El Enigma de la Vida por Nils A. Amnéus

Theosophical University Press Online Edition

Capítulo VIII

Karma: La Ley de las Consecuencias

Leyes Intrínsecas de la Naturaleza
La Ley en la Naturaleza
Las Leyes de la Naturaleza Deben Ser Universales
Efectos Retardados
"La Muesca en el Tipo de Imprenta"
Medios Usados Por El Karma
Sucesos al Azar
Comentarios sobre los Sucesos al Azar Basados sobre la Enseñanza Antigua
El Karma y la Falta de Atención
Nosotros Creamos Nuestro Propio Destino
"Así Como Es Arriba, Así Es Abajo"
Todo Esfuerzo Cuenta
Un Factor Nuevo Ingresa
Todo Lo Que Necesitamos Saber
Neutralizando o Preequilibrando Karma
Posponiendo el Karma
Karma de Grupo
El Karma y el Problema del Libre Albedrío
Deseos Conflictivos
El Carácter Toma Partido, Pero No Decide
El Poder de Elección Es Inherente en el Ego
Ninguna Predestinación o Fatalismo
Teorías del Fatalismo
Una Solución no Fatalista
La Libertad De Escoger, Varía
Libre Albedrío, un Factor en la Evolución
Efectos Demorados y Libre Albedrío
El Aspecto Doble del Libre Albedrío
Bondad y Maldad
El Sufrimiento y la Adversidad como Enseñanzas
Karma "Bueno" y Karma "Malo"
Karma y Venganza
"Interfiriendo con el Karma"
Karma y el Perdón de los Pecados
El Karma y la Curación Mental
"Sufrimiento Inmerecido"
¿Es Injusto Sufrir por Hechos Olvidados?
¿Son los Efectos Demorados Conducentes a la Maldad?
Karma-Némesis y el Karma Amigo
El Karma y Sus Doctrinas Compañeras
El Karma y la Teoría de una Sola Vida sobre la Tierra
El Karma y la Prueba Científica
La Prueba Más Fuerte para el Karma
El Karma y las Religiones Grandiosas


Leyes Intrínsecas de la Naturaleza

Existe una tendencia esencial en la Naturaleza a restaurar el equilibrio y la armonía donde quiera que ellos hayan sido desordenados.

Si la rama de un árbol es agobiada de su posición, ella reacciona con una fuerza igual y opuesta, que regresará a la rama a su posición original cuando se le libere. Si una piedra es lanzada hacia arriba, ella regresará a la tierra con una velocidad igual a esa con que fue arrojada. Si un peso es suspendido por una cuerda, producirá una tensión en la cuerda igual al peso, pero tirando en la dirección opuesta.

Estos son ejemplos en el plano material de una tendencia inherente en la Naturaleza, que en Mecánica es expresada por la fórmula: "A toda acción se opone una reacción igual y de sentido opuesto." Vemos otros ejemplos de la Naturaleza tendientes a restablecer el equilibrio en fenómenos tan comunes como el del agua, que vuelve a su nivel después de que ha sido perturbada; el aire atmosférico se mueve de áreas de alta presión hacia las de presión inferior, o el de un péndulo oscilante que finalmente regresa a su posición de reposo.

Las enseñanzas antiguas nos dicen que la misma tendencia opera en todo el Universo, y en todos sus planos, visibles e invisibles. Los seres humanos somos también gobernados por la misma ley, porque también somos parte de la Naturaleza. En nuestra esencia más íntima, somos Uno con la Vida Universal. Mediante esta fuente eterna, todos estamos unidos unos a otros, así como las hojas de un árbol, o como las células y órganos en el cuerpo humano. La relación natural entre los seres humanos es, por lo tanto, de armonía y cooperación por el bien común. Si esta relación armoniosa se rompe, Madre Naturaleza responde con crear reacciones de la misma clase, iguales, pero de sentido opuesto, para restablecer el equilibrio. Así que, si nuestros motivos, sentimientos, pensamientos y acciones son de una naturaleza perjudicial, lo mismo nos retornará, y si ellos son de una naturaleza benéfica, la reacción será provechosa. De ese modo, la vida nos devuelve lo que le damos.

La tendencia en la Naturaleza para responder a los impulsos externos al producir reacciones equivalentes, es descrita por "La Ley de Causa y Efecto," "La Ley de Consecuencias," etc. En la filosofía hindú es referida por el término sánscrito "Karma." Y porque no existe un término adecuado en los idiomas occidentales para expresar esa idea, y a fin de evitar expresiones incómodas, el término sánscrito ha sido adoptado en la literatura teosófica para ese propósito.

Traducido literalmente, Karma significa: "acción," pero para un hindú, esta palabra tiene un significado más extenso que el que tiene para un occidental. Para el hindú, el efecto es intrínseco en la causa. Él considera que un acto inicial es solamente la mitad de una operación que no se completa hasta que ocurre la reacción. Así, el término Karma, incluye causa y efecto al mismo tiempo. Muchas veces es referido como una "Ley," pero esto no debe entenderse en el sentido jurídico, como un edicto pronunciado por una autoridad externa, sino en el sentido científico, como una cualidad intrínseca en la Naturaleza.

Karma es la ley fundamental que gobierna todas las acciones. Es lo que mantiene el equilibrio, lo que restaura el equilibrio perturbado. No castiga ni recompensa, meramente ajusta.

En The Secret Doctrine, Vol. I, pp. 643-4, H. P. Blavatsky escribe:

El único decreto del Karma — el eterno e inmutable decreto — es Armonía absoluta en el mundo de la materia como en el mundo del espíritu. Por lo tanto, Karma no es lo que recompensa o castiga, sino que somos nosotros quienes nos recompensamos o nos castigamos, de acuerdo a si trabajamos con la Naturaleza, por ella, y según las vías de ella, ateniéndonos a las leyes en las que depende la armonía, o — si las rompemos.
* * *
No existe ni un solo accidente en nuestras vidas, ni un solo día deforme, o una sola desgracia, que no puedan ser remontados a nuestras propias conductas, en esta o en otra vida. Si uno rompe las leyes de la Armonía . . . uno debe estar preparado para caer dentro del caos que uno mismo ha producido.
* * *
Karma-Némesis no es más que el efecto dinámico (espiritual) de las causas mostradas y de las fuerzas puestas en actividad por nuestras propias acciones.

El libro Book of the Golden Precepts,* dice del Karma:

Entérate de que ningún esfuerzo, aún ni el más mínimo — correcto o equivocado — puede desvanecerse del mundo de las causas. Tú puedes crear este "día" (esta vida), tus posibilidades para tu "día siguiente" (vidas futuras). En el "Gran Viaje" (ciclo de existencias), las causas sembradas cada hora, acarrean cada una su cosecha de efectos, porque una Justicia rígida gobierna el mundo. Con una barrida poderosa de acción impecable, ella le brinda a los mortales, vidas de bienestar o de infortunio, la prole kármica de todos nuestros pensamientos y acciones anteriores.

*Vea La Voz del Silencio por H. P. Blavastsky, cuya obra es una traducción de estos preceptos.

La Ley en la Naturaleza

Si estudiamos la Naturaleza, encontraremos que sus fuerzas obedecen sus leyes sin lugar a dudas, dondequiera que seamos capaces de someter esas fuerzas a pruebas rígidas.

Así, por ejemplo, las leyes que gobiernan las fuerzas de gravedad han sido establecidas desde hace mucho tiempo. Muchas leyes que gobiernan la electricidad, el magnetismo, las reacciones químicas, el calor, la luz, el sonido y el fenómeno de la radiación, son también conocidas. Los movimientos de los soles y los planetas siguen las leyes de la física. Más ejemplos se pueden citar. En todos estos ejemplos, se sabe que las reacciones de la Naturaleza son consistentes, y que los experimentos dirigidos bajo las mismas condiciones, siempre producirán los mismos efectos.

Todos los esfuerzos científicos están orientados hacia el descubrimiento de nuevos fenómenos en la Naturaleza y hacia las fuerzas que los producen, como también hacia las leyes que gobiernan esas fuerzas. Todo el esfuerzo se basa en la firme convicción de que los fenómenos naturales deben apoyarse en leyes inmutables, los cuales, aunque hasta ahora desconocidos, solamente están esperando a que se les descubra. Todo investigador científico, por su labor, demuestra su fe en que todos los fenómenos en la Naturaleza deben gobernarse por leyes.

En el mundo de las ideas también podemos ver cómo los efectos surgen tras las causas. Esto es demostrado de forma sorprendente en matemáticas, en donde cada paso sucesivo, desde la aritmética elemental, hasta las ramas más complicadas de esta ciencia, está fundamentado en realidades previamente establecidas. Una proposición, en geometría, es demostrada por una cadena rígida de deducciones, una realidad que resulta de otras realidades previamente demostradas. A las matemáticas se le puede identificar como "la vara de medir," porque el conocimiento que se obtiene en las demás áreas puede "medirse" por medio de las matemáticas, porque uno de los pasos comunes al interpretar datos experimentales es determinar si ellos pueden reducirse a fórmulas matemáticas.

Las Leyes de la Naturaleza Deben Ser Universales

¿Pero qué podemos decir del número enorme de fenómenos en la Naturaleza que, hasta ahora, hemos sido incapaces de someterlos a pruebas rígidas? ¿Y qué acerca de las experiencias de la vida humana, que tan vitalmente afectan a cada uno de nosotros, los seres humanos, en nuestras vidas individuales, en nuestras relaciones con la Naturaleza, y con nuestros prójimos?

¿Asumiremos que esos fenómenos pertenecen a una clase diferente de los que conocemos, los cuales sabemos que son gobernados por las leyes de la Naturaleza? ¿Asumiremos que ellos son sucesos fortuitos de ocasión — o reconoceremos que esos fenómenos también deben someterse a leyes determinadas, aún cuando hasta ahora, no hemos descubierto esas leyes? El obstáculo mayor para aceptar la ley en estos casos, yace en la realidad de que somos incapaces de rastrear el funcionamiento de esas leyes. Pero, ¿Es nuestro fracaso para lograrlo una razón suficiente para concluir que esos fenómenos son el resultado del azar?

Existen fenómenos que fueron desconocidos o inexplicados para nuestros antepasados, pero que ahora los conocemos y los entendemos.

Existen fenómenos que son desconocidos e inexplicados para grandes sectores de la raza humana hasta ahora, pero esos mismos fenómenos son conocidos y entendidos por otros, la gente más educada.

Si nuestros antepasados y la gente menos educada de ahora, quienes son incapaces de explicar esos fenómenos, hubieran concluido que ellos fueron el resultado del azar, sabemos que tal conclusión sería un error de discernimiento, porque nuestros científicos han demostrado que esos fenómenos son gobernados por las leyes de la Naturaleza.

Si los fenómenos que no fueron entendidos en el pasado produjeron investigación científica y ahora son entendidos, ¿No es razonable suponer que otros fenómenos, que todavía no entendemos, de una misma manera producirán investigaciones futuras, y que se determinará que siguen leyes definidas? ¿Habría alguna duda de que las leyes de la Naturaleza son universales, y que si algunos de sus fenómenos de los cuales se sabe que son gobernados por sus leyes, todos los demás también debiesen serlo?

¿Sería cierto que los fenómenos inexplicados para nosotros sean entendidos por otros, quienes son más evolucionados que nosotros? Ciertamente, ese es el caso, de acuerdo a los Maestros de Sabiduría, quienes han evolucionado más allá de la fase humana. Ellos son capaces de trasladar sus conciencias a los planos invisibles de la Naturaleza, y ellos nos dicen, desde esa posición ventajosa, que todo fenómeno en la Naturaleza es el resultado de la operación de alguna ley de la Naturaleza, y que en esos casos, en donde la cadena de causalidad no puede ser seguida en el plano físico externo, esa cadena sí existe y puede ser rastreada en los planos invisibles de la Naturaleza.

Las fuerzas de la Naturaleza actúan automáticamente y con precisión, ya sea que se vean y se entiendan, o no. Es como una persona que opera una computadora. El mecanismo está escondido dentro de la computadora, y es posible que el operador no entienda el principio sobre el cual ella trabaja, pero cada vez que la usa, obtiene resultados precisos. El operador sabe que las operaciones son hechas correctamente y con precisión.

Lo mismo sucede con el Hombre en sus relaciones con la Naturaleza y con sus prójimos. El dominio del Karma es completo, y es inútil para nosotros el tratar de escapar a las consecuencias de nuestras acciones, porque acarreamos las semillas de ellas con nosotros, en nuestra naturaleza interior, dondequiera que vayamos. En su debido tiempo, recogeremos lo que hayamos sembrado. Si fue maldad, la cosecha será maldad, pero ninguna maldad nos vendrá si no la hemos sembrado; solamente recogeremos lo que es justamente merecido, ni más, ni menos. Y si la semilla fue buena, la cosecha también será buena. No puede retenérsele; nos vendrá, lo queramos o no. No tenemos que "pelear por nuestros derechos." El Karma lo hará por nosotros. Pero no podemos recibir ningún beneficio que no hayamos ganado. Si buscamos ese beneficio, en su oportunidad se le regresará a quien justamente le corresponda.

Efectos Retardados

Si se lanza una piedra hacia arriba, caerá al suelo en unos pocos segundos. El impulso que la mano le da al lanzarla, le imparte energía a la piedra. Mientras la piedra se mueve a través del aire, esa energía permanece sin disiparse. Cuando la piedra cae en el suelo, su energía inherente se consume al producir cierto efecto donde ella golpea el suelo.

Así, vemos que existen tres pasos envueltos en la acción:

1) El impulso generador ("el lanzamiento de la piedra"),
2) El lapso entre la causa y el efecto ("la piedra en el aire") y
3) El efecto producido cuando la energía en la piedra se consume por sí sola, ("la piedra golpea el suelo")

1) Es "Karma en formación":
2) Es Karma sin balance, "suspendido" o "almacenado," que espera la oportunidad de ser equilibrado.
3) Es Karma en el proceso de producir equilibrio.

Es posible evitar confusión al notar que el término Karma, algunas veces es usado en un sentido especial, como en la expresión: "Alguien está deshaciéndose de una cantidad de Karma desagradable." En ese caso, el término no se refiere al proceso completo de los tres pasos esbozados anteriormente, sino solamente a la energía acumulada y latente del paso 2, la cual se está transmutando en energía activa del paso 3.

Cuando se lanzó la piedra al aire y se le permitió caer sin ninguna interferencia, el intervalo entre causa y efecto duró solamente unos pocos segundos. Pero supongamos que en la cumbre de su viaje, la piedra hubiera aterrizado en el techo de un edificio. Entonces hubiera sido impedida de continuar su viaje, y su energía, almacenada en esa forma, permanecería latente. Es posible que la piedra permanezca en ese techo por años, posiblemente aún siglos, antes de que alguien, por accidente, la empuje sobre el borde, y cuando eso suceda, la piedra reanudará su caída, y cuando golpee el suelo, el efecto sería el mismo como si hubiere caído inmediatamente. La longitud del período no tuvo influencia sobre el efecto final. El mismo principio se aplica a un resorte comprimido. La cantidad exacta de energía usada al comprimirlo, será liberada cuando se suelte al resorte, sin tomar en cuenta el tiempo en que estuvo bajo compresión.

En los asuntos humanos también hay un lapso entre acción y reacción, el que podría variar de cero a muchos años, a veces toda una vida, o aún mucho más. Es esta demora lo que causa tanto el pensar en la posibilidad de que el efecto nunca vendrá, exactamente como el hombre que lanzó la piedra que aterrizó en el techo, quien puede alejarse y olvidar el incidente, sin darse cuenta que algún día, en el futuro, el efecto de su acción deberá cumplirse.

Cada vez que el Hombre piensa, siente o actúa, un cambio se origina en la parte invisible de su naturaleza; una fuerza psico-magnética es generada, que en lo sucesivo, irresistiblemente ubicará al hombre en esas circunstancias donde el equilibrio de la acción puede ocurrir o, sin lugar a dudas, ocurrirá. Así, el Hombre por sí mismo, es el vínculo entre su acción y el efecto que debe producirse. El Hombre es un almacén de fuerzas y energías de su propia elaboración, siendo cada una el resultado de una acción anterior, y cada una esperando su oportunidad para que sea equilibrada. Así como el imán recoge las limaduras del hierro y no recoge la arena, así mismo, cada una de esas fuerzas desequilibradas atraerá a su equivalente propia.

"La Muesca en el Tipo de Imprenta"

En esta conexión, el autor recuerda un método de selección empleado por una máquina, la cual él vio en una imprenta hace algunos años, en donde la impresión era hecha con una clase de tipo individual, suelto, independiente para cada letra que se imprimiera. Después de la impresión, todo el tipo tenía que ser clasificado, y cada uno colocado en su propio hueco para usarlo al día siguiente. Esta clasificación era hecha por una "máquina distribuidora," a través de la cual, todo el tipo tenía que pasar. Cada tipo tenía una muesca o corte de cierta configuración en su borde y localizado a cierta altura, todas distintas para las diferentes letras. A medida que el tipo atravesaba el sistema intrincado de pasajes de la máquina distribuidora, todos ellos, más temprano o más tarde, pasaban por una ranura, la cual tenía una proyección correspondiente a la muesca en el tipo, y esta muesca conducía al tipo a su destino exacto.

Cuando el Hombre piensa o actúa, hace una "muesca" en la parte invisible de su naturaleza, la cual acarrea con él en lo sucesivo. A medida que él atraviesa la vida, enfrentará muchas experiencias, pero él será profundamente afectado solamente por las que corresponden a la "muesca en el tipo" de su propia naturaleza interna.

El hecho de que la "muesca en el tipo" es invisible, no debería ser sorprendente, porque el pensamiento o el sentimiento que dirigió la acción, también es invisible. Para aquellos que han desarrollado sus facultades internas, los pensamientos y los sentimientos son visibles, porque ellos tienen forma y substancia de sus propios planos, de acuerdo a lo que la Sabiduría Antigua nos dice.

Medios Usados Por El Karma

Herencia y Medioambiente

El Karma usa muchos y diferentes medios para la ejecución de sus propósitos. Dos de ellos son: la herencia y el medioambiente.

