El Enigma de la Vida por Nils A. Amnéus

Theosophical University Press Online Edition

Capítulo VII

Reencarnación

Abandono y Readopción del Cuerpo Humano
La Existencia del Ego Es Continua; Esa Noción de Existencia para el Ego Es Intermitente
Dualidad - Individualidad - Personalidad
Reencarnación y Pérdida de Memoria
Períodos Desproporcionados de Tiempo
¿Por Qué el Dios Interior Desciende a los Planos Inferiores del Ser?
El Simbolismo de la Crucifixión
Casos Especiales
Transmigración: Incomprendida, pero Fiel
Reencarnación a Través de las Edades

Abandono y Readopción del Cuerpo Humano

Se estableció en los capítulos precedentes que la evolución de toda Mónada o unidad de vida, se lleva a cabo mediante las experiencias obtenidas a través de las adopcioes repetidas de cuerpo físico en las diferentes formas de la Naturaleza.

Para comprender la doctrina de la Reencarnación, como se le llama a la readopción de cuerpos humanos del Hombre, se necesita entender muy claro cuál es la naturaleza compleja del hombre, así como también se necesita saber qué le sucede a esas partes que componen esa naturaleza cuando ellas se separan después de la muerte. Así que vamos a revisar brevemente lo que hasta ahora hemos dicho referente a este tema.

Recordaremos que el núcleo del ser humano y el origen de su existencia, es un Rayo de Divinidad, el cual es parte de la Conciencia Universal. Los diferentes principios de la naturaleza del hombre no son sino aspectos distintos de ese Rayo, los cuales actúan mediante diferentes vehículos en los numerosos planos de la Naturaleza.

Cuando el Rayo está activo en el plano material, él funciona mediante un vehículo físico, mental y humano, llamado cuerpo humano, con su cerebro y su mente.

Ese vehículo actúa como una "lente" que se centra sobre una cierta porción o aspecto del Rayo, y a esa combinación de vehículo y Rayo, la cual produce una imagen de identificación o conciencia personal, la hemos llamado el Ego Humano.

Cuando el cuerpo muere, el Ego Humano pierde la noción del plano físico-mental, porque la "lente" que la centraba a ese plano, se rompe. Así, el Ego Humano entra en una serie de experiencias que ya fueron descritas en el Capítulo VI — "Muerte - El Dormir - El Nacer." No obstante, le añadiremos los siguientes detalles:

Después de la segunda muerte, el Ego Humano depende de su vehículo mental-espiritual, o cuerpo espiritual, debido a su existencia consciente en el plano mental-espiritual. Sin este vehículo, no habría lente para centrar la conciencia en ese plano, lo cual daría como resultado que el Ego Humano permanecería inconsciente. Cuando está todavía dentro de un cuerpo humano en el plano material, o físico-mental, el Ego vive en su cuerpo espiritual, y lo usa durante sus períodos de aspiración, así también como cuando está atareado en su trabajo abnegado, altruista y despojado de egoísmo. De esta manera, el Ego ya es conocedor, en alguna forma, de este vehículo, y su nueva vida en el plano espiritual se convierte en una continuación de todo lo que fue grande y noble en su vida anterior. De esta manera, el vehículo mental-espiritual que el Ego usó antes de la muerte, es el mismo que usa después de la muerte, lo que le permite retener su identidad y de concebirse a sí mismo como ese Yo soy Yo durante su existencia terrenal. El estado de éxtasis dentro del cual la parte superior del Ego Humano entra después de la segunda muerte, parece un "ensueño," o se asemeja a lo que se siente al "soñar despierto," pero es mucho más vívido y absorbente que la experiencia común de la misma clase en el plano material.

En este proceso, el Ego vive nuevamente todas las experiencias felices de su vida anterior, y finaliza todas las aspiraciones nobles que durante su vida terrenal quedaron inconclusas.

Después de muchas eras, cuando el depósito de las energías espirituales que se acumularon durante la vida terrenal anterior del Ego ha sido agotado, y el último recuerdo feliz se ha disipado, ya no hay más material que tenga que ver con el Ego Humano anterior para que sea procesado, y en el cual el Rayo pueda centrar su atención. Entonces, el Rayo traslada su centralización al plano próximo superior, y el Ego Humano pierde la noción del plano mental-espiritual, en la misma forma como lo hizo anteriormente en el plano físico-mental, cuando el Rayo se retiró del cuerpo físico.

Cuando el Ego Humano pierde la noción del plano mental-espiritual, su esencia pasa dentro de un estado latente y permanece inactivo dentro del Rayo, como la vida germinal de una semilla, a medida que se repliega dentro de los planos superiores.

Todas las experiencias y lecciones aprendidas durante la vida pasada del Ego Humano, han sido compartidas con el Rayo, y ellas son ahora añadidas a las otras experiencias ganadas en existencias anteriores. Esa es la esencia sublimada de esa vida humana, la cual ahora constituye la cosecha permanente obtenida por el Rayo mediante su vehículo humano.

Ahora el ser humano completo existe como "proyecto" en los numerosos planos de la Naturaleza, a los cuales cada principio pertenece. Su aspecto superior es una proyección del Rayo y está preservado en el Rayo mismo, al cual ha regresado. Las partes intermedia e inferior existen como "proyectos" en forma de "simientes," cada una en su propio plano. Cada simiente, con su vida germinal, contiene potencialmente todas las tendencias y particularidades del carácter, ya sean buenas o malas, impreso en ese carácter, por la entidad durante su existencia previa.

Durante el período entre encarnaciones, la porción superior del Rayo está activa en su propio plano, pero cuando finaliza allí su ciclo de actividades, se apresta a continuar su evolución en el plano material. De esta manera, el Ego comienza su viaje de regreso a la tierra, a través de los diferentes planos intermedios, en donde las "simientes" latentes están a la espera del regreso del Rayo que las volverá a vigorizar y a reunir. Este viaje ya fue delineado en el Capítulo VI bajo el subtítulo: "El Rayo Reingresa a la Materia."

