto de comenzar, y aprecia la justicia de todas las experiencias que le ocurrirán a él.

Ahora el Ego es atraído "psico-magnéticamente" por esos padres que pueden proveer la herencia y circunstancias de la vida que más cercanamente corresponden a sus méritos. El amor es el vínculo más fuerte que conduce a reunir a padres e hijos, pero el odio puede también ser un factor en esos casos desafortunados en los cuales, los problemas de aversión y discordia fueron dejados sin resolver en el pasado. Tales Egos son reunidos nuevamente, hasta que aprendan a entenderse unos a los otros, y se den cuenta que "el odio no cesa con más odio; que el odio sólo se acaba mediante el amor," tal y como los Grandes Maestros religiosos nos lo han enseñado.

Así como el Ego en el pasado lejano dejó este plano material al atravesar la puerta de la Muerte, así también, él ahora reingresa a este plano material, atravesando la puerta del Nacimiento. El pequeño cuerpo infantil es, por supuesto, un instrumento muy débil e imperfecto, y por ahora, debe ser fortalecido y construido. Esta tarea, Madre Naturaleza la aborda con vigor, y así, el infante gasta casi todo su tiempo comiendo y durmiendo, el primer prerrequisito para crecer. Solo por periodos ocasionales y cortos es que podemos ver a la conciencia que empieza a afirmarse por sí sola. Parece venir e irse. Trata de usar su pequeño instrumento, pero todavía es muy débil, inconsistente y subdesarrollado. La escena del mundo que él obtiene mediante las "ventanas de los sentidos" es borrosa y nebulosa. La conciencia deja de esforzarse y regresa temporalmente a su plano familiar de dormir, sólo para que después lo intente una y otra vez.

A medida que las semanas y meses pasan y el cuerpo se desarrolla, la conciencia puede permanecer por periodos mayores y más largos, antes de que el pequeño cuerpo sea dañado por esfuerzo excesivo por su presencia, y el dormir, con la insensibilidad de este plano, se vuelve nuevamente necesario.

Es un "despertar" lento del Ego a la conciencia en este plano material, un proceso que se extiende sobre meses y años, antes de que el Ego desarrolle conocimiento de su propia existencia. El Ego repite en una escala mayor de tiempo, lo que sucede cuando se despierta a medias por la mañana, sólo para volverse a dormir, una acción que puede repetirse muchas veces antes de que el Ego finalmente se torne completamente consciente en este plano.

Durante sus periodos de alerta, el Ego parece que se da cuenta que él debe ahora ponerse al tanto del nuevo mundo al cual acaba de ingresar, porque notamos que cuando la conciencia se activa en este plano, ella está observando y estudiando sus alrededores. El bebé mira que sus dedos se mueven, siente la ropa de cama, maneja juguetes pequeños y se los introduce en la boca. Él observa la luz en el cielo raso y trata de alcanzarla, solamente para encontrar, para su sorpresa, de que la distancia o el espacio es una de las características de este mundo nuevo y extraño.

Los padres frecuentemente se quejan de que el nene prontamente "se aburre con sus juguetes nuevos," y que siempre quiere algo más, pero que rápidamente se cansa de ello también. Cuando el nene coge un objeto nuevo, lo mira, lo siente, y termina introduciéndoselo en la boca. Para el nene, ese juguete no es un objeto con el cual puede disipar momentos libres. Es un objeto de investigación seria, una pizca del mundo nuevo que debe conocerse. Pero después que el nene lo ha manejado suficientes veces y ya conoce sus características, el objeto ha servido su propósito, y ya no tiene más interés para él; el nene quiere un objeto nuevo para seguir estudiando.

Observamos que siempre que la conciencia está presente, su actividad se vuelve observadora, de aprendizaje, de experimentación, en el pequeño mundo limitado en el cual existe.