Cuando un alma o Ego está listo para ingresar a la vida encarnada, todos los lazos que lo vinculaban a otros Egos en el pasado, empiezan a autoimponerse, y el más fuerte de ellos atraerá al Ego a ese círculo familiar con el cual él tiene lo máximo en común. Por lo tanto, el Ego entrante será atraído a esos padres que son, más o menos, similares a él, al menos en algunos respectos. La consecuencia de esta semejanza interna, a menudo lo autorefleja en una semejanza de apariencia externa. Pero porque el parecido interno no es completo en todos sus detalles, también existen diferencias en la apariencia externa.

Las características del Ego entrante se deben a sus propios pensamientos y hechos anteriores, es decir, su Karma. Por lo tanto, es Karma lo que determina nuestras conexiones familiares y con nuestra herencia. Por lo tanto, la secuencia no es que los hijos sean como sus padres porque nacen juntos, sino que ellos vienen a sus padres porque son semejantes a ellos en carácter. Es el caso de "Dios los cría y ellos se juntan." Ellos se reúnen porque son intrínsecamente parecidos; ellos no se vuelven semejantes por reunirse.

Mientras que el amor, la semejanza de carácter y los intereses comunes son los factores que usualmente atraen al Ego a su futura familia, también pueden haber otras fuerzas trabajando. Es posible que las almas sean atraídas recíprocamente a fin de desarrollar algún problema no resuelto, o liquidar alguna vieja cuenta kármica. Es posible que a un alma rebelde se le dé una oportunidad para que se autoredima al ser atraída a una buena familia, al mismo tiempo que su presencia allí, actúe como una espuela para el desarrollo de paciencia y caridad de parte del resto de la familia. De una manera parecida, es posible que un alma relativamente avanzada, escoja encarnarse en una familia retrasada para su propia disciplina, y al mismo tiempo, los otros miembros de esta familia puedan beneficiarse por la presencia de una influencia útil entre ellos.

Si la semejanza entre padres e hijos se debiera solamente a la herencia, debería ser uniforme y consistente, pero esto no es cierto. Es posible que los hijos sean como sus padres en algunos respectos, y diferir extensamente de ellos en otras formas. Los hijos en la misma familia también muestran grandes diferencias en características, aunque tengan ascendencia idéntica. Es conocido un caso de gemelos idénticos, en donde uno de ellos fue albino, con piel blanca lechosa, y pelo y ojos rojizos, mientras el otro tenía pelo negro y ojos obscuros, como los de ambos padres.

Algunas veces, los genios nacen en familias con desarrollo intelectual común, e idiotas les han nacido a padres altamente intelectuales.

Napoleón mostró una habilidad y genio que les faltaban completamente a sus padres y a sus numerosos hermanos y hermanas. La habilidad musical de Bach se desvaneció gradualmente de su línea familiar.

Quienes reclaman que nuestras características innatas se deben a nuestra herencia, señalan las semejanzas, pero ignoran las diferencias. Una teoría satisfactoria debiera explicar ambas. Y porque la herencia fracasa en hacerlo, es evidente que la causa de nuestras características intrínsecas yace más profunda que el traslado sencillo de cualidades genéticas de padres a hijos.

También la teoría común de la herencia introduce los problemas de injusticia y responsabilidad, y fracasa en resolverlos. ¿Por qué debería ser inválido un hijo por una herencia desfavorable, mientras otro es ayudado por una favorable? ¿Cómo puede alguien ser responsable por sus acciones, si sus características son determinadas por sus padres y no por él mismo? Los padres, a su vez, pueden descargar la responsabilidad a los abuelos, y así sucesivamente. A la larga, nadie sería responsable por ninguna acción. Así, el criminal podría excusar su crimen al echarle la culpa a su herencia. Ninguna sociedad organizada podría mantenerse, si este análisis de herencia fuera aplicado en las cortes legales.

Lo difícil con la teoría común de la herencia es que procura explicar las características innatas del Hombre sobre la base de una sola vida en la tierra. Los problemas de la herencia no se pueden resolver, a menos que reconozcamos la doctrina de la Reencarnación. Visto a la luz de repetidas existencias, todas las dificultades se desvanecen. El Alma, el Ego, ha vivido antes, y sus características actuales son los resultados de sus acciones anteriores. Por lo tanto, la herencia es un efecto, no una causa. Es uno de los medios que el Karma usa para producirle al Hombre los efectos de las causas que él sembró en sus vidas pasadas. No existe injusticia en el proceso, y cada cual es responsable por sí mismo, por lo que es y lo que hace.

Nuestro medioambiente, como nuestra herencia, es el efecto de nuestros pensamientos y hechos pasados. Al nacer, somos atraídos a circunstancias y sus alrededores, tal y como lo hicimos para nosotros mismos en nuestras vidas anteriores, o hacia un medioambiente en donde el Karma desequilibrado puede volverse equilibrado. El medioambiente, como la herencia, es uno de los más efectivos instrumentos de trabajo del Karma.

El medioambiente es otra espina de injusticia, si lo apreciamos desde el punto de vista de una sola vida sobre la tierra, pero se reconoce como un equilibrio justo de efectos, si lo vemos a la luz de la Reencarnación.

Sucesos al Azar

Cuando decimos que un suceso "ocurrió al azar," queremos decir que ocurrió, ya sea sin causa, o que la causa no fue aparente. Usado en el sentido anterior, la expresión se contradice por sí sola, porque un suceso no puede ocurrir por una "causa," que por definición, no es causa. No existe el azar, si por azar queremos decir que los sucesos ocurren sin causa. Todo suceso en la vida humana, desde el más frecuente, hasta el más extraño e inusual, está gobernado por la ley del Karma.

Pero si usamos la palabra "azar" en su segundo sentido, se convierte en un término práctico para describir sucesos, cuyas causas están ocultas para nosotros.

En muchas situaciones, la demora entre la causa y el efecto es corta. Por lo tanto, podemos ver la conexión entre los dos, y es fácil reconocer la operación del Karma.

En el caso de otros acontecimientos, incluyendo los referidos como accidentes, golpes de suerte, o desgracias, azar, etc., es posible que haya un período largo entre causa y efecto. En ellos, el efecto es visto, pero no la causa. La Sabiduría Antigua nos dice que todos esos sucesos son los efectos retardados de causas sembradas más temprano en esta vida, o tal vez en una encarnación previa, y desde entonces, olvidadas. Cuando el tiempo es debido para el equilibrio de esas causas, "la muesca en el tipo" de la propia naturaleza interna del individuo, lo guía hacia un problema, o lo salva de él. Las circunstancias extrañas y externas, son los medios que el Karma utiliza para ejecutar sus fines.

Ilustraciones de esos sucesos se dan enseguida. Todos ellos son casos reales que fueron reportados en periódicos y revistas.

Peligro en la Seguridad — El hogar debería ser un lugar fuera de peligro, pero el Consejo Nacional de Seguridad reporta que por un año, de 88 000 accidentes fatales en E. U., 28 000, o aproximadamente el 32%, ocurrieron en el hogar.

Un hombre estaba sentado en la entrada del frente de su hogar. Un carro veloz recogió un guijarro de cierta grava sobre la calle, y lo lanzó a 24 m., con la velocidad de una bala, golpeó al hombre en la frente, y lo mató.

Otro hombre tuvo dificultad en meter su pie dentro de un zapato. Dio un tirón exasperado, perdió el equilibrio y cayó. La fractura resultante en el cráneo, lo mató.

Un hombre, quien había dejado su carro por tener una llanta pinchada, empezó a caminar hacia el pueblo más próximo. A fin de mantenerse a salvo de ser atropellado por los carros que pasaban, él caminó sobre el lado de afuera de una hilera de árboles plantados a lo largo de la carretera. Un carro que trató de pasarle a un camión, perdió el control, pasó en medio de dos árboles, y golpeó al peatón, mandándolo al hospital.

Seguridad en el Peligro — Un hombre se lanzó sin peligro desde lo alto de las Cataratas del Niágara en un barril, pero se rompió la nuca al deslizarse en una cáscara de naranja.

Un profesional en saltos de paracaídas, quien había realizado 2 226 saltos desde aviones y globos sin lesiones, fue hospitalizado después de una caída desde la parte trasera de un camión aparcado.

Una señora aviadora, una vez cayó desde 9 000 m en su avión y escapó ilesa, pero se fracturó la nariz y sacó más lesiones, cuando su cama se hundió en un hotel.

Escapes Milagrosos — En una explosión en una escuela de Texas, en donde 413 niños perdieron la vida, una joven se inclinó debajo de su escritorio para recoger un pedazo de papel, exactamente al momento de la explosión. El escritorio la protegió de los escombros que caían.

Exactamente cuando un hombre manejaba su automóvil sobre un cruce de una vía férrea de tres carriles, logró ver un tren que avanzaba sobre él. Creyendo que el tren venía en el carril más lejano de los tres, él aplicó los frenos bruscamente. Pero su pie se deslizó, golpeó el acelerador, y el carro saltó hacia el carril de afuera. Al pasar, la locomotora rozó la parte trasera del carro, ya que el tren, en realidad, venía en el carril central, sobre el cual el motorista intentó parar el carro.

Rescates Raros — Un mecánico de carros fue vencido por el gas monóxido de carbono cuando reparaba el calentador en un carro cerrado. Él se desplomó hacia delante, en tal forma que su mentón golpeó el botón de la bocina. Sus amigos vinieron a rescatarlo.

Un submarino inglés yacía en el fondo del océano por dos días, y la tripulación ya no tenía esperanzas de sobrevivir. El capitán los dirigió para que cantaran el himno "Permanezcan Conmigo." Tabletas para dormir fueron entonces distribuidas para calmar los nervios de los marinos. Uno de ellos se desmayó poco después, y cayó contra un aparato que puso el mecanismo del aire en movimiento, con lo cual el submarino emergió a la superficie, y después se dirigió a la playa. Todos fueron rescatados.

Guardado del Peligro — Un muchacho de escuela secundaria, por mantenerse ocupado ayudándole a su padre en la tienda de comestibles, perdió el autobús escolar justamente cuando pasaba por allí. Él trató de gritarle, pero fue dejado por el autobús. El autobús se estrelló contra un tren de carga. Veintidós de sus compañeros, juntamente con el motorista, perecieron en el choque.

Un hombre, viajando con su esposa y su bebé en el desierto de Arizona, paró brevemente para repararle algo al carro. Un poco más tarde, él llegó al lecho, usualmente seco, del cruce de un río, para darse cuenta de que otros tres carros, que venían justamente adelante del suyo, habían sido arrastrados por una crecida del río que fue causada por un aguacero, la cual se produjo sin previo aviso.

Una madre acostumbraba tomar a su niña de cuatro años de edad, para mecerla en la hamaca del patio, todos los días después de la cena, pero cierto día, la madre estaba muy ocupada, y le dijo a la niña que fuera sola. Como sea, la niña prefirió esperar adentro hasta que la madre estuviera lista para salir. Unos minutos más tarde, un estruendo se oyó, y cuando la madre miró hacia fuera, al patio, se dio cuenta que un molino de viento y tanque de agua, ubicado en el patio vecino, y que pesaba muchas toneladas, se había derrumbado, y la hamaca donde la madre y la niña acostumbraban a mecerse, estaba enterrada bajo madera pesada de construcción y escombros.

Bendiciones Disfrazadas — Una niña se dañó su columna al caer escaleras abajo, y como consecuencia, perdió el uso de ambas piernas. Los doctores dieron muy poca esperanza para que se recuperara. Cinco años más tarde, un camión atropelló el coche en el cual ella estaba siendo empujada al teatro. Después de la conmoción, su condición empezó a mejorar, y unos meses más tarde, ella fue capaz de caminar sin ayuda.

Una mujer, que se volvió sorda a causa de una infección en el oído, recuperó su audición tres meses más tarde, por la conmoción que recibió cuando su casa fue alcanzada por un rayo.

Un muchacho de quince años de edad, sufrió una infección en su pierna después de una lesión durante un juego de balompié, y no pudo caminar sin muletas. Un año más tarde, él fue pateado por un caballo, y eso trajo a la superficie una astilla de hueso que los rayos X habían fracasado en revelar. La astilla fue removida, la pierna se curó, y las muletas fueron desechadas.

Hasta aquí — pero no más — Un hombre estaba trabajando cerca de una sierra para hielo, su overol quedó enredado, lo que arrastró su pierna dentro de la maquina. La sierra le cortó la pierna, le retorció el overol formando un torniquete muy poderoso, y luego se atascó. El hombre quedó postrado impotente por una hora. La ropa retorcida paró el flujo de sangre y le salvó la vida.

Un hombre fue "ahorcado" por un crimen que no cometió, pero la cuerda se deslizó, y él no murió. Después, el verdadero asesino confesó, y el hombre inocente fue liberado de la culpa.

Un profesor, quien había estado ciego por dieciocho años, gradualmente y sin ninguna causa aparente, recuperó la vista.

Cita con la muerte — Durante el bombardeo de una ciudad, un comerciante tomó su dinero y se marchó apresuradamente hacia el campo en su automóvil, porque una casa cerca de él, había sido bombardeada. Lejísimos de allí, él fue reducido a pedazos por una bomba.

En un terremoto, una oficinista tuvo que atravesar el cuarto de máquinas de una lavandería para alcanzar la calle. El edificio se derrumbó, y la mujer murió. Si ella hubiera permanecido en la oficina, ella habría escapado ilesa, porque ese edificio no sufrió daños.

El Karma te Golpea o te Guarda — Una explosión de gas debajo de la calle de una ciudad, mandó la tapa pesada de hierro forjado de un pozo de visita, a la altura de cinco pisos en el aire, y al estrellarse contra el tragaluz de un elevador, cayó hacia abajo a través de la estructura soportadora, entró en el elevador, mató a un pasajero, pero tres pasajeros más, escaparon ilesos.

En la erupción del Monte Pelée, en Martinica, en mayo 08, 1902, la ciudad St. Pierre fue destruida, y todos sus habitantes murieron, menos uno. Un prisionero, mantenido en la cárcel de la ciudad, fue el único superviviente.

Inmune a la Enfermedad — Alguna gente que constantemente se expone al contagio, no se enferma, mientras que otros que no se exponen, y que posiblemente usan diversos medios para autoprotegerse, pueden contraer la enfermedad.

Individuos Propensos a los Accidentes — Los accidentes no son uniformemente distribuidos entre la población. Las estadísticas sobre este tema, muestran que los accidentes en cualquier grupo de individuos, ocurren principalmente en un número muy pequeño de personas propensas a los accidentes. Esta propensión a los accidentes es una cualidad individual relativamente estable.

Las Circunstancias no dan Explicaciones — Evidentemente, es imposible explicar esos sucesos como efectos de circunstancias externas bajo las cuales suceden, porque el resultado es frecuentemente lo opuesto a lo que debería esperarse bajo dichas circunstancias. El hogar debería ser un lugar seguro, pero es posible que no lo sea. Deslizarse sobre una cáscara de naranja, debería ser menos peligroso que caer desde lo alto de las Cataratas del Niágara dentro de un barril. Una caída de un metro de altura desde un camión aparcado, debería ser menos probable que cause daño, que millares de saltos en paracaídas, pero no lo fue.

La Causa debe estar en el Individuo — ¿Por qué es que bajo las mismas circunstancias, diferentes individuos pagan un precio distinto? En la explosión de la escuela de Texas, donde cientos murieron, alguien que estaba en el medio, escapó. Lo mismo sucedió en la erupción del Monte Pelée, donde muchos millares perecieron; y uno que estaba en el centro de la ciudad que fue destruida, se salvó.

Al agregar a esta realidad los hechos suministrados por las estadísticas de accidentes, de que ciertos individuos son mucho más propensos a los accidentes que el promedio, ¿No se vuelve aparente que la causa verdadera para que suceda, debe ser innata en el individuo de por sí, en lugar de culpar a las circunstancias?

Comentarios sobre los Sucesos al Azar,
Basados sobre la Enseñanza Antigua

Ningún lugar es seguro si es nuestro Karma el que dispone hacer los ajustes necesarios, como se demostró en los accidentes en el hogar.

El buscar seguridad nos puede conducir al peligro, como en el caso del hombre que interpuso una hilera de árboles entre él y la carretera; o la mujer que buscó salvarse del terremoto, o del hombre que huyó del bombardeo.

Ningún peligro nos dañará, si no merecemos que seamos perjudicados, como se demostró en el caso de la niña escolar en la explosión de gas, o el del prisionero en la erupción del Monte Pelée.

El Karma golpea a su debido tiempo, no antes. El paracaidista y el hombre que se lanzó desde lo alto de las Cataratas del Niágara, ambos tuvieron más tiempo debido y escaparon de un peligro muy grande, sólo para ser alcanzados por uno menor, cuando el tiempo para ellos estuvo cumplido.

Es posible que se nos traiga al borde del desastre, y la muerte puede parecer inevitable, pero el Karma proveerá una salida, si se espera que seamos salvos, como en el caso de la tripulación del submarino, o el del hombre que se desmayó y que con su mentón hizo funcionar la bocina del carro, o el del hombre que fue "ahorcado."

Cuando nuestro propio esfuerzo para salvarnos por nosotros mismos nos habría ocasionado muerte, como en el caso del hombre que cruzaba las tres pistas de la vía férrea, el Karma interviene, si es que somos perdonados, causándonos que hagamos lo que se puede pensar que es un paso en falso, pero que nos salva la vida.

Es posible que seamos guardados del peligro en circunstancias que les ponemos reparo en ese momento, pero que después admitimos que fueron los medios para salvar nuestras vidas, como le sucedió al muchacho que perdió el autobús de la escuela, o el del motorista que fue demorado y escapó de la crecida del río, o el de la madre y su hija, que no tomaron su acostumbrada mecida en la hamaca.

Cuando hemos agotado la medida de sufrimiento que debemos, el Karma encuentra formas y medios para aliviarnos, medios que pueden parecer severos, pero traen los resultados deseados, como en el caso de la niña inválida, cuyo coche colisionó con un camión; o el de la mujer, cuya audición fue restablecida por el golpe de un rayo; y el del muchacho, cuya infección fue curada por el resultado indirecto de ser pateado por un caballo. O el Karma puede usar medios que son menos espectaculares, como en el caso del profesor de escuela, cuya vista regresó después de 18 años de ceguera.