Ahora el Rayo debe construir su vehículo físico-mental nuevo, antes de que pueda restablecer contacto con el plano material. Por lo tanto, el Rayo proyecta la vida germinal durmiente del Ego Humano anterior, el cual es una porción del Rayo mismo, dentro de la existencia material, y esta vida germinal, animada por el Rayo, es la fuerza vital del embrión humano que se empieza a formar de acuerdo al "proyecto" diseñado, siguiendo los lineamientos de su vida anterior.

Ahora, la entidad que comienza a formarse es, por lo tanto, nada más que una porción o proyección del Rayo mismo, y esa proyección del Rayo es la parte permanente del Ego Humano. Es la misma proyección que produjo el Ego Humano durante nuestra última vida y de todas nuestras vidas anteriores. Será también la misma en nuestra próxima vida y en todas las demás por venir, pero a medida las épocas pasen, será una proyección mayor del Rayo la que se manifestará mediante una nueva constitución humana gradualmente perfeccionada.

El vehículo físico-mental, con su conciencia puramente personal, la "lente" en otras palabras, es nuevo, pero porque ha sido producido por el mismo Rayo, y construido sobre el mismo carácter, de acuerdo al "proyecto" diseñado básicamente en su última encarnación, es virtualmente una copia fiel de su yo anterior.

Por lo tanto, una entidad humana es, en su parte superior, una continuación; y en su parte inferior, una reproducción; y para construir la continuación y la reproducción, se usa de base al yo anterior.

La Existencia del Ego Es Continua
Esa Noción de Existencia para el Ego Es Intermitente

El Ego Superior, o Reencarnante, existe continuamente, y está "consciente" continuamente en su propio plano, el mental-espiritual.

La parte superior del Ego Humano, la cual es una proyección del Ego Reencarnante, existe continuamente, pero no tiene noción de esa continuidad. Él tiene conocimiento de sí mismo en el plano físico, donde él funciona mediante su vehículo físico-mental. Cuando duerme, él se vuelve inconsciente del plano físico, y en el plano mental-espiritual puede estar, ya sea parcial o completamente inconsciente.

Después de morir, al principio está completamente inconsciente. Después de la segunda muerte, gradualmente despierta a un conocimiento parcial del plano mental-espiritual, en donde experimenta el estado de felicidad y sueño "post-mortem," ya explicado anteriormente. En el caso de una naturaleza muy material y densa el Ego Humano puede permanecer completamente inconsciente entre encarnaciones.

Durante el período de sus bienaventurados sueños post-mortem, el Ego Humano todavía se autoidentifica con la entidad humana de su última encarnación. Al final de este período de sueño, él pasa dentro de una inconsciencia total, y pierde toda noción de su identidad anterior. Cuando el Ego Humano pierde la noción del plano mental-espiritual, se vuelve completamente inactivo, y permanece en estado latente hasta que, ya proveído con un cuerpo físico nuevo, él se vuelve otra vez consciente en el plano material.

El aspecto inferior del Ego Humano, o el Ego Personal, el cual se autoidentifica con el cuerpo físico durante su existencia material, pierde la conciencia y se desvanece cuando su vehículo, el cuerpo físico, se desintegra.

De esta manera, el aspecto superior del Ego Humano existe continuamente, parte del tiempo teniendo conocimiento y estando activo en el plano físico mediante su vehículo humano; mientras que en la otra parte del tiempo, se vuelve latente, ya sea inconsciente o parcialmente consciente en los planos internos.

Entre dos encarnaciones ha habido una ruptura en la continuidad del vehículo, y por lo tanto, también una interrupción en la continuidad del conocimiento de su existencia para el Ego, pero no ha habido ningún intervalo en la continuidad de su existencia, El Ego salva la abertura entre dos encarnaciones al retirarse a los planos internos, así como la vida del follaje de las plantas perennes se aloja dentro de la raíz entre dos temporadas de cultivo activo.

Al dormir, también existe una ruptura en la continuidad de las lentes, una parálisis temporal del cuerpo, una "muerte pequeña," y por lo tanto, una interrupción en la continuidad del conocimiento de su existencia por parte del Ego.

Cuando dormimos, tenemos una prueba definitiva de que la interrupción en la continuidad de nuestra conciencia, no significa que sea una ruptura en la continuidad de nuestra existencia, porque al despertar nuestra conciencia se restablece justo a como era antes de disponernos a dormir. El Ego reconoce su identidad con su yo anterior, porque el cerebro retiene el depósito de recuerdos de sus experiencias anteriores.

Tanto al dormir como al morir, el Ego salva la abertura entre los dos períodos de conciencia, al retirarse a los planos internos e invisibles. Ningún humano común entiende claramente que ocurre cuando dormimos, aún cuando él pasa a través de esta experiencia cada veinticuatro horas.

En el caso cuando dormimos, cuando el cuerpo todavía está presente e intacto, si no somos capaces de retener con nosotros un panorama completo de nuestras experiencias durante nuestra ausencia del plano físico, no debería sorprendernos de que también somos incapaces de recordar nuestras experiencias en el período entre encarnaciones, cuando no tenemos ningún vehículo físico que nos ayude a recobrar conocimiento en el plano físico y podamos restablecer nuestra identidad con nuestro yo anterior.

El hombre común no puede cruzar los umbrales del sueño y de la muerte y retener la noción de su existencia, porque todavía no ha aprendido a vivir en su vehículo mental-espiritual, el cual es necesario para ese fin. Como sea, hay excepciones para esa regla general, porque siempre ha habido y todavía existen en la tierra, seres humanos cuya evolución se ha desarrollado más allá de la del hombre común. Esos seres son los "Hermanos Mayores" de la raza humana, los Maestros de Sabiduría, conocidos también como "Adeptos" o "Mahatmas," un término sánscrito que significa "Alma Grandiosa."

Los Adeptos viven, aún cuando están incorporados en un cuerpo humano, en sus vehículos mental-espiritual, el cual existe en forma independiente del cuerpo físico, y son, por lo tanto, capaces de retener conocimiento completo de sus existencias, aún cuando el cuerpo físico está paralizado cuando duerme, o cuando ese cuerpo físico se haya desintegrado después de la muerte. Es esta habilidad la que los hace capaces de penetrar en los planos invisibles de la existencia, y a su regreso, traer a sus hermanos menos evolucionados, las descripciones de las experiencias por las que el Ego Humano atraviesa en esos estados de conciencia todavía desconocidos para nosotros.