Pero los años pasan, y gradualmente el suelo se torna adecuado para la germinación de las simientes del carácter que había estado yaciendo inactivo desde el final de la vida terrenal anterior, y lentamente el carácter del nuevo Ego empieza a automanifestarse. Este es el "patrimonio" que el Ego dispuso para él mediante sus propios pensamientos y acciones durante su existencia anterior, y que ahora está mostrándose por sí mismo, ya sea en disposición, temperamento, talentos y aptitudes, o en la ausencia de ellos. A medida que el Ego Personal saca de las existencias de sus recuerdos diarios almacenados en el cerebro, así también la parte superior del Ego Humano saca de sus recuerdos más profundos y más duraderos, acumulados en el depósito permanente del carácter.

Finalmente, y con el correr de los años, el individuo atraviesa su adolescencia y alcanza su madurez. El Ego Superior otra vez ha proyectado su Rayo dentro de la constitución humana, donde él ahora funciona como el Ego Humano trabajando mediante el Ego Personal. La coparticipación de la vida anterior está otra vez ensamblada, el cuerpo físico está completamente adulto y funcionando. El cerebro y la mente inferior están revitalizados y activos, y el Ego Humano está otra vez en su puesto de observación. El Rayo de Conciencia nuevamente "ha caído dentro de la materia," y está listo para continuar su evolución, y usa su vehículo reconstruido, el cual es virtualmente un duplicado del que usó en su existencia anterior en la tierra.

De esta forma, así como el Ego por la noche se va a dormir, y después de un periodo de descanso despierta en el mismo cuerpo, lo mismo hace el Ego cuando, después de la muerte, tiene su periodo de paz, después del cual, lentamente "despierta" en un nuevo — y si se lo ha merecido — un mejor cuerpo. A medida que el individuo está descansado y fresco después de una noche de sueño, y está listo para abordar las obligaciones de un nuevo día, así también lo hace el Ego, ahora vigorizado y lleno de entusiasmo juvenil, listo e impaciente de abordar las obligaciones de una vida nueva.

El Cuerpo Físico Es Útil Solamente para la Existencia Física

El dormir es un proceso de abandonar el cuerpo, después de lo cual el Ego pierde la noción de este plano, y va más allá del alcance de quienes permanecen conscientes en el mundo material. La Muerte es también un proceso de abandonamiento del cuerpo, seguido por la misma secuencia de sucesos.

Entonces, los dos acontecimientos son idénticos, excepto que en el caso de dormir, el abandonar el cuerpo es temporal, mientras que en la muerte, es permanente. Tomando en cuenta que la conciencia se autolibera del cuerpo físico en los dos casos, el valor relativo, o la utilidad del cuerpo físico para la conciencia, es también la misma en ambos casos. Por lo tanto, como el cuerpo no es útil al dormir, y aún más, puede ser un estorbo, sería razonable concluir que el cuerpo es igualmente innecesario para la existencia del Ego después de la muerte. Y porque es posible para la conciencia el existir y el estar activa durante el dormir sin el uso del cuerpo, también debiera ser posible para ella, existir y mantenerse activa después de la muerte sin el uso del cuerpo, y la destrucción de ese cuerpo no significa que la conciencia que lo habita, también será destruida.

Nuestro Regreso Indica Pre-Existencia

Cuando la conciencia se retira del cuerpo durante el dormir y al morir, quienes permanecen conscientes en el mundo material son incapaces de saber que es lo que continúa después de esto. En este momento, el hilo de la historia se pierde en una niebla impenetrable, y una investigación aclaratoria en esta dirección está vedada.

Siendo que somos incapaces de saber que le sucede a la conciencia cuando se va del plano material, la mejor opción que podemos obtener es la de estudiar nuestra entrada a este plano, porque el entender esto, nos puede dar luz en beneficio de nuestro futuro.

Tomando una vista cronológica del pasado de la vida a partir de este momento — regresando a la juventud y después a la niñez, y aún mejor, hasta el primer suceso que seamos capaces de recordar — sabremos que fuimos siempre el mismo Ego que ha atravesado todas esas experiencias de la vida, y de que tenemos noción positiva de nuestra existencia hasta donde podamos recordar, el cual bien puede ser ese primer momento consciente en nuestra niñez más temprana, si es que no podemos recordar algo más; entonces, ¿Significa que el Ego no existió antes de ese primer recuerdo?