Desgracias serias nos pueden suceder, pero que no acarrean con ellas la pérdida de la vida, y el Karma nos trae lo uno, pero no lo otro, como sucedió con el hombre que perdió su pierna en la sierra para el hielo, pero que fue salvado de sangrar hasta morir. Y si merecemos que perdamos la vida, la muerte nos puede alcanzar de la manera más inesperada, como lo fue para el hombre en el elevador, que fue muerto por la tapa voladora del pozo.

Es posible que tengamos en nuestro sistema gérmenes de muchas enfermedades peligrosas, pero que son impotentes para dañarnos, a menos que sea nuestro Karma el que intervenga para que contraigamos la enfermedad.

Lo que nos espera, nos vendrá, ya sea bueno, ya sea malo. Lo que no nos espera, pasará de largo. Los "accidentes" y "los sucesos al azar" de la vida, tanto como la herencia y el medioambiente, son herramientas que el Karma usa, para equilibrar causas viejas y olvidadas.

Los Árabes ilustran lo infructuoso de tratar de escapar del destino con esta historia:

A Omar, el mercader, se le había predicho que moriría cierto día, a las siete de la noche. Cuando el día vino, él montó su caballo más veloz y cabalgó todo el día en el desierto para encontrar un lugar oculto y seguro. Exactamente antes de las siete de la noche, él llegó a un oasis, y agotado, se echó en el suelo, felicitándose de haber encontrado un refugio seguro. Mirando alrededor, vio a alguien más, acostado bajo unos árboles cercanos, y se levantó para investigar. El extraño le preguntó: "¿Eres Omar, el mercader?" Al recibir una respuesta afirmativa, el extraño continuó: "Se me dijo que te encontrara aquí a las siete de la noche. Estaba comenzando a pensar que vendrías tarde, pero veo que eres puntual. Soy la Muerte; ahora, marchémonos."

Las causas verdaderas de los accidentes y los otros "sucesos al azar," no se pueden explicar a la luz de una sola vida terrestre, pero son fácilmente reconocidas cuando las vidas repetidas del hombre sobre la tierra, se toman en cuenta.

El Karma y la Falta de Atención

Si no podemos escapar del destino, ¿Representa alguna ventaja ejercer prudencia en nuestras acciones?

La Naturaleza siempre puede estar confiada en su capacidad de equilibrar el Karma en la forma más misericordiosa y consistente con la Justicia. Cuando somos descuidados o imprudentes, es posible que estemos interfiriendo con el plan de la Naturaleza. De esa manera, estamos desafiando a nuestro Karma, y es posible, al hacerlo así, que nos echemos sobre nosotros mismos, un torrente de efectos que no estaba programado para que se nos vinieran encima, sino hasta más tarde en la vida. Si se lo hubiéramos permitido a la Naturaleza, ella nos pudo haber dado más tiempo, y nosotros pudimos haber estado mejor preparados para enfrentarnos a esas experiencias cuando tenían que venir. Deberíamos tomar esas precauciones como el sentido común lo establece, sabiendo que si no estamos kármicamente conectados con un suceso inminente, esas precauciones serán eficaces. Precauciones excesivas no nos salvarán de nuestro destino, y pueden, en cambio, guiarnos dentro de una situación donde ese destino puede ser satisfecho, como se demostró con los ejemplos citados.

Si nuestro descuido afecta a los demás, es posible acelerar el Karma de ellos, y forzarlos a que lo enfrenten cuando ellos no están preparados. El hecho de que hayamos dañado a los demás por nuestro descuido, nos hace kármicamente responsables del daño que pueda ocasionar el descuido de ellos. Hemos sembrado una semilla dañina, la cual, al final, tendremos que recoger.

Si en lugar de ser descuidados, nos volvemos solícitos por el bienestar de los demás, generamos una fuerza útil que nos protege, para que el Karma de ellos pueda ser equilibrado de acuerdo al plan de la Naturaleza, en lugar de ser precipitado fuera de tiempo.

Nosotros Creamos Nuestro Propio Destino

Por nuestros propios pensamientos, sentimientos y acciones en vidas anteriores, nosotros determinamos lo que nuestro destino tendría que ser, y en esto yace la clase de nuestro destino futuro. No podemos cambiar nuestras acciones pasadas, y debemos recoger los efectos de ellas, pero podemos hacer un futuro más brillante y más feliz, por medio de nuestros pensamientos y acciones actuales.

El hombre es una persona independiente y puede poner nuevas causas en marcha. Los motivos para sus acciones pueden estar inspirados por sus principios superiores, o por sus deseos personales. Como se explicó anteriormente, el Ego Humano se coloca entre esos dos polos opuestos de su naturaleza, y tiene el poder de escoger uno o el otro. Los impulsos desde el lado superior de la naturaleza del hombre provienen de su fuente espiritual, la cual es la fuente de toda vida, y esos impulsos son, de esa manera, siempre de una naturaleza altruista. Estos impulsos deberían ser los motivos de todas nuestras acciones, y si perseveramos, nunca podríamos equivocarnos. Así, nuestras acciones serán útiles a los demás, y nunca dañinas para nosotros mismos.

La unidad y origen espirituales de todos los hombres, es la base para las enseñanzas éticas que le han sido entregadas al hombre por todos los Maestros grandiosos del pasado. Ellas están incorporadas en el Sermón de la Montaña, y personificadas en la Regla de Oro. Cuando le hacemos a los otros lo que no nos gustaría que ellos nos hicieran, no se necesita pensar en las consecuencias que vendrán después. El Karma cuidará de ello, y nuestras futuras vidas no serán afectadas por tragedias y desgracias.

Pero desdichadamente no todos somos capaces de vivir a la altura de los ideales de la Regla de Oro. En nuestras existencias pasadas, hemos cedido a los impulsos egoístas de nuestra naturaleza inferior, con el resultado de que ellos ahora son más fuertes y están cargados de motivos mayores. Y cuando obedecemos a los impulsos inferiores, fricciones y riñas son el resultado, conduciendo en muchos casos a accidentes y desastres en encarnaciones futuras. De esta manera construimos nuestro propio destino, y atraemos sobre nosotros las tragedias de las que tan amargamente nos quejamos después.

"Así Como Es Arriba, Así Es Abajo"

Somos incapaces de seguir las operaciones del Karma en los planos internos e invisibles, pero se pueden observar en el plano material. De esa forma, podemos aplicar esas observaciones a otros planos, si hacemos uso del principio antiguo conocido como el axioma hermético: "Así como es arriba, así es abajo." De acuerdo a ello, lo pequeño refleja lo grande; lo inferior refleja lo superior, y lo que sucede en los planos superiores tiene su equivalente en los planos inferiores, haciendo debida concesión para las diferentes características de los diferentes planos. Vemos una aplicación de este principio, en la semejanza que existe entre las estructuras del sistema solar y la del átomo.

El axioma hermético, a su vez, se basa en la unidad de toda vida. Desde que la misma Vida Única se manifiesta en todos los planos de la Naturaleza, pero bajo diferentes aspectos, no es sino natural que las mismas leyes debieran gobernar en todos esos planos.

Unos pocos ejemplos que muestran cómo la Ley de Causas y Efectos trabaja en el mundo material deberían, así mismo, ilustrar cómo esta Ley opera en los otros planos de la Naturaleza.

En cuestiones de dinero, es posible liquidar una cuenta antes de lo que se espera, y se considera justo y apropiado pagarla, ya sea en una sola entrega, o a "plazos" — poco a poco. Pero podemos endeudarnos con otros en muchas otras formas, además de tomar dinero prestado de ellos. Si el caso es comparable a una deuda de dinero, como quiera, parece justo asumir que puede ser pagada por adelantado, y puede hacerse en un solo pago, o a plazos.

Aprendemos de la física que dos fuerzas iguales y opuestas se anulan, y su efecto combinado es cero. Si una de ellas es mayor, el efecto será igual a la diferencia entre las dos, y actuará en la dirección de la fuerza mayor. En la misma forma, en el mundo de las relaciones humanas, si identificamos a esas acciones como fuentes de felicidad, paz y bienestar para los demás, y "meritorias" para nosotros; y esas que acarrean infelicidad, riñas y sufrimientos a los demás, y "demeritorias" para nosotros, y comparamos esas dos actividades a la acción de las fuerzas físicas, se vuelve aparente que tales acciones podrían equivaler unas a las otras, y dejar un resultado neto de cero, o un saldo de mérito o demérito, cualquiera que sea la que predomine.

O si somos comerciantes y cobramos más por nuestra mercadería o servicios de lo que valen, estamos cometiendo una injusticia a nuestros prójimos. Ponemos una carga adicional sobre ellos, por cualquiera que sea la cantidad que les hemos sobrecargado; y en su debido tiempo, el Karma lo equilibrará al hacernos pagar la injusticia que cometimos. Por lo tanto, tenemos que reintegrar lo que hemos ganado indebidamente.

No sabemos cuanto de esto, o de cualquier otra forma semejante, hemos podido haber hecho en el pasado, pero lo que sea, lo tendremos que compensar. No podemos alcanzar a cada una de nuestras víctimas para hacerles restitución individualmente, porque no sabemos quienes son, o donde están. Si queremos remediar el daño que hemos hecho, debemos empezar una sucesión de acciones en una naturaleza opuesta; y en forma general, actuar a fin de servir a nuestros prójimos sin buscar ganancia egoísta a cambio. Al hacer esto, preequilibramos nuestro Karma, en lugar de esperar hasta que el Karma recuerde la deuda que debemos.

La ilustración se tomó de la esfera de actividades del comercio, pero el principio se aplica a todas las actividades humanas. Es posible que seamos descuidados en nuestra postura mental con los demás; es posible que seamos resentidos y caprichosos, cuando deberíamos ser amables y apacibles. Es posible que seamos criticones y cínicos, cuando deberíamos ser bondadosos y agradecidos. Es posible que nos hayamos equivocado en cientos de formas diferentes en nuestras relaciones con nuestros prójimos, pero cualquiera que pueda ser la naturaleza de nuestras acciones demeritorias, deberíamos empezar las acciones meritorias de naturaleza opuesta, para equilibrar las anteriores.

Como otro ejemplo, sabemos que en el plano material, somos afectados por las fuerzas de la Naturaleza, pero que no somos gobernados, o no estamos esclavizados por ellas. No podemos interferir con esas fuerzas, en el sentido de volverlas inefectivas, pero podemos superar sus efectos al interponerles otras fuerzas equivalentes más fuertes.

La fuerza de la gravedad, por ejemplo, nos mantiene sobre el suelo, pero si queremos subir del primero al segundo piso de un edificio, tenemos que vencer esa fuerza. Hacemos eso, al interponer una fuerza muscular que es más fuerte que la gravedad.

Si no hubiera escaleras, pocos serían capaces de ascender, pero no hay nada que nos detenga de construir una escalera y subir paso a paso — "poco a poco."

Si queremos regresar al primer piso, podemos hacerlo saltando, pero podemos conseguir una lesión seria, o podemos usar la escalera y, de ese modo, vencer el efecto de la fuerza gravitacional, por medio de un número de pequeños esfuerzos de resistencia muscular. Completamente en todo el proceso, hemos estado bajo la influencia de la fuerza de la gravedad, pero no nos impidió de llevar a cabo nuestro propósito.

De la misma manera, si podemos superar una fuerza en el plano material, así también sería posible vencer fuerzas kármicas no utilizadas en cualquier área, al interponer otras fuerzas opuestas en esa área.

Todo Esfuerzo Cuenta

Una piedra colocada en la cazuela de la balanza, puede mantenerla abajo por largo tiempo, pero una cantidad pequeña de arena continuamente vertiéndose en la otra cazuela, con el tiempo equilibrará, y después, pesará más que la piedra. Al principio, pareció como si la arena no tenía ningún efecto porque la piedra permaneció inmóvil, y después, de repente, fue levantada. Y lo mismo sucede con nuestras propias acciones. No sabemos cuán enorme nuestra "piedra," nuestra acumulación de deméritos pueda ser, y es posible que tengamos que esperar un largo tiempo antes de que los resultados de nuestros esfuerzos se vuelvan aparentes. Pero así como cada grano de arena hizo su parte para pesar más que la piedra, así mismo, cada esfuerzo en autosuperación cuenta, aún el más pequeño, y si es continuo, el tiempo vendrá en el cual todo demérito será equilibrado, y después, superado.

Un Factor Nuevo Ingresa

En todo campo de culpabilidad kármica, la acción meritoria introducirá una fuerza nueva y benéfica que afectará el resultado de una manera positiva.

La acción puede ser comparada a una pelota lanzada al aire. Si no hay viento, la distancia que la pelota viajará es gobernada por dos factores: el impulso inicial dado por la mano, y la fuerza de gravedad.

Si sopla el viento, existe un nuevo factor que cambiará el resultado. Si la pelota se mueve contra el viento, su viaje se acortará; si se mueve a favor del viento, su viaje se alargará.

En cada caso, el impulso original dado a la pelota por el lanzador, tuvo su efecto completo. En el caso de viento adverso, sin embargo, parte del impulso fue absorbido al vencer la resistencia del viento, con el resultado neto de que el viaje de la pelota se acortó.

En el caso donde la pelota viaja con el viento a su favor, nada del impulso original se disipa, y el efecto del viento es aumentar el viaje de la pelota.

Si aplicamos este principio a las acciones humanas, y con el propósito de ilustrar, consideremos que la dirección en la que la pelota es lanzada representa acción demeritoria, entonces el viento adverso representaría acción meritoria.

A medida que el viento adverso reduce el viaje de la pelota, así la acción meritoria contrarrestaría, al menos, una parte del demérito, y haría el efecto neto menos desfavorable que habría sido si ningún esfuerzo de neutralización hubiera sido hecho. Es concebible que un huracán podría aún revertir la dirección del viaje de la pelota.

Todo Lo Que Necesitamos Saber

El Karma es un tema tan vasto e intrincado, que se requeriría una inteligencia superhumana para entender cómo trabaja en todas sus variadas aplicaciones. Pero tan detallado conocimiento no es necesario a fin de entender su aplicación en la vida diaria. Todo lo que necesitamos saber es que recogeremos lo que hemos sembrado, todo lo que hemos sembrado y nada de lo que no sembramos.

Con esta idea firmemente en la mente, es fácil de ver la locura de toda maldad, de toda acción que trae sufrimiento y daño a otros. También es sencillo ver que si aplicamos la Regla de Oro a nuestras acciones, la cosecha será provechosa para otros y para nosotros, y no habrá desequilibrio desfavorable que tengamos que compensar después. De allí en adelante, la vida tomará un aspecto más brillante y más dichoso.

Neutralizando o Preequilibrando Karma

Si un individuo mediante pensamientos y acciones anteriores ha construido cualidades indeseables en su carácter, no necesita aceptar esa condición con una postura negativa y fatalista. En lugar de permitir que permanezcan esas tendencias en su naturaleza, él debe adoptar una posición positiva y, con la debida neutralización, hacer lo necesario para modificar su carácter beneficiosamente.

Algunas de las Enseñanzas Antiguas que tratan este tema, se dan a continuación:

Las medidas tomadas por un Ego para reprimir tendencias, eliminar defectos y el contrarrestar efectos al establecer diferentes causas, alterarán el vaivén de la tendencia kármica, y acortará su influencia de acuerdo con la firmeza o la debilidad de los esfuerzos dedicados, al poner por obra esas medidas adoptadas.
Los efectos del Karma pueden ser neutralizados o mitigados por los pensamientos y acciones de uno mismo o de otro, y así, los efectos resultantes representan la combinación e interacción del número completo de causas envueltas en producir los efectos. — "Aphorisms on Karma" Originalmente publicado en la revista The Path, Marzo 1893
Lo que podría ser llamada la doctrina de la anulación del Karma, es una aplicación en este departamento de la muy conocida ley de física, la cual causa un equilibrio cuando dos fuerzas se oponen entre sí. Un hombre puede tener en su cuenta kármica, una causa muy desagradable, y al mismo tiempo, una causa de carácter opuesto. Si las dos se juntan para formar una expresión al mismo tiempo, ellas así se pueden neutralizar mutuamente, anulándose, y equilibrio es el resultado de las dos. En esta forma, es fácil de entender el versículo bíblico: "La Caridad cubre multitud de pecados," como refiriéndose al efecto paliativo de hechos caritativos opuestos a los hechos de iniquidad, y dándole sentido a que el caballero medieval haya dedicado algunos años de su vida a dar limosnas. — De Echoes from the Orient por W. Q. Judge, p. 48
Las causas kármicas pueden interferirse recíprocamente y producir un resultado en nuestras vidas, el cual, mientras semejante a una o la otra causa, será la resultante apropiada de ambas. Esto también puede agotarse por medio de dos causas kármicas opuestas, al juntarse una a la otra, y así, se destruye el efecto de cada una. — De un discurso de W. Q. Judge dado en la Convención de la Sociedad Teosófica en Chicago e impreso en The Theosophical Forum, Diciembre 1943, p. 551.
La naturaleza de cada encarnación depende del equilibrio tomado como acuñamiento de méritos y deméritos de una vida o de vidas anteriores — en la forma en la cual el hombre ha vivido y pensado; y esta ley es inflexible y completamente justa. — De An Epitome of Theosophy, por W. Q. Judge, p. 24.
Cada porción diminuta de Karma no se necesita sentirse con el mismo detalle como cuando se produjo, porque diversos tipos de Karma pueden acudir a un punto, todos juntos a un mismo momento de la vida, y por su efecto combinado, producir un resultado, que como un todo, correctamente representa a todos los elementos que lo componen, pero todavía es un Karma diferente de cada componente individual. Esto puede ser conocido como la anulación del efecto postulado por esas clases envueltas de Karma. — Idéntico, pp. 25f

Posponiendo el Karma

Podemos confiar en la Naturaleza para que nos administre el Karma en la forma más misericordiosa y consistente con la Justicia, y para cuando estemos más capaces de recibirlo. Por lo tanto, haríamos bien en enfrentarlo cuando venga y terminar con él, porque lo más que soportemos ahora, lo menos que soportaremos en el futuro.