El poder que poseen los Adeptos es el resultado de esfuerzos dirigidos por ellos mismos, y continuados a través de muchas vidas. Aún cuando estén integrados en un cuerpo humano, ellos han vivido cada vez más en su vehículo mental-espiritual, para que en sus casos, el Ego Humano haya sido realmente levantado hasta convertirse en Uno con el Ego Superior. Ellos comenzaron como humanos comunes, pero gracias a sus esfuerzos continuos, han acelerado su evolución y han llevado a cabo en relativamente pocas vidas, lo que tomaría al hombre promedio, muchísimas edades para lograrlo.

Por lo tanto, el Adepto puede cruzar de un plano a otro sin estorbos, y regresar reteniendo noción completa de su existencia; y así, reconocer totalmente la continuidad de su existencia y la identidad de su Ego, a través de todos esos cambios. Por ser totalmente consciente en la parte permanente de su naturaleza, allí donde todas sus vidas están registradas, el Adepto es capaz de recordar no solamente su ultima reencarnación, sino también todas sus existencias anteriores.

Es necesario que por nuestros propios esfuerzos levantemos a nuestro Ego Humano para convertirlo en Uno con el Ego Superior; de lo contrario, continuaremos siendo incapaces de retener nuestra noción de nosotros mismos al cruzar los umbrales del sueño y de la muerte, y por lo tanto, también seremos incapaces de recordar nuestras vidas pasadas.

Todo miembro de la raza humana, quien no escoja deliberadamente la maldad, está destinado, en su tiempo, a evolucionar al nivel en el cual él también se convertirá en Uno con su Ego Superior; y así, será capaz de reconocer la continuidad de su existencia a través de todas las fases de la vida.

Así como tenemos prueba definitiva de que la interrupción de la noción de nosotros mismos al dormir, no es una ruptura en la continuidad de nuestra existencia, cuya prueba es proveída por nuestra conciencia humana cuando ella se autorestablece en su cuerpo físico que espera; así también los Adeptos tienen prueba definitiva de que la muerte del cuerpo físico no causa ruptura en la continuidad de sus existencias, porque ellos están continuamente establecidos en su vehículo mental-espiritual, el cual no es afectado por la muerte.

Si la habilidad para recordar nuestras vidas pasadas en nuestra etapa presente de desarrollo fuese una ayuda o un estorbo en nuestra evolución, es un tópico que será discutido en conexión con "La Reencarnación y la Pérdida de Memoria."

Dualidad - Individualidad - Personalidad

Atracciones Opuestas

Al observar y examinar la variabilidad de los pensamientos, sentimientos e intereses dentro de nosotros, tal y como los conocemos por la experiencia diaria, podemos diferenciar entre los que pertenecen, en nuestra naturaleza, al lado permanente y a los perecederos. Tal análisis demuestra una dualidad de intereses y tendencias dentro de nosotros, y por lo tanto, es conveniente colocarlos dentro de dos grupos, para que consideremos esa dualidad de la naturaleza del hombre.

Existe un lado de nuestra naturaleza que reconoce su conexión con algo mayor que ella misma. Sabe por sí misma que es miembro de una familia, una comunidad, una nación; y siente una fuerte unión a esos conjuntos mayores de vida. Es la unidad de toda vida la que produce este sentimiento dentro de nosotros, y que forma el vínculo invisible e inquebrantable entre nuestros prójimos y nosotros. Es mediante este lado de nuestra naturaleza por la que nos entendemos y nos comprendemos con los otros miembros de la raza humana, y es esto lo que nos impulsa a actuar cuando los prójimos están en desgracia.

Pero también existe otro lado en nuestra naturaleza que manifiesta su egoísmo con respecto a los demás. Se cierra por sí solo dentro de su propio caparazón, y después se ciega por él mismo con respecto al sufrimiento y necesidad de los demás.

Intuitivamente sentimos que la vida debería ser armoniosa y feliz. Tenemos visiones de un mundo mejor, libre de sufrimientos, y queremos y sentimos un impulso de intentar hacerlo así. Pero tenemos otro lado en nosotros que no considera como los demás la están pasando, toda vez que nos sintamos felices en una manera egoísta.

Existe algo por dentro que nos habla como la Voz de la Conciencia, algo que anhela felicidad al llevar a cabo las obligaciones, aún cuando ellas no sean placenteras y monótonas. Es el vínculo que nos ata a los demás y que nos hace ver nuestro compromiso para con ellos. Pero también existe una parte en nosotros que quiere evadir sus obligaciones cuando ellas son desagradables y fastidiosas.

Existe un lado en nuestra naturaleza con intereses mucho más allá de su esfera inmediata — algo que quiere analizar las bellezas de la Naturaleza y las maravillas de las estrellas, que medita sobre los problemas de la vida y el propósito de la existencia. Y allí está también el otro lado, que nos identifica con el cuerpo físico, y está principalmente preocupado con sus placeres y comodidades.

Cuando buscamos identificar cuál es la característica de esas dos corrientes divergentes dentro de nosotros, nos damos cuenta que una de ellas está dirigida hacia nuestras relaciones con nuestros prójimos, con la Naturaleza y el Universo; mientras que la otra, está dirigida hacia nuestro egoísmo y su minúscula esfera de intereses.

El Ego Humano está situado entre esos dos polos de su ser, y es constantemente afectado por sus atracciones opuestas, cediendo inconscientemente a un polo, o escogiendo conscientemente a uno u otro polo.

La Individualidad - Una Fuente Superior Dentro de Nosotros

Cuando contemplamos las estrellas y nuestra mente se satura con la grandeza del Universo, y luego pensamos en nuestra propia y diminuta Personalidad, nos damos cuenta de la insignificancia e intermitencia de esa Personalidad, y podemos apreciar su papel nada importante que juega dentro del Universo.

Esa parte de nuestra naturaleza, la cual de esa manera es capaz de hacerse a un lado y darse cuenta de lo intermitente de su vehículo, no es parte de ese vehículo. Esa parte pertenece al lado permanente de nuestra naturaleza.