Regresemos imaginariamente hasta el día en nuestra niñez en el cual algo inusual sucedió, lo cual logró hacernos una impresión muy profunda, y que más tarde se convirtió en nuestro primer recuerdo. Pensemos en cómo éramos entonces. Sabemos que en ese día recordaríamos lo que nos sucedió el día anterior. Probablemente podríamos recordar mucho más atrás que eso, digamos un mes atrás, a lo mejor varios meses atrás. En cada caso, regresemos imaginariamente hasta el día más temprano que podríamos recordar, y continuemos el proceso de rememorar nuestra existencia consciente tan lejos en el pasado como sea posible. Finalmente alcanzaríamos un punto en el cual, la imagen mental sería demasiado confusa, pero en todos y en cada caso, a medida fuimos hacia el pasado, aún el más lejano en nuestro viaje imaginario hacia la infancia, nos reconoceríamos en cada uno de esos días como el mismo Ego, el mismo Yo soy Yo, así como también en el "ayer" antes de ese día. Por esto sabemos que el Ego no entró en la existencia desde su primer recuerdo consciente, sino que ya existía, estuvo activo, observando sucesos mucho más tempranos que esos, y de que el Ego tuvo recuerdos de otros todavía más lejanos en el pasado, los cuales más tarde olvidó. Podemos confirmar todo esto, porque se nos vuelve evidente que, si miramos a un niño de dos o tres años de edad, en el cual el Ego esté presente, activo y observando, aún periodos más tempranos serán posiblemente recordados más tarde en la vida por el bebé.

Nuestros intereses y nuestros campos de experiencia varían grandemente a través de los diferentes periodos de nuestra vida. En la madurez se pueden extender sobre un rango muy amplio; mientras que en la infancia, ellos están limitados a las cuatro paredes del cuarto de los niños. Pero no importa si el campo es grande o pequeño, la función natural y esencial del Ego es observar y aprender de la vida, y precisamente ésta es la característica del niño, como también para el adulto. Justamente desde el principio, y después a través de la vida, la ocupación del Ego es observar y experimentar en la vida.

Cuando hicimos nuestro viaje hacia el pasado, tratando de determinar si el Ego comenzó su existencia desde su recuerdo más temprano, alcanzamos un punto desde el cual el Ego fue incapaz de recordar ningún suceso más de su tierna infancia, porque la imagen mental fue demasiado confusa. ¿Significa esto que el Ego no tuvo existencia antes de esos recuerdos apenas perceptibles?

Si observamos a un bebé en los meses cuando está tierno, incluso poco después de nacer, notaremos que durante sus periodos relativamente cortos de estar despierto, en parte de ese tiempo existe una conciencia que observa, porque podemos ver los ojos del niño siguiendo a su madre cuando ella se mueve alrededor del cuarto. Pero en otra vez, los ojos parecen agotados, mirando vagamente en el espacio, y aunque el cuerpo no duerme, la conciencia se ha ausentado, así como cuando un adulto está "soñando despierto." Después de un rato, el sueño regresa y la conciencia se ausenta por completo. Este aparecer y desaparecer de la conciencia se mantiene repitiéndose con una reducción gradual de periodos de dormir y con periodos de alargamiento de existencia consciente. En esto podemos ver un duplicado de lo que a veces le sucede a un adulto cuando él se despierta, para volverse a dormir nuevamente, y vemos "una repetición en reverso" de lo que también a veces ocurre con la muerte, cuando la conciencia se retira, sólo para regresar nuevamente, tal vez varias veces, antes de que se dé la retirada final.

¿Qué le sucede a la conciencia del bebé durante esos periodos de ausencia? Aparentemente se dan dos alternativas posibles: 1) La conciencia se traslada del plano material a algún otro plano de conciencia, en donde habita hasta que retorna al plano material, o 2) la conciencia es aniquilada cada vez que se va, y una nueva conciencia viene en existencia cada vez que el bebé se despierta. Si la segunda alternativa fuera cierta, tendríamos una nueva conciencia que entraría en existencia con cada ciclo de despertar y dormir. Eso nos daría una hilera bastante apreciable de diferentes conciencias entrando en existencia, sólo para extinguirse de inmediato, y cada vez que el bebé se despierte, habría una conciencia más para agregarla a la lista. La idea no parece razonable.