Si buscamos evadirlo, y tenemos éxito transitorio al hacerlo, regresará más tarde, cuando pueda coincidir con algún otro Karma, para así agregar sus cargas al mismo tiempo.

Un individuo puede ser suficientemente fuerte para animarse bajo un golpe pesado que destrozaría a un carácter más débil. Pero así como "Dios le modera el viento al cordero desprovisto," así mismo el segundo individuo puede recibir su Karma mediante una serie de pequeñas pruebas, una detrás de otra. Así, el Karma puede ser distribuido sobre un período más largo o más corto, pero la suma total de Karma de castigo debe equilibrar la acción inicial.

Karma de Grupo

Los accidentes mayores, como los choques y descarrilamientos de trenes, naufragios, aviones estrellados, incendios, inundaciones, terremotos, etc., son casos en donde grandes números de individuos son reunidos, porque ellos tienen Karma similar que pagar. Cada participante, por sus acciones anteriores, ha creado tal Karma que resultará en un accidente serio, o aún más, la pérdida de la vida. La "muesca en el tipo de imprenta" de todos esos individuos es semejante, y ese parecido psicomagnéticamente los juntará a ese lugar y a esas circunstancias, en donde sus acciones pasadas pueden ser equilibradas.

El Karma de grupo no es, por lo tanto, diferente del Karma individual. Si los individuos implicados no habían encontrado sus destinos en un grupo, ellos lo encontrarán, más tarde o más temprano, en accidentes separados.

Epidemias que aniquilan vastos números de la población, y hambre general y grave que puede afectar grandes porciones de la raza humana, son también casos de Karma individual, soportada colectivamente.

Tanto las naciones como los individuos, tienen sus ciclos de vida. Al principio, ellos son fuertes y vigorosos, luego sigue un período de madurez, y finalmente, desintegración y desmoronamiento. Ellos también tienen sus Karmas que dependen en cómo ellos actuaron como naciones en el pasado. Si ellos han sido agresivos y por fuerza bruta subyugaron a sus vecinos más débiles, ellos, a su vez, encontrarán la misma suerte. Los Egos que formaron esa nación, encarnan juntos otra vez, tal vez en la misma nación, que después de esto, se volvió vieja y decrépita, o tal vez en otra nación, bajo un nombre nuevo. Esta nación, ahora, vendrá a ser la víctima de su vecino más fuerte, y de esa manera, recogerá lo que había sembrado en el pasado.

Cada individuo es atraído a la nación a la cual apropiadamente pertenece, ya sea por semejanza de características, o por asociación en el pasado. El Karma nacional, tanto como todos los otros grupos de Karma, está basado, al final, sobre el Karma de sus miembros individuales.

El Karma y el Problema del Libre Albedrío*

*Los escritores de este tema mencionan que la expresión "libre albedrío" no es descriptiva del problema real. Generalmente coinciden en que el hombre es libre de usar su voluntad o no, en un esfuerzo por satisfacer algún deseo, pero él no tiene libertad de escoger cual será ese deseo. Esto está predeterminado por el carácter con el cual él ha sido dotado. Pero desde que los deseos gobiernan nuestra voluntad, el problema se plantea así: "¿Está el hombre en libertad de escoger sus deseos?," en lugar de: "¿tiene él libertad de usar albedrío?". La expresión "libre albedrío" ha sido usada aquí de acuerdo a que el problema es popularmente referido por ese término.

"Detrás de la voluntad está el deseo," dijeron los Herméticos Antiguos, y detrás o arriba del deseo está el Ego, la entidad consciente que experimenta el deseo.

La voluntad es una fuerza universal, impersonal e incolora, desprovista de cualidades morales. Es el deseo lo que motiva a la voluntad, el que determina su naturaleza o su cualidad moral.

La voluntad es un poder impulsor que usa el Ego para controlar y dirigir sus energías, para ejecutar un propósito deseado. La voluntad existe en todos los planos, y a medida el plano es superior, más poderosa es la voluntad. Todas las entidades poseen voluntad, en un mayor o menor grado.

"Yo quiero" no es lo mismo que "Yo quiero por mi fuerza de voluntad." "Yo quiero" es lo mismo que "Yo deseo." "Yo quiero por mi fuerza de voluntad" sucede solamente cuando realizo un esfuerzo para obtener el propósito de mi deseo.

A menudo oímos que se dice de un individuo ambicioso o agresivo, quien se abre paso con dificultad sobre toda resistencia a fin de lograr un objetivo deseado, que ese individuo tiene "una voluntad fuerte," pero desde que el "quantum" (esa cantidad mínima de energía que puede emitirse) de voluntad que se usa, depende de la intensidad del deseo detrás de la voluntad, sería más apropiado decir que ese individuo tiene "deseos fuertes."

Tomando una Segunda Opinión

"Piénsalo dos veces antes de hablar" (o actuar) es una norma antigua.

Cuando pensamos "una sola vez," es nuestro deseo el que está usando la mente inferior para llevar a cabo su propósito, sin darle la oportunidad al Ego de que ejerza su influencia. Así, el Ego es dominado por el deseo.

Si nos detenemos "para tomar una segunda opinión," el Ego tiene tiempo para llamar a la mente superior a que actúe. Así, ella puede examinar el deseo y decidir que hacer. Si decide favorablemente, el Ego hace uso de la voluntad y la dirige para ejecutar el objetivo deseado. En este caso, el Ego fue el factor determinante, no el deseo.

Deseos Conflictivos*

*Mucho de lo se dice aquí fue explicado en el capítulo IV, especialmente en las secciones que tratan con el Ego Humano, la Mente, Emociones, y Construcción del Carácter.

Los deseos que motivan la voluntad del hombre provienen de varias fuentes de su naturaleza compleja, y son de numerosas y diferentes clases. Algunos vienen de los órganos del cuerpo; otros, de la naturaleza emocional, o de la mente. Ellos están, más o menos, conectados con las comodidades y los placeres de la Personalidad. Aún más, otros vienen al hombre desde su Naturaleza Superior. Estos tienen que ver con sus responsabilidades y obligaciones hacia los demás, y son de tipo más extenso y más altruistas. Estos dos tipos de deseos naturalmente están en pugna recíprocamente.

La entidad activa que los experimenta, el Ego Humano, está situado a medio camino entre los principios superior e inferior de la constitución humana, y siente los impulsos opuestos de acción de estos dos lados de su naturaleza. El mismo individuo experimenta, en una vez, cierto deseo, y en otra vez, otro de naturaleza opuesta. Algunas veces, él experimenta los dos simultáneamente.

Cuando el Ego repetidamente cede al impulso inferior, éste crece aún más fuerte, y finalmente se vuelve habitual. Debido a la falta de autoanálisis, el Ego se autoidentifica con el impulso y transitoriamente entrega su poder de control. Cuando esta situación se alcanza, el Ego automáticamente cede al deseo cuanta vez el deseo se presente. Así, el deseo usa a la voluntad para ejecutar su propósito, y el Ego se somete a lo negativo.

Cuando el Ego se da cuenta de que él no es lo mismo que sus pensamientos y deseos, ya no cederá automáticamente a todo pensamiento o deseo que se presente. Cuando se confronta con deseos opuestos, en lugar de ceder, él los examinará, los sopesará, y los juzgará antes de escoger a uno de los dos.

El Carácter Toma Partido, Pero No Decide

Sabemos que individuos diferentes reaccionan de modo distinto cuando son confrontados por impulsos divergentes, porque cada uno se inclina en una cierta dirección por las cualidades inherentes de su carácter.

Como ilustración, asumamos el siguiente caso: A tres individuos, cuyas obligaciones diarias son de una naturaleza monótona y poco interesante, se les ofrece inesperadamente la oportunidad de participar en un extenso viaje de placer, o algún entretenimiento que los alejaría de sus obligaciones, lo cual podría comprometer la pérdida de sus posiciones e ingresos económicos.

El primer individuo podría actuar con el aguijón del momento y aceptar la oportunidad sin considerar las consecuencias. El deseo de su naturaleza personal por el placer es tan fuerte, que no hace caso de la llamada de la obligación, y el Ego, acostumbrado a identificarse con su deseo, se rinde y no usa su poder de escoger.

El segundo individuo siente el mismo deseo por el placer como el primero, experimenta la misma llamada de la obligación, pero después de un momento de deliberación, declina la oportunidad por el placer y se adhiere a su obligación en lugar de optar por el placer. En su caso, el sentido de responsabilidad es mucho más fuerte que el deseo por el placer lo que naturalmente anula al primero, y se necesita un esfuerzo pequeño para elegir por parte del Ego.

El tercer individuo también está consciente de los mismos impulsos opuestos, tal y como fueron experimentados por los otros dos. Él sintió ambos, pero no fue dominado por ninguno de los dos. Él analizó desde el momento presente, hasta el efecto final de su acción. Se tomó su tiempo para escuchar la voz de la conciencia que le susurraba de sus responsabilidades para con su familia y sus prójimos. Sopesó y comparó los pros y los contras antes de decidir qué hacer. Vaciló, apoyándose, ahora, en un lado; luego, en el otro. Él arribó al punto decisivo. No puede proceder, a menos que decida. No puede tomar los dos caminos. Debe escoger uno u otro. Y finalmente, hace la decisión.

El Poder de Elección Es Inherente en el Ego

Supongamos que las dos atracciones opuestas son exactamente iguales, porque ese debe ser el caso, desde que ninguna de ellas puede ser más fuerte que la otra. Entonces, si las dos atracciones son igualmente fuertes, y porque una elección tiene que ser tomada, y se toma, el poder de seleccionar debe ser inherente en el Ego, y no en las atracciones. Y si el Ego tiene el poder de escoger cuando las atracciones son iguales, también tiene el poder de elegir cuando ellas no son iguales. Un cambio en las atracciones no puede quitarle al Ego su poder de escoger, porque ese poder es inherente en el Ego, y no en las atracciones.

Cuando las atracciones son desiguales y el deseo por el placer es más fuerte que el sentido de responsabilidad, como en el caso del primer individuo, él cede al deseo porque tiene mentalidad negativa y tiene su conciencia centrada en su Personalidad. El individuo también tiene el poder de selección, pero no lo usa.

Si hubiera sido positivo y tenido su conciencia centrada en su Naturaleza Superior, él podría haber rechazado someterse al impulso inferior, podría haber usado su poder de escoger y haber resistido al impulso inferior, aunque éste fuese más fuerte que el superior. Esto requiere esfuerzo, porque el Ego tiene que proveer la voluntad que sea necesaria para anular al deseo más fuerte. El Ego no está obligado a hacer ese esfuerzo, porque la atracción ascensional no obliga por sí sola al Ego. Meramente se advierte como un recurso, como un llamado para optar por el lado mejor del Ego.

En este caso, el llamado superior por sí mismo, habría sido inefectivo y habría sido anulado por el deseo más fuerte, a menos que el Ego hubiera escogido unirse por sí mismo con el llamado, y así, hubiera agregado esa fuerza a este lado de su naturaleza. Si un hombre se resiste a un deseo por algo que le gusta hacer, y que además es fácil de hacer, y en su lugar hace algo que es un trabajo penoso y que requiere esfuerzo de su parte, tal acción debe ser el resultado de una elección consciente y deliberada, y de una voluntad resueltamente aplicada.

Podemos deslizarnos cuesta abajo sin esfuerzo. Lo hacemos desde completa inacción, pero no podemos detener el resbalón cuesta abajo sin tomar la determinación de hacerlo, y no podemos ir cuesta arriba sin esfuerzo. Esa determinación y ese esfuerzo no son forzados sobre nosotros, sino que son el resultado de la elección y de una voluntad fuerte.

Ninguna Predestinación o Fatalismo

La manera diferente en la que los tres individuos reaccionaron a los mismos impulsos, se debe a las diferencias en sus caracteres. Ya ha sido explicado como el hombre construye su propio carácter mediante sus maneras de pensar, sus acciones y hábitos. Una parte de ese trabajo ha sido hecho en su vida presente, pero la mayor parte del trabajo de formación del carácter que él acarrea consigo, procede de sus existencias pasadas.

Su carácter le da inclinación en cierta dirección, pero no está obligado a seguirla. Tiene el poder de escoger, como ya lo vimos, y esa oportunidad de elegir le es concedida por su naturaleza doble. Esa oportunidad siempre ha sido suya, porque la naturaleza del hombre ha sido doble desde que él existe. Por su elección y las acciones que le siguen, él crea causas que el Karma, más tarde, le regresa como efectos. Y porque el hombre es el hacedor de su propio carácter, solamente él es responsable de sus deseos, preferencias y reacciones consecuentes.

El hombre es libre de escoger, pero debe recoger las consecuencias de su elección. Es un destino del cual él no puede escapar, sino que ese destino es el producto de sus propias obras, y porque no es impuesto sobre él por alguien más, no es "predestinación." Tampoco es "fatalismo," porque no es el resultado de fuerzas mecánicas ciegas.

Al iniciar una acción por su propia elección, el hombre llama a las fuerzas de la Naturaleza a que entren en acción. Él invoca a la Ley de Causas y Efectos, la cual de allí en adelante, se encarga de la operación y ajusta el efecto a la causa. Por lo tanto, el concepto de libre albedrío está completamente de acuerdo con la Ley de Causas y Efectos. No se invalidan mutuamente, y ambos son factores necesarios para la evolución del hombre.

Teorías del Fatalismo

Desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, el problema del libre albedrío ha sido un tema de debates acalorados y de mucha controversia. Muchos filósofos han llegado a la conclusión de que el hombre no es libre de determinar como actuará, pero que su elección es predeterminada por sus características inherentes, sus deseos, sus predilecciones y aversiones.

El teólogo y el materialista asumen que el hombre se convierte en un ser al nacer, y por lo tanto, se debe concluir que él no tuvo parte en la formación de su carácter. Esto debe haber sido hecho para él por el poder que lo convirtió en un ser, ya sea el poder de Dios, como cree el teólogo, o fuerzas ciegas que operan en la Naturaleza, como mantiene el materialista.

Bajo determinado carácter, un hombre debe actuar en cierta forma. Si tiene un carácter noble, sus acciones deben ser buenas; ellas no pueden ser de otra forma. Si su carácter es perverso, sus acciones deben ser también malvadas. Él no tiene elección en ninguno de los dos casos. Él piensa que es libre de actuar porque tiene libertad de seguir sus deseos, pero porque sus deseos fueron implantados en él, ese sentido de libertad es solamente imaginario. Verdaderamente él no tiene libertad de escoger o libre albedrío, como popularmente se le conoce. Esas son algunas de las teorías del fatalismo. Si ellas fueran ciertas, el hombre sería un autómata sin iniciativa, un robot obligado a moverse en un predeterminado surco.

Bajo esas condiciones, el hombre no puede sostenerse moralmente responsable por sus actos. Esa responsabilidad debe colocarse sobre el poder que lo trajo a su existencia.

Una Solución no Fatalista

El fatalismo da por sentado que el hombre vive solamente una vida sobre la tierra, y es esta suposición la que guía a todas las dificultades que le siguen. La Sabiduría Antigua, por otro lado, enseña que el hombre ha vivido en la tierra antes. El carácter, que ahora lo inclina hacia cierta línea de acción, no fue hecho para él; él lo hizo por sí mismo en vidas anteriores. En esta vida, él recoge los efectos de sus acciones pasadas por medio de este carácter.

El fatalista también asume que el hombre es un ser solo, unitario e idéntico con sus deseos, porque él no hace distinción entre el hombre por él mismo, el Ego, y los deseos que experimenta. Si este supuesto fuera cierto, entonces no habría nada para ofrecer resistencia a esos deseos, y ellos dominarían completamente la vida del hombre. En ese caso, el fatalismo se convierte en la conclusión ineludible. Pero no pueden haber deseos que se sientan, a menos que haya una entidad, un centro de conciencia que experimente esos deseos. Esa entidad, nos dice la Sabiduría Antigua, es el Ego Humano, y los deseos son solamente parte del polifacético vehículo usado por el Ego.

Ellos son idénticos con el Ego igual que el capullo es idéntico con la larva que devana alrededor de él mismo.

La teoría de una vida única sobre la tierra es totalmente inadecuada para resolver el problema del libre albedrío, pero con un entendimiento de la naturaleza compleja del hombre, y la aceptación de la doctrina de la Reencarnación, este problema se resuelve de acuerdo con la Justicia y la Ley de Causas y Efectos.

La Libertad De Escoger, Varía

Los grados de libertad para escoger varían en proporción con el grado de desarrollo obtenido por el individuo.

Niños pequeños, cuyas mentes son inmaduras, tienen muy poca libertad de selección, y actúan casi completamente por impulso. Por lo tanto, ellos no son kármicamente responsables hasta el mismo alcance como los adultos. Pero a medida que los años pasan, la mente y el conocimiento de su propia existencia se desarrollan. Con ellos arriba el poder de seleccionar lo correcto de lo equivocado, la selección del hombre se vuelve deliberada, y él es, de ahora en adelante, moralmente responsable por sus actos.

El hombre menos evolucionado siente las mismas atracciones opuestas como lo hace su hermano más desarrollado, y tiene la misma oportunidad de escoger, pero es menos probable que haga uso de esa oportunidad. Por completa inacción, él se permite a cambio, ser influenciado por sus impulsos. En este sentido, algunos seres humanos no están muy por encima de los animales, quienes obedecen a cualquier impulso que se les venga encima.

Es la clase de carácter que nos hemos hecho para nosotros mismos, el que determina el grado de libertad de nuestra voluntad.

En los Reinos de la Naturaleza debajo del Humano, la libertad de escoger es muy limitada, pero aún en ellos existe una cierta libertad dentro de ese alcance limitado de las actividades de cada uno.

Libre Albedrío, un Factor en la Evolución

Las enseñanzas de la Sabiduría Antigua con respecto a la evolución, son extensamente tratadas en las obras The Esoteric Tradition y Man in Evolution de G. de Purucker. Aquí solamente serán consideradas en su relación al Karma y el libre albedrío.