Tenemos noción de nuestra propia existencia como Yo soy Yo, o Ego Humano, cuya identidad ha permanecido invariable durante toda nuestra vida. Sabemos que, aún en nuestro estado de alerta, ese Ego es diferente del cuerpo físico, de la mente-cerebro, memoria y sentimientos, porque puede separarse, observar, dirigir y dominar a todos esos otros aspectos. Por lo tanto, puede aún tener una existencia independiente de todas esas corrientes cambiantes internas, y si lo hace mientras está corporificado, también puede tener esa misma existencia independiente después que los aspectos variables han desaparecido con la muerte.

Cuando advertimos los vínculos que nos unen a nuestros prójimos, es porque existe algo de ellos dentro de nosotros.

Cuando nos fascinamos con las maravillas del Universo y nos proyectamos hacia el Infinito, no importa cuán débilmente sea, tratando de formarnos algún concepto de él, es sencillamente porque existe algo del Universo y del Infinito dentro de nosotros.

Los pensamientos no pueden alcanzar un nivel más alto que su fuente, lo mismo que el agua no puede subir a un nivel más alto que el de la fuente de donde fluye. Los pensamientos e intuiciones que se relacionan con intereses mucho más allá de nuestro Ego Personal, no pueden tener su origen en ese Ego. Ellos deben proceder de una fuente desde dentro de nosotros, la cual es similar con los asuntos con los que se relaciona, y esa fuente es el Rayo de Conciencia Universal, el que actúa en la Mente Superior o Espiritual. Este lado superior de nuestra naturaleza con todos sus vehículos, existe en planos superiores del plano físico-mental, y es independiente del cuerpo físico.

Esa fuente superior ya existe dentro de nosotros, y no necesita ser "desarrollada." Es el Ego Humano el que tiene que evolucionar a un nivel más alto de conciencia, para que pueda alcanzar una unión consciente con su fuente superior.

Este levantamiento y refinamiento del Ego Humano se lleva a cabo al poner por hechos y palabras, aquí y ahora, mientras se tenga cuerpo físico, esos impulsos superiores que nos llegan desde dentro de nosotros. Sencillamente, así como nos acostumbramos y aprendemos a usar nuestro cuerpo físico al vivir dentro de él, y a ejercer sus variadas funciones, así debemos de llegar a conocer y a aprender a usar nuestro vehículo mental-espiritual, al concebir esa clase de pensamientos y al practicar esos hechos que le son tan familiares a nuestra Naturaleza Superior, y que solamente se dan en el plano en la cual ella existe.

En el plano espiritual, nuestros prójimos son en realidad, otros aspectos de la misma Vida Universal, de la cual todos somos parte. Por lo tanto, las acciones que pertenecen a este plano siempre afectan los intereses y el bienestar de los demás. Cuando sacrificamos un interés personal o ventaja, a fin de prestar servicio a la causa común, cuando damos en lugar de tomar; cuando tratamos de esparcir felicidad e irradiar luz en lugar de buscar comodidad egoístamente, en esa forma, nosotros — la parte humana nuestra — estamos viviendo y haciendo uso de la parte más universal nuestra, la cual es ese vehículo mental-espiritual nuestro. De esta forma, nos convertimos en una realidad para nuestros "otros egos," para nuestros prójimos — somos la verdad para todo, somos altruismo. Al hacer uso consciente de nuestro vehículo mental-espiritual, entramos en el sendero que conduce a la Unión consciente con nuestro Ego Superior.

Como este es el vehículo en el cual nuestra conciencia tiene que vivir después de la muerte, es necesario que entendamos la importancia que tiene el acostumbrarnos a vivir en ese vehículo, mientras todavía estemos en el cuerpo físico. Esto también nos habilita a ver el por qué las enseñanzas éticas han sido siempre tan fuertemente enfatizadas por todos los grandes profesores religiosos. Esas enseñanzas tienen más de un propósito. Ellas no solamente nos ayudan a vivir en armonía con nuestros prójimos, sino que también conducen al individuo dentro de una Unión más cercana con su Ego Superior, y gradualmente prepara a la persona a vivir conscientemente en su vehículo mental-espiritual.

Esa parte del Ego Humano que responde a la mayor de las dos corrientes interiores, y toma interés por el bienestar de los demás, y en asuntos más grandiosos que en él mismo, es en realidad, un aspecto del Ego Superior. Esto, juntamente con los centros de atención superiores del Rayo de Divinidad, existe en planos superiores que el físico-mental; y por lo tanto, no es afectado por la muerte del cuerpo físico. Ellos constituyen el polo altruista de nuestra naturaleza, y como ellos no están divididos por la muerte, se les puede identificar colectivamente como la Individualidad del Hombre.

Separatividad Procrea Egoísmo

Tanto como hay gente que vive en su parte superior de su naturaleza e irradia amistad y buena voluntad con quienes se relacionan, así también hay otras que casi nunca miran más allá de sus intereses personales y no les importa, o no tienen interés en el bienestar de los demás. Ellos tienen noción de sus existencias como su Ego Personal solamente, y viven y actúan dentro de esa única capacidad. También existe en ellos el polo altruista de sus naturalezas, pero casi nunca toman parte de él. Para ellos, sólo su Ego Personal cuenta como la cúspide de toda constitución humana. Ese Ego se torna tan absorto en sus propias consideraciones que se aleja de su polo superior, al grado de desconocer la existencia de ese lado de su naturaleza. El Ego Personal, de esta forma, comete el error de considerarse como el único Ego, la máxima expresión del Ego; cuando en realidad es solamente una parte menor, una proyección del Ego Superior, la cual está cautiva de su aparato personal.

Por supuesto, el vehículo físico-mental de un individuo está separado del de los demás, y cuando la conciencia persistentemente se vuelve en la dirección de ese vehículo, el Ego Personal también adopta una posición de separatividad; volviéndose así, en el elemento dominante de la entidad humana. De esta manera, se da una inversión de polaridad, y la proyección del Rayo de Conciencia se desvía de su verdadera dirección, ocasionada por lo denso de la constitución material del enfoque de sus lentes. Esa proyección ha sido despedida en la dirección opuesta de su polo altruista — con su constante conciencia expansible — por una conciencia limitada por su egoísmo.