La primera alternativa es apoyada por el hecho de que, tan pronto como la memoria empieza a funcionar, tenemos prueba que es la misma conciencia la que se va y regresa, porque el nene, en un periodo consciente, recordará sucesos desde el periodo anterior, aunque ellos estén separados por intervalos de inconsciencia. El hecho de que la memoria no estuviese funcionando en las primeras etapas, no debería producir cambios en la condición de esa conciencia. Y si es la misma unidad de conciencia la que se va y regresa después de que la memoria se ha desarrollado, sería razonable concluir que es la misma unidad de conciencia, el mismo Ego, la que ha estado presente, aún desde el nacimiento.

Entonces, si durante su ausencia de este plano, la conciencia se retira a algún otro plano, debe haber tenido algún tipo de vehículo para existir en ese otro plano, el cual es invisible para nosotros. Si puede existir en ese vehículo y en ese otro plano interno durante los periodos de su ausencia del cuerpo y del plano material, también puede existir en ese mismo vehículo en ese mismo plano interno, antes de su primera visita al cuerpo, o antes de que el cuerpo existiera. De esta manera, parece que no hay nada en nuestro conocimiento, respecto a la primera aparición de la conciencia en el cuerpo, que contradiga la enseñanza antigua de que esa conciencia existió antes del nacimiento del cuerpo físico.

Una circunstancia que también señala hacia la existencia de la conciencia antes de su entrada al cuerpo, es la aparición temprana de dones categóricos, aptitudes y talentos en los niños. Estas cualidades gradualmente resaltan sin ser, en ninguna forma, inspirados o inculcados por los padres. Por ejemplo, pueden haber dos hijos en la misma familia, uno de los cuales tiene habilidad artística inconfundible, la cual le falta al otro por completo. El primero producirá, con unas pocas líneas garabateadas en un papel, la imagen de una cara natural y bien parecida, mientras que el otro hijo, aún con ayuda e instrucción, sólo podrá producir una caricatura tosca — "una cara de duende."

El hijo artista no adquirió su habilidad en esta vida; como tampoco los prodigios en la música, matemáticas y en otras disciplinas, aprendieron esas materias en esta vida. Entonces, ¿Cuándo y dónde esas artes pudieron haber sido dominadas con maestría, excepto en existencias anteriores?

El crecimiento desde la infancia a través de la niñez y la juventud, ¿No señala a una nueva alma que, al cubrirlo con su sombra, vitaliza y gradualmente toma posesión de un cuerpo material proveído por la Naturaleza? Es el alma que dejó un cuerpo moribundo en el pasado lejano, y que ahora está "despertando" en un cuerpo nuevo, lentamente exponiendo la herencia que acarrea consigo.

Nuestra Salida Indica Continuidad de Existencia

Se podría decir que la casa en la que habita un hombre es, en cierto sentido, parte de él mismo, porque es un accesorio necesario para su vida. Cada vez que sale por la puerta, él se encuentra en un espacio abierto, en donde las condiciones son enormemente diferentes de las de adentro de su casa. A lo mejor su trabajo lo mantiene afuera durante el día, pero al finalizar sus labores, él regresa a su hogar, donde vuelve a encontrar a su acostumbrado medioambiente familiar. Pero con el paso del tiempo, la casa necesitará reparaciones, a lo mejor la fundación se ha hundido; y una tarde, al regresar, encuentra atorada la puerta y se queda afuera.

Cuando el hombre pasa de adentro para afuera, ese acto no lo cambia en absoluto, sino que su panorama simplemente se amplía, dándole tal vez un esquema mental diferente. Pero en este caso, por quedarse afuera debido al atoramiento de la puerta, en ninguna forma altera su condición de ser.

La conciencia de un hombre vive en su cuerpo, el cual es una "casa" de carne. Cada 24 horas pasa de esa casa, a través de la puerta de la inconsciencia, hacia el dormir; y de esta forma, la conciencia encuentra que "está fuera de su casa," en condiciones de existencia muy diferentes de las adentro de su "casa." Cuando amanece, esa misma conciencia, el mismo Yo soy Yo, regresa a su cuerpo físico, no importa que condiciones haya tenido durante el dormir, lo cual en ninguna forma cambia su identidad o interfiere con la continuidad de su existencia.