El Universo existe para la evolución del Alma, y el método utilizado para lograr ese objetivo, el "esquema de la Evolución," es para ubicar al hombre en una serie de circunstancias, en donde él tiene que escoger entre intereses opuestos y aprender por las experiencias que completan su selección. La libertad para escoger es un factor indispensable en la operación de este plan.

Aún el más insignificante acto nuestro es el resultado de la selección, ya sea que haya sido hecho conscientemente o por la fuerza del hábito, y que ese hábito haya sido el resultado de innumerables preferencias en el pasado.

En los asuntos de negocios en la vida de cada día, nos enfrentamos constantemente con situaciones que requieren selección de nuestra parte. En muchos casos, no podemos prever las consecuencias de nuestra decisión, pero tenemos que escoger, más o menos, de una manera ciega. Es posible que nos equivoquemos al escoger, pero si no hubiéramos seleccionado, nunca habríamos encontrado nuestro error. Aprendemos por un proceso de tanteo, en el cual los errores son lecciones valiosas.

A menudo el hombre se da el lujo de permitirse, aún en contra de su mejor discernimiento, ser gobernado por su naturaleza inferior, en lugar de atender los dictados de la naturaleza superior, porque piensa que es más fácil y mejor para su ventaja. Él es corto de vista, y toma el premio inmediato, la experiencia agradable cercana a mano, lo que esta selección parezca ofrecer. Si él hubiera tenido la vista de largo alcance, habría visto que la ventaja fácil que ganó, tendría que ser completada más tarde por una labor de contrapeso u otra compensación, y habría visto que el placer egoísta que alcanzó, es posible que acarree sufrimiento o alguna otra desgracia consigo.

Si tal experiencia no es suficiente para enseñarle la lección, el individuo repetirá su error, y el Karma reproducirá el mismo efecto. Después de una serie de tales acciones, la memoria de la experiencia se asociará automáticamente con el impulso egoísta, y cuando esto vuelva a suceder, el Ego, aún si ha olvidado los detalles de su experiencia, subconscientemente será prevenido y rechazará someterse otra vez al impulso. Si escogemos lo que sabemos que es beneficioso para otros y para nosotros mismos, todo saldrá bien. Si escogemos imprudente o egoístamente, nada puede detenernos de hacerlo, pero tenemos que contar con las consecuencias de nuestra selección.

De esta manera, vemos que los métodos de la Naturaleza son benéficos, porque el sufrimiento que ella nos acarrea nos ayuda a romper con los impulsos egoístas antes de que se vuelvan permanentes. Nos ayuda a obtener un asidero sobre nosotros mismos, y a tomar un nuevo comienzo en la dirección correcta.

A menudo ha sido preguntado: "¿Por qué no han sido creados todos los hombres para que escogieran siempre lo que es bueno para ellos y para los demás?"

Si el hombre fuera "capaz de escoger solamente lo bueno," él no estaría escogiéndolo todo; él actuaría bajo compulsión. Sería un autómata y no tendría la oportunidad de desarrollar libre albedrío, y esta es una facultad que le pertenece al hombre completamente desarrollado. Si él está para evolucionar, el hombre debe ser libre para escoger la maldad, como también lo bueno, lo correcto como lo equivocado. Él no puede desarrollar fuerza de carácter, excepto por repetidas victorias sobre su naturaleza inferior. Si el hombre no tuviera libertad de escoger lo equivocado, no habría mérito si escoge sólo lo correcto.

Un niño que aprende a caminar, nunca podría llevar a cabo esta proeza si tuviera que lograrlo en su primer intento. Él debe ser libre de tomar sus caídas, obtener moretones y gradualmente ganar control sobre sí mismo. De la misma forma, el hombre debe ser libre de cometer errores, a fin de aprender de ellos; y la naturaleza del hombre está hecha de tendencia doble, a fin de darle la oportunidad.

La lucha es una fase transitoria de evolución, nos dice la Sabiduría Antigua. Y una vez que el hombre haya ganado su batalla sobre su naturaleza inferior, y se haya asociado automática y permanentemente con su Naturaleza Superior, su lucha terminará. Desde entonces, su evolución, dirigida por su Naturaleza Superior, continuará suavemente, y sus facultades superiores se desenvolverán, así como un capullo se desenvuelve en una flor.

Efectos Demorados y Libre Albedrío

El efecto de una acción no es siempre seguido inmediatamente después que la causa lo ocasionó; a veces, existe una demora larga entre los dos. Si vamos a aprender por experiencia, podría preguntarse: "¿No acarrearía la lección más peso si el efecto surgiera inmediatamente sobre la causa, porque entonces, veríamos la conexión entre los dos?"

Si el efecto surgiera inmediatamente sobre la causa, como el trueno sigue al relámpago del rayo, un individuo con tendencias egoístas nunca se atrevería a dejarlas salir por miedo al castigo justo inmediato. Seríamos prevenidos de darle una salida a esas tendencias, y ellas serían reprimidas, pero no eliminadas. Entonces, ellas se forzarían por sí mismas hacia la superficie en algún tiempo más tardío.

En la esperanza de que el efecto pueda ser demorado largamente, o guiado por ignorancia a creer que ningún efecto surgirá, el individuo tomará una oportunidad y ensayará sus formas perversas. En el tiempo debido, el efecto vendrá, y la experiencia se tornará en lección. La tendencia inherente es así "desahogada," en lugar de ser meramente reprimida.

Pero no es necesario que el hombre debiera desahogar sus tendencias malvadas a fin de evolucionar. Ellas pueden ser enfrentadas y conquistadas en el plano mental, y no habría que dirigirlas a los resultados físicos. Solamente cuando rechazamos hacer nuestras batallas en el plano mental, es cuando tenemos que enfrentarnos a ellas en el plano exterior.

El Aspecto Doble del Libre Albedrío

El libre albedrío es una herramienta que el hombre debe aprender a utilizar. Es una herramienta valiosa, pero como muchas otras, su uso está acompañado por ciertos riesgos. Para un usuario experto es de gran utilidad, mientras que en las manos del inexperto puede causar daño, tanto a él, como a los demás.

El hombre cuya conciencia está centrada en su naturaleza personal, siente su separatividad de sus prójimos más fuertemente que su unidad con ellos. Por lo tanto, sus motivos son, a menudo, egoístas, y actúa sin la debida consideración por el bienestar y los derechos de los demás. Por sus acciones, él invade esos derechos, exactamente como los otros de mente parecida invaden los derechos de él.

Cuando las multitudes de los seres humanos actúan en esa manera, los resultados son riñas y conflictos, que son tan predominantes en el mundo de hoy.

Los niños de pocos años de edad, sin mucha oposición, usualmente están voluntariamente deseosos de seguir el consejo y la guía de sus padres. Después de unos pocos años más, como sea, ellos entran en un período en el cual quieren hacer todo a su propia manera. Así, consiguen meterse en muchas y variadas formas de dificultades, y se ocasionan problemas para con ellos, y para sus padres. Cuando han pasado más años, empiezan a desarrollar sentido de responsabilidad, y se vuelven miembros más útiles para sus respectivas familias; y más tarde, se convierten en hombres y mujeres completamente responsables.

Habría sido un estancamiento para ellos si siempre fueran guiados y dirigidos por sus mayores. La madurez requiere una vida independiente y el desarrollo de iniciativa. Por la falta de experiencia, el niño tiene que aprender sus lecciones al costo de mucha contienda y tirantez. Es un período de prueba para los hijos y para los padres, pero es una fase necesaria en la evolución del hijo. El proceso se vuelve más fácil hasta la etapa en la que el hijo, voluntariamente, acepta el consejo útil de sus mayores.

Así como el niño, toda la raza humana está pasando ahora a través de su "edad de prueba," a medida que se comienza a obtener verdadero libre albedrío. Todavía no se ha aprendido a hacer esto sabiamente. Mediante debilidad o ignorancia, la raza humana escoge seguir impulsos egoístas, y esto, cuando se hace a gran escala, le ha ocasionado un estado de trastorno a todo el mundo.

La "edad de prueba" de la humanidad sería más corta si los hombres adoptaran la Regla de Oro y otras enseñanzas éticas dadas a ellos por Jesús, Buda y otros grandes Maestros. La humanidad siempre ha tenido a sus "Mayores," quienes han tratado de guiar al hombre a través de este período de prueba con el menor sufrimiento y deformación posibles.

Pero para la humanidad, como para el niño, este período es solamente un peldaño en la escalera de la Evolución, la cual debe ser superada antes de que un progreso grandioso se pueda obtener. Después de que esta fase haya pasado, y el hombre haya alcanzado el punto en su evolución en el cual él se una por sí mismo con su Naturaleza Superior, él se dará cuenta de su Unidad con sus prójimos, y su responsabilidad para con ellos. Él habrá aprendido a utilizar su libre albedrío más sabiamente. Escogerá trabajar en armonía con sus prójimos y por el bienestar común.

Existen signos en el mundo de una comprensión creciente, en el sentido de que todos somos mutuamente dependientes unos a otros, que este es "Un Solo Mundo," en el cual no puede haber prosperidad y felicidad duraderas en una parte, si hay miseria e infelicidad en la otra.

Bondad y Maldad

La presencia de la maldad en el mundo presenta un problema que no puede ser resuelto en el supuesto de que un benéfico, sabio en todo, y todopoderoso Dios, sea el creador del hombre. El problema no podría ser mejor dicho que en las palabras del filósofo griego Epicuro, escritas hará hace veintidós siglos:

Ya sea que Dios desee suprimir la maldad de este mundo, y no puede, o que puede y no lo hará, o que tampoco puede ni voluntariamente lo desee, o, para concluir, que sí puede y voluntariamente lo hará. Si Él voluntariamente desea y no puede, significa impotencia, lo cual es contrario a la Naturaleza de Dios; si puede y voluntariamente no lo hará, es maldad, y eso no es menos contrario a Su Naturaleza; si tampoco voluntariamente lo desea ni puede, es crueldad e impotencia a la vez; si puede y lo desea voluntariamente (de las cuales únicamente estas condiciones son apropiadas para Dios), ¿De dónde viene la maldad que existe en el mundo?

A lo que llamamos "maldad" o discordia, disensión, codicia, opresión, tiranía, junto con la miseria y el sufrimiento que resulta de tales condiciones, puede ser remontado directamente a la creencia del hombre, en el sentido de que él es independiente de sus prójimos y que puede actuar sin tomar en cuenta el bienestar de ellos. La creencia de que él puede hacer eso sin tener que recoger las consecuencias de ello, le da rienda suelta a sus impulsos egoístas, y así, él actúa de acuerdo a eso. Cuando esta posición de "cada cual que vele por sí mismo," es adoptada por vastas multitudes de individuos, cuyos intereses están en pugna, el resultado es la maldad, la cual es tan predominante en el mundo de hoy.

La dualidad de espíritu y materia que existe en el Universo y en el hombre, crea una serie de situaciones, en las cuales, él tiene que escoger obedecer entre los dos impulsos de sus naturalezas, ya sea la superior o la inferior. Más tarde, él experimenta los efectos de su elección, y es por esas experiencias que la Naturaleza le enseña al hombre, si él está rompiendo sus leyes, o viviendo en armonía con ellas. La Bondad y la Maldad son los productos finales de las acciones inspiradas por las naturalezas del hombre, la superior o la inferior. Y es por comparar esos resultados opuestos por los que el hombre, gradualmente aprende a reconocer que el sendero del altruismo es mejor que el del egoísmo.

Niveles de bondad y maldad no son conceptos fijos, sino que varían de acuerdo al desarrollo de las entidades en evolución. Lo que es "bondad" para un grado de desarrollo, es "maldad" para un grado mayor, y lo que es "maldad" para un grado inferior, es "bondad" para uno todavía menos desarrollado.

La llama de una vela es un objeto brillante y luminoso cuando está ubicada en un cuarto obscuro. Pero es un cuerpo obscuro si se le compara al sol, porque verdaderamente proyecta una sombra al ubicarla en la brillante luz solar. La bondad y la maldad, como la luz y la obscuridad, son conceptos igualmente relativos, pero para cada grado de desarrollo existe un nivel de bondad y maldad. Cualquiera que actúa, o trata de actuar de acuerdo con lo mejor de su conocimiento y creencia, está haciendo lo que es correcto o "bueno" para él; mientras otro, que actúa contrario a esta creencia, está haciendo mal o "maldad." Una persona que centra su conciencia en el lado material de su naturaleza, tiene todavía un pequeño control sobre sus apetitos; mientras otro hombre, quien puede ser más evolucionado, centra su conciencia en el lado espiritual de su naturaleza, y tiene sus apetitos bajo control. Más se puede esperar del último, pero si actúa egoístamente, eso sería inexcusable; mientras que para el primero, eso sería entendible, aún excusable.

Muchas cualidades y cantidades existen en "pares" en la Naturaleza, o como opuestos. Por ejemplo, no habría montañas, si no hubiera tierras bajas o valles arriba de los cuales esas montañas se levantan. La mano no podría sentir ni calor ni frío, si todos los objetos tuvieran la misma temperatura de la mano. Cuando se le compara a un objeto caliente, la mano es fría, mientras que para un objeto frío, ella es tibia.

No puede haber sombra si no existiera luz que la produjera. Si el sol brillara sobre nosotros día y noche, año tras año, no lo miraríamos como luz, porque no tendríamos nada para compararlo con él. Es solamente cuando la obscuridad de la noche reemplaza a la luz del sol, lo que nos hace apreciar el valor del sol.

Los dos conceptos de bondad y maldad forman una dualidad en el plano moral, justamente como los ejemplos citados son dualidades en el plano material. No se puede concebir la bondad, excepto como un contraste, una reforma sobre algo que no es bueno, o "maldad."

El hombre está aquí para progresar, y la verdadera idea de progreso implica un movimiento hacia delante de algo que se volvió viejo, y por lo tanto, ya no es más "bueno," para algo mejor que se ve adelante; es el ascender desde algo inferior hacia algo superior. Si no hubiera tales contrastes como hacia delante y hacia atrás, arriba y abajo, bondad y maldad, no habría "escalera" para subir, ni resistencia que superar.

La bondad y la maldad son condiciones a través de las cuales las entidades pasan, a medida progresan de la imperfección hacia la perfección. En la etapa presente de la evolución del hombre, tales condiciones opuestas son necesarias para su progreso, porque ellas involucran experiencias que el hombre debe tener, a fin de completar su carácter. Al experimentar los efectos contrarios de la maldad, el hombre se fortifica a sí mismo contra futuros fracasos. Pero escoger deliberadamente a la maldad con el propósito de experimentarla, es deslizarse cuesta abajo, y no es progreso, sencillamente es retroceso, retrogradación.

Cuando el hombre haya aprendido la lección de la bondad y la maldad, él actuará natural y automáticamente desde motivos altruistas, y lo insensible de la maldad que predomina en el mundo de hoy, será cosa del pasado. La dualidad de la bondad y la maldad, como la conocemos, entonces habrá servido su propósito, y será desechada como una pieza de un aparato de entrenamiento en el gimnasio, que ya no se necesita. La humanidad, entonces habrá alcanzado un grado superior en la escuela de la experiencia de la Naturaleza. Este grado superior no estará libre de todos los problemas y dificultades, porque la naturaleza del hombre siempre será una dualidad de espíritu y materia con sus contrastes consecuentes. Pero las dificultades que puedan presentarse, no conducirán a lo grueso de la maldad que inunda al mundo de hoy, sino que tomará una forma apropiada para el plano superior en el cual existirá la humanidad de entonces.

Será visto de lo que precede, que la presencia de la maldad en el mundo se debe a las acciones de los seres humanos imperfectos y no evolucionados, quienes rompen las leyes de la armonía de la Naturaleza, y no a ninguna fuerza externa del hombre, como tampoco de Dios o de una oportunidad ciega. El hombre ha hecho la maldad en el mundo, pero está a su alcance restaurar la armonía.

En las palabras de H. P. Blavatsky: "Ni la bondad ni la maldad existirían si no fuera por la luz que mutuamente se lanzan una a la otra" (Lucifer, Vol. I, No. 2, Octubre 1887).

"Si queremos discernir la bondad de la maldad, la luz de las tinieblas, y apreciar la primera, solamente podemos hacerlo a través del contraste entre las dos" (ibid.).

O en las palabras de Platino: "La experiencia que nos da la maldad produce un conocimiento más claro de la bondad."

El Sufrimiento y la Adversidad como Enseñanzas

El Sufrimiento

Aquellos que creen que nuestra existencia aquí está limitada a una sola vida sobre la tierra, y que no ven el propósito de la vida, excepto la búsqueda del placer, en forma natural están buscando enfermedades y sufrimientos, y se engañan al creer que éstas son consecuencias de la mala suerte, sin causa específica y sin ningún propósito útil. Para ellos, tales infortunios no son más que intrusos malvados que deberían ser eliminados tan pronto como sea posible, porque interfieren con el goce completo de la vida.

De acuerdo a la Sabiduría Antigua, el propósito de la vida no es la consecución del placer, sino la evolución del alma; el fortalecimiento del carácter y las desgracias que nos acontecen en la vida no son accidentales, sino retribuciones kármicas por nuestras acciones pasadas. Mientras esas retribuciones kármicas son dolorosas para soportarlas, ellas se compensan porque aceleran nuestra evolución, porque nos enseñan lecciones que no aprenderíamos cuando la vida corre suavemente y sin dificultades.

¿No es frecuente el caso que, cuando la vida es todo un placer, nos establecemos para gozarla, y desatendemos la búsqueda de algo más allá de nuestra propia comodidad? Nos volvemos más egocéntricos y la vida se convierte en un estancamiento, en cuanto a la evolución de nuestras facultades superiores se refiere. Pero la Naturaleza no tolerará ya más que esa condición persista. Una satisfacción continua es una invitación a las enfermedades, y cuando llegan, la búsqueda del placer tiene que detenerse, y la conciencia se dirige a temas más serios. La condición deteriorada de la naturaleza física reduce el poder de los principios inferiores para dominar al Ego, y le da a los principios superiores de la naturaleza del hombre la oportunidad de ejercer su influencia enriquecedora.