En tanto como la conciencia se centre en el vehículo físico-mental, este sentido de separatividad persistirá, y el Ego Personal fallará en reconocer su unidad con su Ego Superior, y como consecuencia, con la unidad de sus prójimos.

Cuando promovemos nuestros propios intereses en perjuicio de los demás, cuando buscamos ventajas a costa de los demás, es evidente que no nos damos cuenta del vinculo que nos une a ellos.

Cuando somos duros o críticos con los demás, cuando somos arrogantes y soberbios y solamente buscamos establecer nuestra superioridad sobre los demás, evidentemente no realizamos la unidad que nos ata a ellos. Si esto ocurre, nos aprovechamos de ellos; no compartimos con ellos cualquier ventaja nuestra.

Cuando somos indiferentes a los apuros y sufrimientos de los demás, cuando estamos satisfechos en tanto nos sentimos cómodos, es sencillamente porque existe una separación con los demás, y hemos fallado mentalmente en ubicarnos en el lugar en que ellos se encuentran.

Si no tenemos intereses más allá de nosotros mismos, es porque nos hemos encerrado dentro de la concha dura de nuestra personalidad inferior, el cual es nuestro vehículo físico-mental.

El egoísmo, en todas sus formas, puede ser identificado directamente como ese sentido de separatividad que existe en la conciencia del Ego Personal. Es ese sentido de separatividad lo que vuelca muchas veces los esfuerzos de la vida en una dirección equivocada, al buscar la promoción de los intereses del yo personal. Quien hace eso, pierde la oportunidad de sentirse en su hogar, en su Naturaleza Superior.

Es como si viviéramos en una caverna que se extiende hacia la luz, pero que se hace mucho más estrecha hacia su interior. Cuando nuestra atención se centra solamente en nuestros propios intereses, estamos yendo hacia el interior de la caverna, y le volvemos la espalda a la luz. Nos sostenemos solamente con nuestra propia luz, y vemos solamente la diminuta fracción de luz que logra filtrarse hacia el interior de la caverna. Si giramos en la dirección opuesta, arrostraríamos la entrada, con su luz expandiéndose más y más, a medida que avanzamos hacia ella.

La Personalidad — Un Vehículo Provisional

El polo egocéntrico de nuestro ser incluye al cuerpo físico, al cuerpo modelo, a nuestros deseos, emociones y pensamientos egocéntricos, así como también al Ego Personal, con su mente-cerebro y sus recuerdos diarios de todos los sucesos corrientes almacenados en el cerebro. Este grupo de cualidades, tomadas colectivamente, constituye el polo egocéntrico de nuestra naturaleza, y será reconocido como la Personalidad, de ahora en adelante.

La Personalidad entra en su existencia activa cuando se nace, o más tarde. Permanece como unidad durante la vida, pero los elementos que lo componen, se rompen al morir.

El material para el cuerpo proviene de la Naturaleza, y regresa a ella. La ciencia medica nos dice que, a diario, millones de células dejan nuestro cuerpo, y que a su vez, millones de células nuevas ocupan su lugar. Este cambio es constante, de tal manera que después de un cierto numero de años — generalmente establecido cada siete — obtenemos completamente un nuevo cuerpo. Una persona que llega a los setenta años, ha usado y abandonado diez cuerpos físicos diferentes en ese tiempo de vida.

Esta realidad le da base a la metáfora hindú que dice: "El hombre se mantiene sobre una corriente continua de materia." En este caso, el "hombre" es sinónimo de Individualidad, la parte permanente, la que nunca cambia, a pesar del cambio constante que ocurre dentro de su cuerpo.

La causa para que el cuerpo mantenga su apariencia exterior relativamente sin cambio, con la excepción de las modificaciones que naturalmente ocurren con el paso de los años, es que el cuerpo modelo, en cuya estructura las células físicas se organizan por sí solas; y así, ese cuerpo se mantiene relativamente sin cambio por sí mismo. El cuerpo modelo cambia solamente cuando el carácter gradualmente cambia. Después de la muerte, el cuerpo modelo se desintegra, justamente como lo hace el cuerpo físico.

Tomando en cuenta la naturaleza provisional de la Personalidad, se vuelve evidente que sería muy imprudente concentrar los mejores esfuerzos de alguien en satisfacer intereses y asuntos puramente personales. El fruto de todos esos esfuerzos, con la muerte, será dejado en abandono; mientras que los esfuerzos altruistas nos ayudarán a obtener y preservar conciencia en nuestro vehículo mental-espiritual, el cual no es afectado por la muerte.

El uso del término "Personalidad" para designar el vehículo de la naturaleza del hombre, es muy apropiado si consideramos el origen de esa palabra. Viene del latín "persona," que significa "máscara." Persona, a su vez, está compuesta por dos palabras: per, que significa "a través"; y sona, que significa, "sonar, hablar." Fue costumbre en actuaciones dramáticas de los tiempos antiguos, que los actores usaran máscaras durante sus ejecuciones, y copias de esas máscaras fueron comúnmente usadas como motivos de decoraciones en teatros, hasta períodos completamente recientes, cuando fueron reemplazadas por decoraciones modernas. Las máscaras tenían aberturas para los ojos y la boca, a través de las cuales el actor podía ver y hablar; y así, constituía una clase de herramienta o boquilla por la cual, el actor real, en una forma velada, jugaba su papel y se hacía oír. Es en este sentido que la Personalidad es, a su vez, un instrumento que usa la Individualidad para hacer contacto con el plano material, y una máscara detrás de la cual, la Individualidad se esconde.

La Individualidad es un Soporte Constante
La Personalidad es una Manifestación Periódica

Si consideramos el tema de la Reencarnación sin referirnos a los detalles, es la Individualidad lo que es real, la parte inmortal del hombre, y es lo que se encarna, vida tras vida. La Individualidad es la "causa," la Personalidad es el "efecto." No habría Personalidad si no hubiera Individualidad que la produjera. Para cada encarnación, la Individualidad se construye una nueva Personalidad, lo que viene a ser el instrumento mediante el cual la Individualidad hace su trabajo en el plano material.