Antes de la muerte, la conciencia también sale de su "casa", a través de la puerta de la inconsciencia, y puede permanecer ausente por periodos largos de tiempo, sólo para regresar a repetir este ir y venir por muchas veces, antes de retirarse por completo. Durante cada uno de estos intervalos de ausencia, la conciencia tiene algún tipo de existencia en alguna conciencia "al aire libre," que por todo lo que sabemos, es lo mismo, o similar, a lo que se experimenta al dormir.

Cada vez que la conciencia regresa de una de esas ausencias antes de morir, esa conciencia es el mismo Ego, el mismo Yo soy Yo de antes; y así, la existencia "fuera del cuerpo" no cambia la identidad del Ego, y no interfiere con la continuidad de su existencia.

Supongamos ahora, y haciendo uso de la ilustración, que el Ego entra en inconsciencia seis veces, y seis veces regresa a la conciencia, pero la próxima vez el Ego pierde la conciencia y no regresa. ¿Tiene el número de veces que retorna algo que ver con la existencia fuera del cuerpo del Ego? Supongamos que regresó una séptima vez; ¿No sería siempre el mismo Ego que regresó en la sexta, quinta, cuarta vez? Supongamos que regresó muchas veces más, ¿No sería siempre el mismo Ego de antes? ¿Nos indica esto que el Ego tuvo una existencia continua, ya sea adentro o afuera del cuerpo? ¿Y no sería posible que, aún cuando el Ego fracasó al regresar, él haya tratado de reingresar esta vez también, pero que lo encontró demasiado desintegrado? El Ego se quedó afuera, al igual que el hombre que no pudo reingresar a su casa porque la puerta se atoró; pero el Ego no deja de existir, así como tampoco el hombre que no pudo entrar a su casa deja de existir por el atoramiento de la puerta.

Cuando la conciencia fracasó en regresar después de su última retirada, ¿Por qué deberíamos pensar que su condición "fuera de la casa," al otro lado de la muerte, fue de alguna forma diferente de la que habría sido si la puerta no se hubiera atorado, y la conciencia hubiera regresado también esta vez?

La conciencia, en una forma lenta, gradual e intermitente, toma posesión del cuerpo físico después del nacimiento; y así mismo, esa misma conciencia, despacio y alternadamente, y solamente interrumpida por visitas cada vez más cortas, se retira del cuerpo que muere. Sin embargo, ¿Es que no existe una similitud extraordinaria entre ambos procesos, aunque uno sea el reverso del otro?

De esta forma, la Muerte es lo opuesto del Nacer, no es lo opuesto de la Vida. La Vida es continua. La conciencia entra al mundo material a través de la puerta del nacimiento desde algún lugar de conciencia "fuera de casa." Luego reside en este plano por cierto tiempo, para abandonarlo a través de la puerta de la muerte, para reingresar a ese lugar de conciencia "fuera de casa," desde donde vino.

El Cambio de Escenario No Cambia al Peregrino

Pero, ¿Qué le sucede a la conciencia después de que ha abandonado este plano material y entra en ese grandioso lugar "fuera de casa," en el otro lado del portal de la muerte?

Tanto al morir como al dormir, la conciencia humana normal no es capaz de proseguir. Los amigos que están al lado de un moribundo, son como aquellos que se reúnen en el puerto para despedir a un amigo que se va, y luego ven el barco desaparecer lentamente en el mar. Al principio, el barco está al alcance de la voz, pero gradualmente desaparece al acercarse más y más al horizonte. Finalmente, el barco parece que pasa la línea donde se pierde de vista más allá del horizonte; y para aquellos que se quedaron en el puerto, les parece que un cambio rápido y completo ocurrió. Pero para el amigo en el barco no ha ocurrido ningún cambio repentino, sino que todo vino gradual y naturalmente. Él está fuera del alcance de la vista de sus amigos en el puerto; para ese viajero, otros horizontes, nuevos panoramas, nuevas experiencias en otros estados de conciencia, otras mansiones de vida se han abierto.