El rompimiento de la rutina diaria causada por la enfermedad, el reposo forzado, el tiempo para reflexionar, ayuda a darle un nuevo panorama a la vida. Lo que anteriormente pareció tan importante es posible que ahora se reconozca como completamente insignificante, y las cosas verdaderamente importantes en la vida pueden verse en su valor real.

Por volver incómoda la naturaleza física, el sufrimiento obliga al hombre a dirigir sus intereses y atención hacia su Naturaleza Superior, lo libera de las ataduras de la naturaleza inferior, y lo envía a buscar un refugio en la paz de su Naturaleza Superior. Nunca más, después de recuperar su salud, necesita que las ataduras con la naturaleza inferior sean tan fuertes como lo fueron antes, si el hombre toma ventaja de la oportunidad para un nuevo comienzo que el sufrimiento le ha abierto.

El sufrimiento tiene otra función importante. Despierta la piedad en nuestros corazones. Nos capacita a entender el sufrimiento y penas que otros están atravesando, y así, nos tornamos listos para desarrollar nuestra solidaridad para con ellos, y ofrecerles ayuda y consuelo como seamos capaces de manifestar a través de nuestra capacidad de dar.

Si somos fríos e indiferentes al dolor y sufrimiento de los demás, es un signo de que no hemos experimentado por nosotros mismos lo que ellos ahora están atravesando. Si somos insensibles y duros, ¿Cómo puede ser despertada la solidaridad en nosotros, sino mediante el sufrimiento? También debemos sufrir a fin de entender.

Paciencia, capacidad de aguante y entereza son otras facultades que el sufrimiento ayuda a desarrollar.

Además del efecto provechoso que el sufrimiento tiene en mejorar el carácter del hombre, es también una ayuda para él en el plano físico, porque la enfermedad es un proceso purificador por la cual la discordia, que el hombre creó mediante maldad previa, es eliminada, y el equilibrio y la armonía son restaurados.

Pobreza

Pobreza y prosperidad son otras experiencias necesarias para obtener un carácter completo.

Si un individuo próspero vive en lujo y comodidad, sin hacer un esfuerzo para mitigar la pobreza y la miseria por la que él pueda estar cercado, o las cuales él sabe que existen, es evidente que todavía no ha tenido la experiencia de ser pobre. Desde que la escena de la miseria de otros no es suficiente para estimular su piedad, él debe atravesar esta experiencia por él mismo, a fin de que entienda. Es uno de los "grados en la escuela de experiencia" que no puede ser omitido, y la pobreza existirá tanto tiempo como haya individuos que no han aprendido esta lección. Después de que ha tenido la experiencia y sabe las penas que acarrea, él ya no será indiferente a la miseria de otros, pero con un entendimiento solidario por la situación de ellos, hará algo para mejorar esa condición. Una naturaleza amplia, generosa y solidaria, es característica de alguien que ha aprendido la lección de la pobreza y se ha beneficiado de ella.

La pobreza arriba a los individuos como el resultado de sus Karmas, pero no hay excusa para el más afortunado de negar ayuda, si él está en la posición de darla.

La pobreza enseña lecciones al rico y al pobre. Para el próspero, es un desafío para que demuestre piedad, para que practique generosidad. El próspero de hoy puede haber sido el pobre en la ultima encarnación. Esta es la oportunidad para ellos para que demuestren si han aprendido la lección. Para el pobre, la experiencia es una oportunidad para aprender a evaluar las pequeñas cosas, para limitar el despilfarro, para practicar economía, para reducir su escasez.

Aquellos que han tenido que pedir caridad, reportan que sus peticiones son mucho más frecuentemente contestadas en los distritos de los pobres que entre la gente pudiente, aunque las cantidades recibidas en el primer caso fueron más pequeñas, demostrando la efectividad de la pobreza como maestra.

Adversidad

La experiencia del éxito y la adversidad son necesidades para el entrenamiento del hombre, exactamente como la luz del sol y la lluvia son necesarias para el crecimiento de las plantas. La avena crece fuerte por resistir al viento, y el hombre crece fuerte por superar los obstáculos a los cuales se enfrenta. Las utilidades pueden extraerse aún de situaciones desfavorables. Toda dificultad que encontremos puede usarse como un escalón. Un navío puede navegar contra el viento desfavorable por el uso habilidoso de vela y timón. Períodos de éxito, facilidad y comodidad, no son períodos de crecimiento, sino intervalos para descansar entre adversidades.

Meng-Tse, el filósofo chino (tercero y cuarto siglo A.C.), escribe: "Cuando el Cielo está por ser clemente con cualquier hombre, primero ejercita su mente con sufrimiento; y sus tendones y huesos, con fatiga. Expone su cuerpo al hambre, lo sujeta a pobreza extrema, y confunde sus tareas. En todas esas formas, el Cielo estimula su mete, fortalece su naturaleza y aprovisiona sus incompetencias."

Y Buda dice: "Aquel que ha aprendido a sufrir con paciencia, será purificado, y será el instrumento escogido para la mitiga del sufrimiento."

Y Sócrates, hablando del placer y el dolor, dice: "Que singular es esa cosa llamada placer, y como está curiosamente relacionada al dolor, lo cual podría pensarse que es lo opuesto; porque ellos nunca vienen juntos al hombre, y sin embargo, quien persigue a uno de ellos, es generalmente obligado a tomar el otro. Ellos son dos, pero con todo, crecen del mismo tronco — y esta es la razón por la que, cuando uno surge, el otro le sigue."

El Entender Aligera las Cargas

El sufrimiento es duro de soportar bajo toda circunstancia, pero un entendimiento de su causa y propósito hace las cargas más fáciles de llevar.

Ese conocimiento es kármico, no el resultado de una oportunidad ciega; lo que nos hemos acarreado sobre nosotros, remueve el sentido de injusticia, que de otra manera, se agregaría a nuestra carga.

Lo que nos hemos construido para nosotros, debe venir a nosotros — no podemos escapar de ello — pero por otra parte, nada más nos vendrá que no sea nuestro.

El sufrimiento kármico del que ahora nos estamos aliviando, nunca regresará, y tendremos mucho menos al cual enfrentarnos en el futuro.

Cuando experimentamos un sufrimiento y dolor prolongados, somos aptos para pensar que la condición será permanente, pero no es cierto. Cuando ese "depósito particular de Karma" sea agotado, el sufrimiento cesará, esa cuenta se saldará, y permanecerá cerrada si no la abrimos más al sembrar nuevas semillas de discordia.

Esto nos ayudará a soportar el sufrimiento, si nos damos cuenta que ello no es un accidente sin sentido y sin propósito, sino que es un proceso de purificación y ayuda para restaurar la armonía y la salud.

Es difícil de reconocer el valor del sufrimiento mientras lo experimentamos, pero después que la prueba rigurosa se acaba, muchos que la acarrearon, victoriosamente han dicho: "Fue duro, pero no me habría perdido esa experiencia por ningún precio."

El sufrimiento, en tanto que es transitorio, también nos ayuda a darnos cuenta que la ganancia que obtenemos de él, al favorecernos a desarrollar nuestro carácter, es eterna.

¿Es el Sufrimiento Necesario para la Evolución?

La Sabiduría Antigua nos dice que en los planos superiores de existencia, en los más espirituales, en esos planos más cercanos a la Fuente Universal de Vida, la evolución procede tan normal y sin ningún dolor, como cuando un capullo se convierte en una flor.

La evolución del hombre también podría proceder sin sufrimiento, si sus acciones fueran siempre gobernadas por su Naturaleza Superior, porque ella nunca incita al hombre a actuar contra las leyes de la armonía de la Naturaleza.

El hombre siempre ha tenido Maestros que, mediante las diferentes religiones del mundo, le han enseñado a cómo vivir; y él ha tenido su conciencia para amonestarle cuando ha estado en peligro de cometer equivocaciones. Pero en el pasado, como ahora, el hombre ha ignorado las enseñanzas éticas que le han sido dadas, y la consecuencia es el sufrimiento tan ampliamente difundido que ahora vemos en el mundo.

El hombre ha sido destinado para que pelee sus batallas en el plano mental, y si él obtiene sus victorias sobre su naturaleza inferior allí, él no tendría que sostener sus luchas en el plano físico. Si él se convirtiera en Uno con su Naturaleza Superior, él evitaría consecuencias dolorosas; de lo contrario, él está invitando a la desgracia. Él, por su propia iniciativa, llama al sufrimiento a que actúe sobre él, y así, indudablemente tiene que aprender la lección.

Karma "Bueno" y Karma "Malo"

La enorme variedad de circunstancias bajo las cuales vive la gente, como la riqueza, posición social, pobreza, enfermedades o salud, etc., se deben todas al Karma de los individuos que las experimentan. Y dependiendo de cómo el individuo reacciona al impacto de esas circunstancias, ya sea que ellas demuestren ser de una utilidad o un perjuicio para él, su reacción presente determinará su Karma futuro.

Circunstancias de riqueza, posición y poder, si se usan sabiamente, pueden ser los medios de hacer mucha utilidad en el mundo. Ellas capacitan a su poseedor el aliviar el sufrimiento, difundir felicidad y promover empresas que son de provecho general. Si se usan en esa manera, esas circunstancias proporcionan una oportunidad a la Naturaleza Superior del hombre a que se autoexprese. En esa forma, ellas tienden hacia el avance de la evolución del hombre, y por lo tanto, pueden llamársele Karma "bueno."

Pero esas circunstancias favorables no son siempre usadas en esa forma. Ellas pueden ser una tentación para conducir a una vida de ociosidad y suficiente comodidad. Ellas ofrecen oportunidades para una caza irrestricta de placeres, lo que puede conducir a libertinaje. Cuando se reacciona en esta forma, ellas están aptas para aumentar el egoísmo del individuo, y de ese modo, retardan su evolución. Bajo estas condiciones, las que parecían ser circunstancias favorables, realmente se tornan en Karma "malo."

Pobreza, penas, mala salud, de la misma manera, pueden ser Karma "bueno" o "malo," de acuerdo a la reacción que producen en el individuo que las experimenta. La adversidad es el maestro más efectivo que el éxito, y puede, si se desarrolla entereza, paciencia y resistencia, consolidar el carácter de un hombre. Si se reacciona de esta manera, la adversidad promueve la evolución del hombre, y aunque no es placentero el experimentarla, es verdaderamente Karma "bueno."

Ya sea que el Karma sea "bueno" o "malo," no depende tanto de las circunstancias en las que nos encontremos, sino en la manera en la que reaccionamos ante ellas.

Por lo tanto, lo que es Karma placentero, no es necesariamente "buen" Karma, y lo que Karma desagradable, no es necesariamente "mal" Karma.

Karma y Venganza

Cuando el efecto de una acción pasada se nos viene encima, podemos reaccionar en diferentes formas. Supongamos que sea una observación poco amistosa la que se nos regresa. Si la podemos aceptar sin represalias, si "absorbemos el golpe" sin tratar de tomar revancha, entonces aquí hemos equilibrado el efecto y hemos cerrado la cuenta. Pero si la reacción que tenemos es de ofendernos, si "tiramos la pelota de regreso" a nuestro adversario, ponemos una causa nueva en movimiento, la cual en su debido tiempo, se nos retornará, y el proceso se repetirá una y otra vez, hasta que aprendamos a no tomar represalias. "Porque el odio nunca es vencido por el odio mismo en ningún tiempo. El odio muere sólo mediante el amor. Esta es la regla antigua," dice la vieja escritura budista, The Dhammapada.

El deseo de tomar venganza se presenta cuando tenemos el sentimiento de que hemos sufrido alguna injusticia, lo cual pensamos que debería retornarse a fin de restaurar el equilibrio. Pero si nos damos cuenta que cada suceso está gobernado por el Karma, reconoceremos que el sufrimiento nos tocaba a nosotros, y que no hubo verdadera injusticia envuelta. También vemos que quien nos causó daño, al hacer eso, ha establecido la plataforma para que un daño igual le acontezca, porque el Karma, inevitablemente, se lo traerá a él sin ninguna acción de parte nuestra.

"Mía es la venganza y la retribución," dice El Señor, de acuerdo a Moisés. (Deuteronomio 32:35) En otras palabras, no es para el hombre el tomar venganza por él mismo, sino dejárselo a la Naturaleza y a la Ley de Causas y Efectos. Si el hombre insiste en tomar venganza, por ello, está sembrando la semilla para que se le regrese el mismo daño en el futuro. La única forma que funciona, es retornar bondad por maldad, como se enseña en el Dhammapada y también por Jesús.

En el Sermón de la Montaña, Jesús dice: "Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, diente por diente. Pero Yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra" (Mateo 5:38-9). Y en los versículos que siguen, hay muchos más preceptos, todos basados en el principio de retornar bien por mal.

El dicho referido por Jesús, se encuentra en Éxodo 21:23-5. Allí, al referirse al castigo que seguirá sobre el hacer maldad, afirma que: ". . . entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe."

Así, notaremos que esta es una declaración concisa de la Ley de Causas y Efectos, o Karma, porque ella afirma que por cada maldad hecha, un castigo igual seguirá. Pero como Jesús dice, esa máxima mosaica no debe tomarse como guía para nuestras acciones. Ellas deberían gobernarse por el principio de retornar bien por mal.

"Interfiriendo con el Karma"

Si el sufrimiento de un individuo se debe a su Karma, ¿Es acertado interferir con el proceso al tratar de mitigar el sufrimiento?

La primera regla para todas nuestras acciones debería ser la Ley de la Misericordia: es nuestro deber seguir el impulso natural con base en la solidaridad humana y prestar toda la ayuda posible al que sufre.

Además, no estamos en la posición de juzgar lo que es, o lo que no es, Karma de alguien más. ¿Cómo podríamos saber, sino que es Karma del que sufre lo que debemos mitigar, y el fracaso de nuestra parte de prestar ayuda puede ser una interferencia con el Karma, más bien que ejecutar la acción de prestar tal ayuda? "Inacción en un hecho de misericordia se convierte en una acción de pecado mortal," dice una escritura hindú antigua (El libro de los Preceptos de Oro. Vea La voz del Silencio, de H. P. Blavatsky).

Cuando hemos prestado tal ayuda, si estuvo a nuestro alcance, nuestro deber está cumplido. Entonces, todo dependerá en cuanto a qué exactamente es el Karma del que sufre. Si es para ser mitigado, nuestra ayuda es efectiva; de lo contrario, fracasará en su propósito.

No es posible interferir con el Karma de alguien, en el sentido de removerlo como causa, porque el Karma debe ser experimentado, pero puede volverse más tolerable por el amor piadoso de algún amigo solidario. Esto genera una fuerza benéfica que toca y que el que sufre advierte, y le ayuda a reanimarse bajo su sufrimiento. Se "mezcla" con el dolor y lo vuelve más fácil de soportar.

Karma y el Perdón de los Pecados

Existe una creencia mantenida por muchos, de que por orarle a un cierto poder superior, o por adoptar cierta fórmula de salvación, se puede conseguir el ser aliviado de experimentar los efectos de las acciones perversas. Las ideas que sostenemos influencian nuestras acciones, y una creencia de que podemos escapar de las consecuencias de nuestros actos, nos conduce a pensar que no nos es vitalmente importante estar conscientes en cómo actuamos, porque el efecto de la maldad puede ser siempre eliminada al orar pidiendo perdón. Aquellos que sostienen esta creencia actúan sin prevención seria de las consecuencias, y de ese modo, pueden acarrear desgracias, tanto a ellos como a los demás.

Porque una creencia en el perdón de los pecados tiene este efecto perjudicial, se vuelve importante determinar si esto es una suposición razonable en la cual se base el futuro o el destino de alguien.

Debe notarse que la doctrina del perdón de los pecados se contradice con la del Karma. Por lo tanto, las dos doctrinas no pueden ser ciertas al mismo tiempo.

El efecto de las acciones de maldad nunca podría ser eliminado, a menos que fuera posible suspender la Ley de Causas y Efectos, y dado que ésta es una ley de la Naturaleza y no una sentencia artificial hecha por el hombre, ella no puede ser suspendida. Sabemos que esto no sucede en el mundo material, y tal creencia no le daría base a nuestras acciones en los asuntos prácticos de la vida diaria.

Sin embargo, este es el efecto que esperamos que la Naturaleza haga, cuando oramos pidiendo que seamos liberados de las consecuencias de nuestra maldad. Entonces le pedimos a la Naturaleza que rompa sus propias leyes, y que haga excepciones en los casos donde nos gustaría estar exentos de las consecuencias. Pero en los casos en los cuales hemos hecho algo estimable, queremos que la misma ley se vuelva muy operante para recibir el fruto de nuestra labor.

Si tuviéramos éxito una vez al evadir las consecuencias de nuestros actos, lo trataríamos una y otra vez, y los demás harían lo mismo. Así, las leyes de la Naturaleza se podrían poner a un lado, y el hombre no aprendería la lección que provocó mediante una acción imprudente. Un Universo en el que esto podría pasar, sería un Universo sin ley, en el cual toda evolución sería imposible.

Cuando un hombre se enfrenta con la necesidad siempre recurrente de seleccionar, lo cual es una confrontación de a diario, el Karma le da la información que necesita para hacer una decisión sabia, y le advierte lo que sucederá si no lo hace. Después de ello, está en el hombre por él mismo, el que use su libre albedrío, para que así obtenga su experiencia.

Un errante que llega a la bifurcación de un camino, encuentra allí un rótulo de tráfico que le dice que uno de los caminos a tomar, el del egoísmo, conduce a un pantano de desgracias; mientras que el otro camino, el del altruismo, conduce a la tierra firme de una vida feliz y armoniosa, que se puede salvar por él mismo sin necesidad de sufrimiento, lo cual haría más fácil su evolución, si él hace caso a la advertencia que le proporciona el rótulo.

Si él no hace caso porque espera obtener una ventaja provisional, y deliberadamente escoge el camino que al final conduce a la infelicidad y la desgracia, él sólo se tiene a sí mismo para inculparse por el resultado, porque él fue prevenido, y fue libre de tomar el otro camino.

Cuando el efecto de su acción imprudente lo alcanza, él sufre, y este sufrimiento, si se medita a la luz del Karma, le ayudará a hacer una decisión más sabia la próxima vez que se le presente una oportunidad similar. Paradójicamente, él se da cuenta que el tiempo para "ocurrencias tardías" es antes de que la decisión se tome.