El carácter, los efectos acumulados de todos nuestros pensamientos, hechos y experiencias pasados, es el factor gobernante para formar, equipar y dotar a la nueva Personalidad. Podemos modificar nuestro carácter mientras vivamos en el cuerpo físico, pero como ese carácter permanece sin cambios entre encarnaciones, la Personalidad nueva será, en toda su esencia, una reproducción de la Personalidad, tal y como fue al final de nuestra ultima encarnación.

La Personalidad es el "reflejo en la materia" de la Individualidad; es "el hombre hecho a la semejanza de Dios." Pero esta imagen, este yo personal, vive a su manera durante el estado de alerta. Tiene libre albedrío y puede escoger entre los dictados de su Ser Superior y los impulsos de su ser inferior o animal. Cuando escoge este último, la "imagen" se torna desfigurada, como el reflejo del sol sobre la superficie agitada de una laguna.

La Sarta de Egos. En la filosofía oriental, la Individualidad es conocida como "La Sarta de Egos," en la cual las diferentes Personalidades están ensartadas, similar a las perlas enhebradas en un collar. Las Personalidades son distintas, pero la sarta que las soporta, esto es la Individualidad, es la misma a través de una vida tras otra.

El Actor y Sus Actuaciones. Existe otra ilustración que es muy usada para describir la relación entre la Individualidad y la Personalidad. Un actor desempeña diferentes papeles en el escenario durante su vida. Una tarde, él puede ser Hamlet; otra vez, el Rey Lear; y otra vez, Otelo. La audiencia ve esos caracteres en el escenario, pero a lo mejor ni conocen el nombre del actor cuando está fuera del escenario. Las actuaciones en el escenario son temporales y no reales. El Rey Lear no sabe de Hamlet, quien actuó la noche anterior, ni tampoco sabe de Otelo, quien actuará mañana, pero el verdadero actor sabe esas actuaciones y aún muchas más.

Las distintas actuaciones en el escenario son "máscaras," representadas por un día y después, desechadas; mientras que el actor es la entidad verdadera detrás de la máscara, exactamente como la Personalidad, la cual no dura sino una vida, es la máscara mediante la cual la Individualidad se expresa por ella misma.

Así como el actor continúa su vida normal después que ha removido sus vestiduras de escenario y ha desaparecido del teatro, lo mismo hace la Individualidad, la cual continúa su existencia después de despojarse de su "máscara," esto es, su Personalidad, y desaparece de este plano, como lo hace al dormir y al morir.

Y así como el actor, después de abandonar el teatro, continúa con su vida normal fuera del escenario; así también la Individualidad, después de liberarse de las limitaciones impeditivas de la Personalidad, se retira hacia los planos de conciencia internos y superiores, en donde entra a su existencia verdadera.

Reencarnación y Pérdida de Memoria

Reencarnación — Parte del Plan de la Naturaleza

Como puede ser visto de lo anterior, la doctrina de la Reencarnación, en su amplio contorno, no es difícil de entender. Pero naturalmente hay muchas interrogantes que se presentarán en la mente de un investigador para quien el tema es nuevo. Como esas preguntas ya se dieron en otras personas en el pasado, podemos anticipar y discutir las más comunes.

Al buscar las respuestas, debemos mantener en mente:

  1. Que hay un propósito en la vida, el cual es el avance del alma hacia estados mayores del ser.
  2. Que la Naturaleza tiene un plan para llevar a cabo ese propósito, el cual es evolución mediante experiencias repetidas en el plano material.
  3. Que el tiempo que se requiere para esas experiencias está provisto por una cadena casi interminable de toma de cuerpos en forma humana.
  4. Que el Hombre es parte de la Naturaleza, y por lo tanto, sujeto a las mismas leyes que gobiernan al resto de la Naturaleza. Al experimentar repetidas adopciones corporales, el Hombre sencillamente está siguiendo la ley de periodicidad o de actividad cíclica, la cual vemos que funciona en todos los niveles de la Naturaleza.

Así, la Reencarnación no es solamente una teoría, sino una explicación de cómo uno de los procesos más fundamentales de la Naturaleza opera cuando es aplicado al Hombre. No debiera ser estudiado como un suceso aislado, sino que debería ser visto en relación con las demás doctrinas del plan universal.

Si hemos vivido anteriormente,
¿Por qué no lo recordamos
?

La pregunta supone que porque no recordamos, podríamos no haber vivido antes; en otras palabras, está basada en el supuesto de que lo que no podemos recordar, pueda ser que no lo hayamos experimentado.

Una pequeña consideración demostrará que este supuesto no tiene fundamento, porque sabemos de muchas experiencias por las que hemos atravesado, las cuales a veces no podemos recordarlas.

Por ejemplo, los primeros años de nuestra vida están completamente olvidados. Muchos, tal vez la mayoría de los sucesos de mayor ocurrencia, están olvidados. En la vejez, la memoria frecuentemente le falla completamente a una persona. Víctimas de amnesia pueden tener borrados años enteros de sus vidas en sus memorias, como ya lo vimos en la sección: "Estados Anormales de Conciencia."

En todos esos casos, el hecho de no tener memoria de los sucesos, o aún de años enteros de nuestra vida, no prueba que no vivimos durante esos períodos olvidados. Si un ser humano, mientras vive en el mismo cuerpo físico y mientras usa el mismo cerebro físico, puede olvidar años completos de su vida, no sería sorprendente que una vida anterior, vivida en otro cuerpo y haciendo uso de otro cerebro, esté olvidado. Y esto nos conduce a otra pregunta:

Una existencia y experiencia que se han olvidado,
¿Sirven de algún valor al Individuo
?

Hemos olvidado las caídas que tuvimos y los moretones que conseguimos cuando empezamos a dar nuestros primeros pasos, pero no hemos olvidado como caminar. Hemos olvidado cuando aprendimos el alfabeto, pero no hemos olvidado como leer. Quienes usan matemáticas en su vida diaria, al hacer su trabajo, normalmente han olvidado los pasos detallados que tuvieron que tomar a fin de adquirir ese conocimiento. Pero si más tarde en su vida ellos tienen que enseñar matemáticas a otros, se darán cuenta que tendrán que regresar sobre mucho material ahora olvidado, y repetir los pasos que anteriormente tomaron. Los pasos habrán sido olvidados, pero el fruto de esos pasos es utilizado inconscientemente en aplicaciones prácticas de ese conocimiento. Entonces, ¿No sería normal que esas experiencias, aunque olvidadas, puedan habernos enseñado lecciones valiosas y permanentes?