Pero el viajero no permanece fijo en ningún otro lugar. Él continúa su viaje más y más lejos, como un barco que se mantiene navegando siempre en la misma dirección, digamos, hacia el Poniente. Después de meses o años, cuando el barco finalmente regresa a su punto de salida, él no viene del Poniente, de donde desapareció, sino del Oriente, de donde parece salir de la nada. Mientras estuvo fuera de la vista para quienes permanecieron en casa, él siempre existió cuando estuvo ocupado en circunnavegar el globo.

Esto puede ser considerado una representación figurada de lo que sucede después de la muerte, porque durante la larga ausencia de la conciencia entre vidas terrenales, cuando está completamente fuera del alcance de este mundo material, ella viaja a través de muchas mansiones en el hogar de la vida, y cuando regresa a la vida terrenal, ella hace su ingreso por el lado opuesto del escenario de donde partió. Reingresa por medio del nacimiento.

Confiemos en la Naturaleza

Cuando dormimos, confiamos en que despertaremos a la mañana siguiente. Sabemos que nos tornaremos inconscientes, pero no nos asustamos en lo mínimo, porque sabemos que en la mañana nuestra conciencia regresará a su lugar de costumbre, reanudará los hilos que ayer dejó sueltos, y continuará la vida desde donde la dejó.

Conocemos muy bien el ciclo completo de actividad y descanso, el cual experimentamos cada 24 horas, y por eso no pensamos en él. Sentimos tan agradable acostarnos al estar tan cansados después de un día duro de trabajo porque así, nos despreocupamos de todo, especialmente cuando sabemos que la Naturaleza, durante la noche, renovará los tejidos desgastados, y en la mañana despertaremos descansados y frescos. Así, el dormir de punta a punta es tanto una experiencia agradable como beneficiosa.

La Sabiduría Antigua dice que deberíamos sentir lo mismo respecto al dormir más extenso, es decir, la muerte; porque el dormir y morir son períodos de descanso para la conciencia Humana. Y así como al dormir le sigue un despertar para el mismo cuerpo, así es con la muerte, en su debido proceder, a la cual le sigue un despertar en el cuerpo de un recién nacido.

Será un sentimiento de alivio el momento en el cual podamos desechar el instrumento viejo y desgastado, confiados en la seguridad de que empezaremos otra vida con un instrumento nuevo que debiera ser — si es que hemos vivido correctamente — más fuerte y mucho mejor que el viejo.

Aún cuando envejecemos, no deberíamos centrar nuestra atención en la muerte, porque solamente el cuerpo físico muere. Ello representa solamente un paso en el proceso universal de repetición que vemos en todos los aspectos de Madre Naturaleza. Es el desaparecer de la conciencia desde un plano, para aparecer en otro. Es el final de un ciclo y el comienzo de uno nuevo. Y si aún no entendemos los detalles del proceso, deberíamos confiar en que Madre Naturaleza tiene la misma habilidad para sacarnos gentilmente de esta existencia, como la que tiene al traernos a esta vida.

La Vejez

La vejez no necesita, ni debiera ser un período de retrogradación o disminución de las facultades espirituales e intelectuales. En este período de la vida, la vitalidad del cuerpo físico sí es reducida para darle una libertad enorme a las expresiones de las facultades espirituales e intelectuales del hombre. Estas facultades pueden y debieran estar activas y expandiéndose aún hasta el mismo momento de morir.

Por supuesto, el cuerpo físico se vuelve endeble con la vejez, pero es común oír a los viejos, quienes no han vivido principalmente en el lado material de sus naturalezas, decir: "No me siento un poquito más viejo que cuando tenia veinte años. Podría decir que, en más de una forma, me siento aún mucho más joven."

Todavía habrá mucho que hacer y mucho más que aprender, tomando siempre en cuenta que ningún esfuerzo se desperdicia, y que si aún en esta vida no podemos usar nuestras últimas experiencias, será una enorme ganancia para nuestra próxima encarnación.

Deberíamos dirigir nuestra visión interna hacia delante, no hacia atrás, aún hasta el final, recordando con Víctor Hugo que "la Muerte no es una aliada ciega; ella es una vía pública. Se cierra al anochecer; se abre al Amanecer."


Capítulo VII

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