La doctrina del perdón de los pecados es también una señal en la bifurcación del camino. Por supuesto que le dice al viajero que tome el camino hacia la tierra firme, pero añade que, si él toma el camino al pantano y empieza a hundirse, él puede salir de su problema al pedirle a alguien más a que venga y tome su lugar. Esa señal puede ser una lectura confortante, pero ¿Estará satisfecha la Naturaleza con ese arreglo? ¿Recibirá ella un impulso desde cierta dirección y tornarla en una dirección diferente? ¿Cambiará ella sus leyes porque cierta señal lo pide? ¿Adónde se ve una evidencia como ésta en el mundo material? ¿No arriesgaríamos nuestro bienestar material sobre tal creencia? ¿No es todavía más importante no arriesgar nuestro bienestar moral por ello?

El Karma y la Curación Mental

Las enfermedades son el resultado de nuestras maneras malas de pensar, y los sentimientos y actuaciones consecuentes que se originan de nuestra parte, ya sea en esta vida o en las pasadas. De esta forma, los trastornos que se producen en nuestra naturaleza interior, gradualmente trabajan su medio desde el plano mental, a través de etapas intermedias, hasta el plano físico, en donde se manifiestan como enfermedades. En lugar de buscar a la enfermedad como algo que se debe evitar, deberíamos mirarla como un proceso de purificación benéfico que pretende restaurar la armonía interior y la salud. Es la última etapa del esfuerzo de la Naturaleza de deshacerse del sistema de los efectos de maldades anteriores.

Cuando los trastornos se manifiestan en el cuerpo físico como enfermedades, le podemos ayudar a la Naturaleza en su trabajo, al usar esos medicamentos que se conocen que ayudan a eliminar la enfermedad del cuerpo, sin dañarlo permanentemente. Un estado de ánimo alegre y optimista, también puede ser de gran ayuda para ese propósito.

Para "curar" una enfermedad por medio del pensamiento, o ese proceso conocido como Curación Mental, que usualmente toma la forma de denegación de la enfermedad y una afirmación de salud, puede prevenir a la enfermedad para que se manifieste a través del cuerpo físico. Pero esto no remueve la causa. Se ha invertido el proceso natural y se ha retornado el efecto al plano mental, en donde es reimplantado como causa. Aquí yace en espera de otra oportunidad para manifestarse, y puede ser reforzada por una nueva cosecha de causas parecidas, que podría ser el resultado de más maldad y sus bien conocidas consecuencias. Así, al crecer su fuerza, el tiempo vendrá cuando rompa todas las barreras, y se manifieste finalmente como una enfermedad, la cual puede ser aún más desastrosa que la que se evitó originalmente.

"Sufrimiento Inmerecido"

Cuando somos incapaces de reconocer su causa, es difícil para nosotros el reconocer la justicia del sufrimiento que es posible que tengamos que soportar. Este es especialmente el caso cuando vemos que un individuo, quien ha vivido una vida sin manchas, de repente es afligido con una enfermedad dolorosa o fatal. Para un Ego Humano, que se autoidentifica con su Personalidad, y por lo tanto, ve solamente lo que le ha sucedido durante su existencia presente, tal sufrimiento, por supuesto, parece ser inmerecido. Pero para el Ego Superior o Reencarnante, el cual es el mismo a través de una serie de reencarnaciones, se conoce que es justicia kármica. Fue el Ego Reencarnante que, juntamente con su Personalidad previa, sembró la semilla del sufrimiento en el pasado, y es el mismo Ego Reencarnante que, juntamente con su nueva Personalidad, sufre el efecto en la encarnación presente.

Pero porque el sentimiento de injusticia que experimenta el Ego Humano durante la vida, aunque no se base en hechos, todavía le parece muy verdadero al Ego Humano si se toma en cuenta su visión limitada; por lo tanto, a ese Ego se le da el derecho a tener una compensación por esta injusticia aparente, y eso lo recibe en su condición post-mortem de sueños bienaventurados.

Ajustes Continuos

El Karma está continuamente haciendo ajustes entre causas y efectos. Estos ajustes no siempre, y en una sola operación, restauran el equilibrio, pero se acercan al blanco, un poquito arriba o abajo del objetivo. Esto es especialmente cierto en el caso de "Karma de Grupo," donde es solamente razonable suponer que debe haber diferencias en grado entre la culpabilidad kármica de los miembros del grupo. El Karma es justamente para el promedio del grupo, pero puede ser demasiado severo para algunos, mientras es menos severo para con otros. Así, tales residuos desequilibrados serán tomados en cuenta en futuros sucesos, tanto favorable como desfavorablemente, dependiendo del caso.

El Karma es como el medidor del gas; si se nos sobrecarga en un mes, eso se compensará en el mes siguiente, pero cuando la lectura final se tome, no habrá residuos. Como el péndulo, que se detiene exactamente en la posición media, así mismo el Karma se detendrá cuando la causa y el efecto se equilibren exactamente.

Juzgando a Otros por sus Karmas

En el caso de que nos inclinemos a juzgar a nuestros prójimos por sus Karmas, sería muy recomendable recordar que alguien que esté experimentando sufrimiento y dolor, puede haber sembrado las semillas para ello hace muchas encarnaciones, y desde ese tiempo, puede haber cambiado su carácter para su beneficio. Además, al hacer un juicio cruel para con los demás, sembramos la semilla del criticismo para que sea dirigida en contra nuestra, cuando sea posible que tengamos que experimentar algún sufrimiento kármico.

Acelerando el Karma

Existe otra razón por la cual las experiencias externas no deben ser de crítica para que se juzgue el carácter de una persona. Alguien que haga un esfuerzo serio de autodominio y de autosuperación, por esa acción está invitando a su viejo Karma a que emerja. En cuanto más desinteresadamente esto se haga, lo más acelerado será el Karma para traer sobre la persona la acumulación de efectos, lo cual, bajo condiciones normales, podría haber sido distribuido sobre un período largo de tiempo. El caso puede compararse al de un estudiante que toma un programa serio de entrenamiento que requiere mucho trabajo duro. Su vida puede parecer nada prometedora y austera, cuando se la compara con la de otro estudiante que está viviendo todo el tiempo sin propósito, cómodamente y sin esfuerzos. Al juzgar superficialmente, podemos concluir que la vida del vago es para preferirse, cuando en verdad es un estancamiento. Visto en su luz verdadera, una vida de sufrimiento puede indicarnos que un Alma está acelerando su evolución, y autoajustándose para un trabajo grandioso que va a ser llevado a cabo en el futuro.

Casos Anormales

Algunas veces nuestro Karma nos llega a través de procesos impersonales de la Naturaleza, y otras veces, a través de las acciones de nuestros prójimos. La Naturaleza no se equivoca, y nos regresa todo lo que nos es debido y ninguna otra cosa más. En todos los casos normales, cuando el Karma nos alcanza por medio de nuestros prójimos, los efectos también están de total acuerdo con lo que nos es debido.

Pero es posible que haya casos anormales. Se concibe que un ser humano pervertido podría deliberadamente y con intento maligno, hacerle daño a otros, lo cual, en algunos casos, sus Karmas no tendrían que haberlo soportado.

Si esto pudiera suceder, el Karma hará ajustes mediante una compensación adecuada a la víctima. El hechor del acto, por otro lado, por su acto de maldad, ha sembrado la semilla de una experiencia similar, la cual, en su debido tiempo, él tiene que recoger.

¿Es Injusto Sufrir por Hechos Olvidados?

La protesta siguiente es frecuentemente hecha al Karma: "Es injusto que debamos sufrir por hechos que desde hace mucho tiempo han sido olvidados."

Si nos oponemos al Karma sobre el fundamento de que, algunas veces, hemos olvidado la causa de nuestro sufrimiento, nos deberíamos preguntar a nosotros mismos si también nos oponemos cuando el Karma nos trae provecho, el cual ganamos por un hecho largamente olvidado. Si no nos oponemos a las utilidades, ¿Es justo oponernos a la desgracia?

Si actuamos al contrario de nuestro sentido de lo justo y de nuestro mejor juicio, y si el efecto sigue rápidamente, vemos la conexión entre nuestro acto y el sufrimiento que sigue, y reconocemos la justicia de lo que nos sucede. Pero supongamos que el efecto se demora, aún más allá de la muerte, ¿Altera eso la justicia intrínseca del sufrimiento que finalmente debe seguir?

¿No es un caso frecuente que los individuos que hacen lo que saben es incorrecto, si el efecto se demora, quieren olvidar, y en verdad, pronto olvidan sus delitos, confiados en la creencia de que ningún efecto desfavorable seguirá? Tiempo después que el hecho es olvidado, tal vez más tarde en esta vida, tal vez en una encarnación siguiente, el efecto sí se materializa en la forma de sufrimiento o en alguna desgracia. Entonces, la "víctima" de este sufrimiento, indignada pregunta: "¿Qué he hecho para que esto me suceda?" Él no lo sabe, pero él sabía que estaba equivocado en el momento que cometió el hecho. Las desgracias que nos vienen ahora, y que parecen no merecidas, son los resultados de nuestros delitos pasados, y nuestros delitos de ahora nos serán devueltos como sorpresas similares y desagradables en el futuro.

Si por el mero olvido de un acto se anulara su efecto y nos aliviara de responsabilidad por él; entonces, una memoria pobre sería una ventaja valiosa.

Como sea, bien sabemos, y lo comprobamos por nuestras acciones en los asuntos comunes de negocios, que si alguien ha tomado prestado algún dinero de nosotros, y cuando debe pagarse de regreso, alega que ha "olvidado todo acerca de ello," y que es injusto que él debiera tener que pagar, nosotros definitivamente no aceptamos esto como una excusa válida para no efectuar el pago. Entonces, ¿Cómo podemos esperar que nuestro olvido interfiera con la operación de la Ley de Causas y Efectos?

Si no aceptamos las doctrinas del Karma y la Reencarnación, entonces, ¿Cómo nos explicaríamos el sufrimiento que no tiene causa visible?

Si aceptáramos a la herencia como una causa, sufriríamos por los pecados de nuestros antepasados, los cuales no podríamos incluso olvidar, porque nunca supimos algo acerca de ellos. Esto le da a la herencia una explicación más injusta que al Karma.

Si aceptamos la teoría de los teólogos, de que Dios creó al hombre al nacer, entonces no tenemos parte en producir el sufrimiento que ahora soportamos, sino que Dios es el responsable por ello.

Si tomamos el análisis que los materialistas sostienen, de que el hombre es el producto de fuerzas naturales ciegas, entonces nuestro sufrimiento se debe al trabajo imperfecto de esas fuerzas, sobre las cuales no tenemos control.

La explicación ofrecida por la herencia, por los teólogos y por los materialistas, no le permiten parte al hombre para causar el sufrimiento que debe soportar. ¿No son esas explicaciones más injustas que las del Karma, el cual enseña que el hombre, por él mismo, es la causa de su propio sufrimiento y de su propia buena suerte, aunque él haya olvidado los actos que les dieron origen a esos efectos?

¿Son los Efectos Demorados Conducentes a la Maldad?

Debido a que el efecto de los hechos de maldad puede ser demorado por mucho tiempo, muchas protestas se le han imputado al Karma, debido a la tentación de hacer caso omiso del castigo justo futuro, lo cual dejaría sólo la posibilidad de aceptar la ventaja presente, y ésta sería demasiado fuerte, y daría como resultado el hacer más maldad libremente.

Esta objeción, ¿No aplica todavía más fuertemente a la doctrina del perdón de pecados, o a una creencia en la suerte? Si una de estas dos teorías fuera correcta, los efectos de la maldad podrían ser evitados enteramente.

El Karma enseña lo que todo observador debe saber para que se dé un hecho, es decir, que el efecto no siempre sigue inmediatamente después de su causa. Pero el Karma no asegura que el efecto será demorado. Puede ocurrir inmediatamente, pero si se demora o no, como quiera que sea, es ineludible. Cualquiera que todavía se incline a jugar con el destino, debería revisar sus experiencias pasadas, y ver si él no se ha encontrado con accidentes o desgracias a las cuales no pudo asignarles causa. Esas experiencias son los castigos justos demorados por delitos pasados que ahora lo alcanzan. En algún pasado largamente olvidado, él razonó, como lo hace ahora, que el castigo justo probablemente sería demorado por tantísimo tiempo, que él podría ignorarlo. Pero ahora, cuando el efecto de su delito le acontece, lo resiente y le parece que ha sido escogido por el destino para sufrir injustamente. El "futuro," que pareció tan lejano cuando cometió el hecho, ha arribado: es el tiempo presente, y el efecto no fue menos doloroso porque se demoró. El razonamiento autoengañoso del pasado, no ayudó a evitar su desgracia de ahora. Entonces, ¿Se debería aplicar nuevamente en el futuro?

Con nuestra experiencia presente ante nosotros, y dándonos cuenta que podemos tener muchas más desgracias esperándonos, tal vez "exactamente al doblar la esquina," cualquier tentación de maldad, basada en la esperanza de que el efecto podría ser pospuesto, debería perder todo su atractivo.

Karma-Némesis y el Karma Amigo

Aquellos que consideran al Karma una doctrina severa y fría, porque enseña que debemos enfrentarnos a las consecuencias de nuestros actos, piensan solamente en el aspecto punitivo del Karma.

En la Mitología Griega, este aspecto del Karma fue simbolizado por Némesis, la diosa de la justicia de castigo, quien fue representada como cazadora implacable del culpable, hasta conseguir que fuera debidamente castigado. Pero esto es solamente la mitad de la doctrina, y el Karma puede ser visto como un ángel guardián, exactamente como a la deidad vengadora que protege al inocente del daño, como con seguridad ella castiga al culpable. El Karma es nuestro amigo tanto como nuestro maestro severo, porque él recompensa nuestras acciones buenas, así como con seguridad castiga nuestros delitos. El aspecto amistoso y más feliz del Karma es, por supuesto, exactamente tan importante como el aspecto de Némesis, y debiera ser enfatizado tan fuertemente como su equivalente negativo. La única razón por la que tanto se ha dicho acerca de Karma-Némesis y tan poco de Karma, el amigo, es el hecho de que casi todos aceptan lo último como una explicación necesaria, mientras se rechaza lo primero como injusto.

El Karma y Sus Doctrinas Compañeras

La doctrina del Karma es solamente una de las que colectivamente forman la Sabiduría Antigua. Ninguna de esas enseñanzas es completa por sí sola; todas mutuamente dan luz sobre sus doctrinas compañeras. Cada una de ellas, por lo tanto, debería ser estudiada en su relación con las otras, a fin de apreciarlas debidamente.

Por ejemplo, el Karma, si se ve como una doctrina sola, puede parecer fría y mecánica. Pero cuando se comprende que el propósito de la vida es la evolución del Alma, entonces se puede ver que el Karma es de valor inestimable para el hombre, porque es una afirmación de la ley que gobierna su evolución. Señala el camino correcto, y le advierte de los peligros.

La unidad fundamental de toda vida es otra doctrina muy cercanamente relacionada al Karma. El hecho de que todos los hombres interiormente están unidos, y que todos tienen el mismo objetivo final, vuelve armoniosa la condición natural de las relaciones entre los hombres. El Karma promueve esa armonía, al enseñar que nuestros propios hechos nos serán retornados, y por esa razón, provee la sabiduría de la acción altruista.

La evolución, la unidad de toda vida y la Reencarnación, son todas vínculos en la misma cadena de ideas, y todas son necesarias a fin de presentar al Karma en su luz verdadera.

En el Karma yace la esperanza de construir un mundo mejor, porque enseña que todo esfuerzo cuenta, y que dará fruto. Podemos convertir al Karma en nuestro amigo, y no hay necesidad de que sea severo, a menos que lo obliguemos a que se comporte en esa forma.

El Karma y la Teoría de una Sola Vida sobre la Tierra

Cualquier individuo serio que observa la vida alrededor de él, debe haber sido golpeado por las desigualdades, injusticias y desgracias de toda clase que afligen a muchos seres humanos. Él se da cuenta de casos en donde el inocente sufre, mientras el culpable está libre, donde el honesto fracasa, mientras el deshonesto prospera. Él observa que algunos hombres son dotados y talentosos, mientras otros tienen capacidades muy limitadas; que algunos tienen una salud robusta, mientras otros son inválidos de por vida. Él ve esas y toda una variedad de otras desigualdades, y se pregunta: "¿Por qué toda esta injusticia? ¿Por qué no somos todos saludables, talentosos y prósperos?"

Buscando una respuesta a estas preguntas, él examina teorías actuales respecto al hombre y el mundo en que vive. Encuentra dos líneas principales de pensamiento, una presentada por la religión ortodoxa, y la otra sostenida por los materialistas. Esos dos grupos tienen criterios extensamente divergentes en algunas consideraciones, el teólogo cree que el hombre es creado por Dios, el materialista sostiene que él es el producto de energías materiales que operan en la Naturaleza. En otros puntos de vista, ellos sostienen criterios similares. Ambos pueden ser llamados "Creacionistas," porque ambos asumen que el hombre es creado al nacer. Ellos también están de acuerdo en dar por sentado que el hombre está limitado a una sola vida sobre la tierra.

Si estas últimas suposiciones son ciertas, el hombre no es responsable por lo que él es, o lo que él hace, o por las circunstancias de la vida en las que él mismo se encuentra. Todo esto fue predeterminado para él por el poder que lo trajo en existencia, ya sea que ese poder sea Dios, o las fuerzas de la Naturaleza.

Las desgracias que le acontecen al hombre son, bajo esas condiciones, injusticias verdaderas, infligidas sobre él por agentes extraños, y él sufre efectos que él no causó; él cosecha lo que no sembró. En otras palabras, el supuesto de que el hombre es creado al nacer, y que está limitado a una sola vida sobre la tierra, lo conduce a la conclusión ineludible de que la vida del hombre no está gobernada por la Ley de Causas y Efectos. Y viceversa: Si la Ley de Causas y Efectos gobierna la vida del hombre, entonces la suposición precedente debe estar equivocada.