Existe Más de Una Clase de Memoria

La memoria tiene dos funciones: Almacenar y recordar. La incapacidad de recordar no significa que necesariamente la memoria no funciona. A menudo, y para nuestra turbación, hemos sido incapaces de recordar el nombre de alguien a quien nos lo encontramos en la calle, aunque estemos seguros de que su nombre nos es conocido.

Un suceso en nuestra juventud puede estar completamente olvidado. Una experiencia similar en años posteriores puede recordarnos ese otro acontecimiento, y aún con detalles muy vívidos. La memoria funcionó todo el tiempo, y grabó; pero no estuvimos completamente conscientes de ello.

Cuando hablamos de la memoria en general, normalmente tenemos en mente una grabación de sucesos y detalles del diario vivir. Este registro es almacenado en el cerebro, y ninguna parte de él se puede alargar más allá de sus primeros años de la infancia, como tampoco puede durar más allá de la vida del cerebro. Pero esta no es la única clase de memoria que tenemos. Cada suceso que hayamos experimentado, cada acción que hayamos ejecutado, todo pensamiento que hayamos abrigado, incluyendo el más pequeño detalle, es registrado permanentemente en la estructura interior del Ego Superior o Reencarnante. Es un recuerdo almacenado en la Mente Superior o Superconsciente. Este registro no está accesible al Ego Humano durante condiciones normales en su vida terrestre.

Nuestra memoria es como el sistema de archivos de un negocio. Los recuerdos almacenados en el cerebro son como los registros de activo mantenido en los archivos de oficina, donde están a mano para referencias rápidas. Pero las copias de todos los registros son simultáneamente almacenados en un sótano de bóvedas, donde se mantienen bajo llave. Existe una bóveda para cada encarnación, pero el Ego Humano ha perdido las llaves de todas ellas, con la excepción del archivo de la oficina.

Sucede que algunas veces, bajo condiciones anormales, la puerta de una bóveda de memoria puede abrirse de golpe, y el conocimiento allí almacenado, desconocido para la persona en su estado normal, ahora se vuelve accesible para ella.

Un ejemplo de esa naturaleza que ha despertado mucha atención en los círculos médicos de California, es el de Pat Marquis, un muchacho de Los Angeles, de doce años de edad en esa época. (El caso fue examinado en el Theosophical Forum de Octubre de 1936) Cuando el muchacho entra en medio trance, revela un conocimiento extraordinario de temas completamente ajenos a él durante su estado normal.

Sus poderes supranormales se demostraron una vez delante de 150 médicos en el Hospital de Hollywood; y en otra vez, delante de 200 médicos en una reunión de la Asociación Médica del Condado. También se ha presentado delante de profesores del Instituto Tecnológico de California, en Pasadena, etc.

Cuando el muchacho entra en el estado de medio trance, él parece convertirse en una personalidad diferente — la de un médico persa que se autoidentifica como "Napeji," un parsi que vivió en los Himalayas en el siglo 11 D.C. Aunque normalmente él no sabe ni una palabra en persa, él escribe en ese idioma al contestar a las preguntas de uno de los científicos investigadores, el Dr. Ameen Fareed, un médico persa. Pat Marquis, en el carácter de "Napeji," también escribe en persa cuando el Dr. Fareed no está presente. Algunas veces, él usa una forma arcaica de ese lenguaje. Él describe correctamente costumbres persas, y sus hábitos son los de una persona muy solemne, no como los de un joven de apenas doce años. Cuando se le preguntaron cuestiones técnicas, como la de la ubicación del centro de la conciencia en el cerebro, "Napeji" contestó con el lenguaje de un experto anatomista. El Dr. C. Reynolds, F.R.C.S., quien presentó a Pat Marquis al Comité de Médicos de Hollywood, dijo: "Cómo él pudo saber términos médicos modernos de Anatomía, está fuera de mi alcance. El muchacho, en su estado normal, ciertamente no sabe nada de ello."

En otra ocasión, después de vendársele completamente los ojos, y en el trance requerido, el muchacho, ya en la personalidad de "Napeji," tomó el florete en un encuentro de esgrima con el señor F. Cavens, un esgrimista experto. Pat Marquis no sabe de esgrima, pero aparentemente "Napeji" es un maestro de ese arte, porque el Sr. Cavens dijo: "No conozco ningún maestro de esgrima en el mundo que sea capaz de hacer eso. El hecho de que él pueda advertir mi ataque a la cara y retroceder el cuerpo para esquivarlo, sin sentirse defraudado en su defensa porque el ataque lo amenaza, y hacer la retirada correcta, es extraordinario. Desafío a cualquier gran experto a que lo haga. Para mí, sería completamente imposible." Sesenta segundos después del combate de esgrima, "Napeji" había desaparecido, y el muchacho, sonriente y saludable, había reasumido su personalidad normal.

Otros ejemplos que tratan el almacenamiento-memoria de conocimiento escondido, podrían ser citados. Uno de los más notables es el de Edgar Cayce, cuya biografía se encuentra en el libro There Is a River, de Thomas Sugrue (Henry Holt Co., NY, 1943) Cayce fue completamente ignorante de medicina y anatomía en su estado normal. Pero bajo trance autoimpuesto, él fue capaz de diagnosticar correctamente muchas enfermedades, y de prescribir los remedios acertados. Existen cientos de reportes completos de casos que contienen declaración jurada de pacientes, lo mismo que reportes médicos.

Como es imposible hacer justicia en un resumen breve a la vasta cantidad de material que ese libro contiene, es necesario referir al lector interesado a que lo haga por él mismo, en cuanto a más detalles se refiere.

Los hechos mencionados anteriormente muestran que existe un "depósito" de memoria, al cual no podemos acceder normalmente, pero que puede, bajo ciertas condiciones, ser "utilizado clandestinamente"; y así, revelarnos un almacén de conocimiento insospechado.