La creencia en el creacionismo y en una sola vida sobre la tierra es incompatible con una creencia en la Justicia y en la Ley de Causas y Efectos, como principios gobernantes en la vida humana. Las dos proposiciones son la antítesis, una de la otra.

Ninguna desgracia le puede acontecer a un hombre, a menos que la haya traído con él, y desde que algunas desgracias empiezan con el nacimiento, ¿Cómo las pudo el hombre haber acarreado con él, a menos que hubiera existido antes de nacer?

Además, hay muchas causas puestas en movimiento por el hombre que no se cumplen antes de la muerte. ¿Cómo esas causas pueden ser equilibradas equitativamente, si la muerte del cuerpo significa la muerte del Alma?

Una explicación de las desigualdades de la vida de acuerdo con la Justicia, vuelve requisitos imperativos la existencia del Alma, antes de nacer y después de la muerte.

La doctrina de la Reencarnación satisface esos requisitos. Explica las injusticias aparentes que por ahora el hombre sufre, como los efectos de sus propios hechos anteriores; y que finalmente, él recogerá todo lo que él ha sembrado.

Entonces, advertimos que la doctrina de la Reencarnación es una consecuencia de la Ley de Causas y Efectos. Si la última opera en la vida humana, la Reencarnación debe ser un hecho.

No hay desacuerdo entre Creacionistas y Reencarnacionistas en cuanto a nuestra actual vida sobre la tierra. El desacuerdo tiene que ver con lo que precede al nacimiento, y lo que sigue después de la muerte.

Los Maestros de Sabiduría, quienes han alcanzado una etapa superior en evolución, y pueden ingresar en los planos internos de existencia en una posesión total de sus conciencias, nos dicen que la Reencarnación es un hecho, pero hasta que el individuo común haya alcanzado esta etapa, él tiene que ser satisfecho con teorizar con lo que ocurre en esos planos. Si la Reencarnación para él es solamente una teoría, debiese ser recordado que las creencias del Creacionista y el materialista también son solamente teorías, sin el apoyo de la observación directa.

El valor comparativo de esas teorías tendrá que ser determinado por sus habilidades de explicar la vida, y sus acuerdos o desacuerdos con tales hechos de la Naturaleza, como son conocidos.

El supuesto de que el Alma del hombre fue creada, o entró en existencia al nacer, no está de acuerdo con el conocimiento que tenemos del plano material. En este plano ha sido establecido que la materia y la energía son indestructibles, una realidad referida como la Ley de la Conservación de la Energía. La materia y la energía pueden experimentar muchas transformaciones, pero nunca fueron creadas, y nunca pueden ser aniquiladas o destruidas.

El Alma del hombre o conciencia, es energía de alguna clase, y pertenece a los planos mentales-espirituales internos e invisibles de la Naturaleza. Esos planos internos e invisibles son, exactamente, una parte de la Naturaleza, y sujetos a sus leyes, como lo es el plano material externo. La Ley de la Conservación de la Energía, por lo tanto, debe tener su equivalente en el lado oculto de la Naturaleza, y las energías mentales-espirituales deben ser, así mismo, indestructibles en sus respectivos planos, como lo son sus homólogas en el plano material. Y si ellas son indestructibles, ellas no pudieron haber sido creadas, sino que deben haber existido siempre. Lo que no tiene fin no puede haber tenido comienzo. Lo que es de duración infinita en el futuro, debe haber sido de duración infinita en el pasado.

Las teorías de una sola vida sobre la tierra y la Reencarnación, ahora pueden ser comparadas; y así, la conclusión a la cual conducen puede ser obtenida.

La creencia de que el hombre comienza su existencia al nacer no puede ser reconciliada con una creencia en la Justicia, o que el hombre recoge lo que siembra; y por lo tanto, es contraria a la Ley de Causas y Efectos.

Una creencia de que el Alma existió antes de nacer, armoniza con una fe en la Justicia, porque explica cuando y donde el hombre sembró las semillas que resultaron en las desigualdades e "injusticias" de nacimiento; y por lo tanto, está en armonía con la Ley de Causas y Efectos.

La creencia de que el hombre es creado al nacer, está en pugna con la Ley de la Conservación de la Energía, la cual declara que la energía no puede ser creada ni aniquilada.

Una creencia en la preexistencia e indestructibilidad del Alma está de acuerdo con la Ley de la Conservación de la Energía.

Una creencia en repetidas vidas sobre la tierra explica que las causas sembradas por el hombre, las cuales todavía no han sido equilibradas, traerán su efecto en alguna vida futura del hombre sobre la tierra.

Entonces, es aparente que la doctrina de la Reencarnación se conforma a las leyes conocidas de la Naturaleza, mientras que las teorías de los Creacionistas son contrarias a esas leyes.

Es difícil de entender cómo una creencia que es tan ilógica, como la teoría de una sola vida sobre la tierra, puede haber subsistido, y a la vez sostenido tanta influencia sobre las mentes de los hombres, especialmente en el Occidente. La única explicación admisible para ésto, es el hecho de que no hubo otra teoría disponible.

Después de la condena de la doctrina de la Reencarnación por las autoridades de la iglesia del siglo sexto, ninguna referencia fue hecha a ella en las enseñanzas de la iglesia. Esto dejó a la teoría de una sola vida sobre la tierra sin ningún competidor, y de allí en adelante, fue aceptada, generación tras generación, sin desafío como para discutir su validez. Pero desde que las enseñanzas de la Sabiduría Antigua nuevamente han sido traídas a la atención del Occidente, la teoría de una sola vida sobre la tierra ya no es la única en el terreno. Ahora debe enfrentarse a una comparación con la doctrina de la Reencarnación.

Una creencia de que estamos aquí por tan sola una vez no tiene base para su existencia más que el hecho de que lo hemos heredado de nuestros antepasados, y de que ciertas indicaciones exteriores parecen estar a su favor. La mayor entre ellas, es el hecho de que no recordamos nuestras vidas pasadas; como tampoco podemos mirar dentro del futuro, y ver que está en depósito para nosotros. De lo que sí estamos seguros es de nuestra vida presente sobre la tierra, y sin investigar más allá, hemos dado por sentado que ésta es la única vida que hemos tenido, o que tendremos aquí.

Pero las indicaciones exteriores pueden ser de apariencia engañosa. Hemos sido engañados antes por ideas que, al principio, fueron generalmente aceptadas y consideradas irrebatibles, pero después se comprobó que estaban completamente equivocadas.

Por ejemplo, durante cierto tiempo, se aceptó como evidente y fuera de todo argumento, la creencia de que la tierra era plana, y que además, era el centro del Universo. Pitágoras, quien enseñó que el sol era el centro del Universo, y que la tierra era una esfera, fue atacado vigorosamente y ridiculizado por el Padre de la Iglesia, Lactancio (260-330 D.C.), por sostener tales criterios.

Al rechazar las ideas de Pitágoras, Lactancio escribió lo siguiente:

¡La locura de este viejo amigo debe ser ridiculizada!
¿Cómo puede la gente creer que existen antípodas bajo nuestros pies? ¿Dice eso algo que merezca la atención? ¿Hay alguien tan estúpido como para creer que existen hombres viviendo en el envés de la tierra, cuyos pies, en esa forma, están más altos que sus cabezas? ¿O que las cosas que con nosotros crecen para arriba, con ellos cuelgan sus cabezas hacia abajo? ¿Que las cosechas y los árboles crecen hacia abajo? ¿Que las lluvias, la nieve y el granizo, caen hacia arriba de la superficie de la tierra?. . . Esa gente pensó que la tierra es redonda como una pelota . . . y que tiene montañas, extiende praderas, y contiene mares a nivel, allí bajo nuestros pies, en el lado opuesto de la tierra: y si es así, sigue que por todas partes, esa tierra estaría habitada por hombres y bestias. ¡Así, la rotundidad de la tierra conduce a la idea estúpida de esos antípodas colgando hacia abajo! . . . No sé absolutamente qué decir acerca de esa gente, quienes, después de haberse equivocado en algo, consistentemente perseveran en su locura ridícula, y defienden una noción vana y falsa, por otra . . . — De The Divine Institutes, por Lactancio, Bk III Capítulo XXIV, citado en The Esoteric Tradition por G. de Purucker.

Ahora sabemos que la idea que Lactancio tan efectivamente ridiculizó, estaba correcta, y que la teoría de la tierra plana que él aceptaba, estaba equivocada. Faltándole evidencia para lo contrario, él basó su opinión completamente en apariencias exteriores, y fue guiado a una conclusión errónea.

La teoría de una sola vida en la tierra, es otra creencia generalmente aceptada en el Occidente ahora. Domina nuestra manera de pensar en su propio terreno, tan completamente como lo hizo la idea de la tierra plana hace algunos siglos.

Pero la teoría de una sola vida en la tierra conduce a conclusiones que son imposibles de reconciliar con la Justicia y con un Universo ordenadamente gobernado por leyes. Es incapaz de resolver el problema del libre albedrío, y de demostrar que el hombre es moralmente responsable por sus acciones. Fracasa en explicar la herencia, el medioambiente y los accidentes, en armonía con la Justicia. Es el gran obstáculo que confunde nuestra manera de pensar, y nos previene de ver que somos nosotros quienes creamos nuestras propias desgracias.

Puesto que la teoría de una sola vida en la tierra ha causado tantos estragos en nuestra forma de pensar, y que ha producido tantos resultados desastrosos al privar al hombre de su fe en la ley y la Justicia, ¿No es tiempo para que esta teoría debiera ser desafiada, y que se haga un esfuerzo para determinar que justificación hay para que exista?

Todo lo que puede decirse a su favor es que ha sido aceptada por generaciones pasadas, y de que no hay evidencia exterior para contradecirla, y así, en la ausencia de alternativas, se le ha dejado incontestada para que continúe vigente.

La doctrina de la Reencarnación, por otra parte, resuelve todos los problemas que la teoría de una sola vida en la tierra deja sin resolver, y lo hace en armonía con la Justicia y las leyes del Universo.

A la luz de existencias repetidas, la secuencia de causa y efecto puede fácilmente ser entendida. El hombre, por sí mismo, es responsable por su herencia, su medioambiente, la buena o mala suerte que le puede acontecer, y él es moralmente responsable por todos sus actos.

Un Fragmento de una Larga Historia — Tratar de entender la vida sobre la base de la teoría de una sola vida sobre la tierra, es como tratar de entender un libro por leer una página en el medio de él. Los sucesos que son narrados en esa página, son los efectos de causas descritas en páginas anteriores, y no pueden ser entendidas, a menos que esas páginas sean leídas. Los efectos de actividades nuevas descritas en esta sola página, aparecerán en alguna página siguiente, o en un capítulo más tarde. El significado total de lo que la sola página relata, puede ser entendida solamente cuando el libro sea leído desde el comienzo hasta el final. Una sola vida no es más que "una página" en la historia interminable de un Alma en su peregrinaje hacia la perfección. Si pudiéramos leer el registro de nuestras vidas pasadas, tendríamos la explicación de todo lo que nos sucede en esta vida. Si pudiéramos mirar dentro del futuro, y ver lo que ocurrirá allí, veríamos el resultado de nuestras acciones presentes.

¿Puede haber una duda razonable en la mente de alguien que haga una comparación justa de las dos teorías, de que la doctrina de la Reencarnación resuelve los problemas de la vida con un mayor acuerdo con la Justicia y la ley, la lógica y el razonamiento, que como lo hace la teoría de una sola vida sobre la tierra?

La teoría de una sola vida sobre la tierra puede estar sólidamente atrincherada en las mentes del hombre de ahora, pero no olvidemos lo que le sucedió a la teoría geocéntrica. La historia puede repetirse por ella sola, y el día puede estar no tan lejano, cuando la teoría de una sola vida sobre la tierra se reunirá con la teoría geocéntrica en algún "museo" de ideas obsoletas, las cuales ya no obscurecerán felizmente nuestro horizonte mental.

La Reencarnación es la "Cuerda Perdida" en el pensamiento moderno que debe ser restaurada, para que la fe del hombre en la Justicia pueda ser restablecida.

El Karma es la ley que gobierna la vida del hombre. La Reencarnación es una doctrina compañera del Karma, y que explica cómo el Karma funciona.

El Karma y la Prueba Científica

El éxito grandioso alcanzado por la investigación científica en el lado material de la Naturaleza le ha dado origen a la creencia popular de que las teorías científicas son infalibles, y de que han sido comprobadas más allá de la posibilidad de la duda.

El método científico de prueba consiste en reunir todos los hechos conocidos respecto a algún fenómeno en la Naturaleza, y entonces, asumir alguna teoría que satisfaga esos hechos, y así, explicar el fenómeno. Si no se descubren nuevas realidades que contradigan esa teoría, entonces se considera comprobada.

Ningún científico responsable reclamará que tal prueba es la última, porque es reconocido que siempre existe una posibilidad que nuevos hechos puedan ser descubiertos, y que llamen por un cambio en la teoría, o tal vez, su completo abandono por una nueva y mejor.

El autor del libro de texto sobre Física usado en una de nuestras universidades más grandes, refiriéndose a una de las más importantes y generalmente aceptadas leyes de la Física, se expresó así: "Como todas las leyes físicas fundamentales, la ley de la conservación de la energía no es capaz de prueba directa, sino que es

una suposición consistente con todos los hechos conocidos, y será aceptada hasta que algún fenómeno sea descubierto con el cual esa ley no sea consistente.

Entonces, el conocimiento científico no puede ser calificado como infalible por sí solo, sino que tales teorías, por estar fundamentadas sobre hechos reales, al ser correctamente interpretadas son probabilidades fuertes y con el acercamiento más cercano posible a la verdad, basadas en la información disponible.

Si fuéramos a aplicar el método científico de prueba al Karma, en cómo nos afecta a los seres humanos, deberíamos tomar nota de todas las experiencias que encontramos durante la vida. Ellas son los "hechos y fenómenos" que tenemos que explicar conforme a la Ley de Causas y Efectos. Puesto que toda experiencia que encontramos puede ser explicada por la Reencarnación y el Karma como el efecto de nuestros propios actos, es aparente que la doctrina del Karma, con su compañera, la doctrina de la Reencarnación, "satisfacen los hechos" y por lo tanto, deberían ser aceptadas hasta que algunos nuevos hechos sean descubiertos con los cuales no sean consistentes. Por lo tanto, el Karma puede ser considerado demostrado por el mismo método que los científicos usan para demostrar sus teorías.

La Prueba Más Fuerte para el Karma

Los instintos morales del hombre, su sentido de "la capacidad de las cosas," su experiencia, la analogía, el razonamiento y la lógica, le dicen que este Universo está gobernado por la Ley de Causas y Efectos.

Como sea, la prueba más fuerte para el Karma yace en la realidad de que no hay alternativas. Lógicamente es imposible imaginar un suceso que ocurra sin una causa.

El Karma y las Religiones Grandiosas

En la Biblia hay muchas afirmaciones para el efecto de que el hombre "recogerá lo que siembre," de que él "recibirá de acuerdo a su obra," y eso es precisamente el fundamento de la doctrina del Karma.

No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. — Gálatas 6:7
Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. — Mateo 5:18
No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida que medís, os será medido. — Mateo 7:1-2
. . . porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. — Mateo 26:52
Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás. — Eclesiastés 11:1
Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. — Segunda Corintios 9:6
Sembrad para vosotros en justicia, segad para vosotros en misericordia . . . Habéis arado impiedad, y segasteis iniquidad; . . . — Oseas 10:12-13
Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto. — Apocalipsis 13:10
Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? — Mateo 7:16
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. —Mateo 5:7

Declaraciones similares pueden ser también encontradas en: Mateo12:36; Mateo 16:27; Job 34:11; Salmos 62:12; Proverbios 24:12; Jeremías 17:10; Jeremías 32:19; Romanos 2:16; Mateo 16:27; 2 Corintios 5:10; Colosenses 3:25; Apocalipsis 2:23; Apocalipsis 22:12

En el Anugîtâ, Cap. III, uno de los Upanishads, encontramos lo siguiente:

Cualquiera que sea la acción que el hombre ejecute, ya sea buena o mala, todo lo que sea hecho en un cuerpo anterior, debe necesariamente ser gozado o sufrido.

En el bello poema The Light of Asia, Sir Edwin Arnold habla de la historia de la vida de Gotama, el Buda, y también nos da algunas de sus enseñanzas. Refiriéndose al Karma, escribe:

KARMA — todo lo que totaliza un alma
Lo cual son las cosas que hizo, los pensamientos que tuvo,
El "yo" que tejió con la trama del tiempo sin perspectiva
Cruzado sobre la urdimbre invisible de los actos.
* * *
Sin comienzo y sin final,
Como espacio eterno y como seguramente cierto.
Está sujeto a un poder divino que mueve a lo bueno,
Solamente sus leyes perduran.
* * *
No conoce ira ni perdón; verdad absoluta
Mide limites, su impecable balanza pesa;
Los tiempos son como nada, mañana juzgará,
O después de muchos días.
Por esto, el cuchillo del asesino lo apuñaló a él mismo;
El juez injusto ha perdido su propia defensa;
La lengua falsa condena su mentira; el ladrón cauteloso
Y despojador, roba, para luego devolver lo robado.
Tal es la ley que mueve a la justicia,
De la cual nadie, al final, puede apartarse o detener;
Su corazón es amor, su final
Es paz y consumación dulce. ¡Obedece!
* * *
¡Los libros lo dicen bien, mis hermanos! La vida de cada hombre
Es el resultado de su vivir anterior;
Los errores pasados traen penas y aflicciones,
El pasado justo alimenta bienaventuranza.
Eso que cosechéis, segaréis. ¡Ve a lo lejos los campos!
El sésamo fue sésamo, el maíz
Fue maíz. ¡El silencio y las tinieblas lo sabían!
Así nace el destino del hombre.
Él es segador de lo que sembró,
Sésamo, maíz, tanto molde en nacimiento pasado;
Y tanta mala hierba y ponzoña, la cual lo estropea
A él y a la tierra dolorida.
Si él trabaja correctamente, arraigando éstas,
Y plantando saludables plántulas donde crecen,
Fructífera y bella y limpia será la tierra,
Y rica la cosecha que se espera.

Capítulo IX

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