Pero aún más, existe otra clase de memoria, una especie de memoria general o colectiva, la cual se encuentra resumida en nuestro carácter. Es una noción intuitiva de memorias guardadas por el Ego Reencarnante, pero con todos los detalles omitidos. Es la cosecha de valores permanentes que la hemos retenido de numerosísimas experiencias y lecciones hace mucho tiempo olvidadas, tales como la habilidad de caminar, o la de leer como fruto de lecciones de un pasado ya olvidado.

Aunque arraigado en el pasado y desprovisto de detalles en cuanto a como fue adquirido, este memoria-carácter es tan vital y dinámico que afecta profundamente nuestra vida, nuestros pensamientos y acciones, ahora y siempre.

Todas las lecciones y experiencias del pasado, aunque no estén registradas en nuestro cerebro actual como recuerdos, sí nos influencian cada día de nuestras vidas.

Si hemos vivido anteriormente, ¿Por qué no somos capaces de
reconocernos con individuos específicos de existencias anteriores
?

Porque en cada encarnación tenemos un cerebro nuevo que no tuvo parte en las experiencias de nuestras vidas anteriores; y por lo tanto, existe un espacio en blanco respecto a ello. El Rayo de Conciencia proyectado dentro de esta vida y la Individualidad, son los mismos como lo fueron en nuestras existencias anteriores; pero como el vehículo es nuevo, la conciencia de ese ego que resulta de esta nueva sociedad, naturalmente que se autoidentifica con su vehículo nuevo; y como no existe ninguna conexión concreta entre los vehículos, el nuevo y el viejo, el Ego Humano es incapaz de identificar su yo actual con el de su encarnación anterior. Por lo tanto, él se estima a sí mismo como una "creación" nueva, cuando en realidad es solamente una reproducción de su yo anterior.

En una vida futura, en la cual seremos incapaces de identificarnos con
nuestro yo actual, ¿Es esa vida futura digna de aceptarla como inmortalidad personal
?

La doctrina de la Reencarnación no enseña inmortalidad personal o continuidad de conciencia personal de una encarnación a la próxima. Enseña continuidad de la Individualidad y una reproducción periódica de la Personalidad. Esa Personalidad reproducida es, en todos los particulares, la Personalidad de la encarnación anterior con un nombre nuevo. ¿Por qué no debiera satisfacer esta enseñanza la esperanza del Hombre por una inmortalidad o una continuidad de existencia? Regresemos imaginariamente a nuestra última existencia aquí en la tierra; y porque somos ahora lo que fuimos entonces en ese tiempo debimos haber formulado teorías acerca de la vida y sobre "nuestra existencia futura." Supongamos que se nos dijo entonces que, después de un período largo de descanso, regresaríamos otra vez a esta tierra, y que, "en ese tiempo futuro," esto es, ahora seríamos la misma Personalidad que fuimos en la encarnación anterior, pero que deberíamos olvidar los detalles de esa vida y nuestro nombre anterior. Supongamos un poco más, supongamos que hubiéramos sabido entonces lo que sabemos ahora acerca de nuestra existencia actual — supongamos que hubiéramos sabido que el Yo soy Yo o el Ego Humano con el cual ahora nos identificamos, estaría aquí otra vez, continuando su existencia en el punto en el cual fue suspendida antes, y que ese ciclo se repetiría una y otra vez, hasta alcanzar cierto grado superior de ser — supongamos que hubiéramos sabido todo eso entonces, ¿No habría eso satisfecho nuestra esperanza por inmortalidad, dándonos certeza de la continuidad de nuestra existencia? Y si eso hubiera satisfecho nuestra esperanza entonces, ¿No debe ese mismo conocimiento ahora darnos la certeza y esperanza para el futuro?

Supongamos que sí pudimos recordar

Supongamos que no pudimos borrar los recuerdos de nuestras vidas pasadas. Entonces recordaríamos los detalles de no solamente nuestra última vida, sino también los innumerables de las otras existencias, y que recordaríamos todas esa vidas con todos sus detalles, exactamente como recordamos los de esta vida.

¿Será que no nos basta con solo controlar los pensamientos y recuerdos de esta vida? ¿Cómo podríamos hacerlo si tuviéramos los recuerdos de cientos de encarnaciones fluyendo sobre nosotros? En lugar de una sola estación de radio, sería como si las sintonizáramos todas a la vez. Tal torrente de recuerdos, muchos quizá de naturaleza triste o aterradora, ¿No nos dominarían y nos impedirían cumplir con nuestras obligaciones de la vida y todo lo que es importante en el momento presente? ¿Acaso no desperdiciamos suficiente tiempo "ahora" en cosas inútiles que tienen detalles sin importancia en esta vida?

Con seguridad, no todos los recuerdos serían tristes. Habría muchos recuerdos felices, y nos regocijaríamos al recordarlos; pero no debemos olvidar que, si nuestros recuerdos felices regresaron hacia nosotros, los tristes también lo harían, ¿Y cómo sabríamos si los buenos recuerdos pesarían más que los tristes?

A medida que evocamos la historia, vemos cómo las civilizaciones se levantaron, alcanzaron un máximo y entonces cayeron, a menudo, arrasadas por hordas de bárbaros; y después, han seguido períodos de ignorancia y de obscuridad espiritual e intelectual. Hemos vivido durante todos esos períodos y hemos tomado parte en todos esos sucesos. Si consideramos algunas de las razas más primitivas de la humanidad de ahora, y si notamos sus formas de vivir, entonces nos daríamos cuenta que, nosotros también, en algún pasado distante, fuimos miembros de esas razas, y que vivimos y actuamos como ellos lo hacen ahora. De esta manera, debemos concebir que nuestro propio registro debe contener muchos episodios vergonzosos, que también debimos haber tomado parte en muchos sucesos trágicos, debimos haber tenido muchas experiencias horrorosas. ¿Acaso no es una realidad que la gente que ha experimentado sucesos trágicos, a menudo reciben tal impresión que sufren una conmoción duradera, la cual ellos han sido incapaces de sacudírsela por el resto de sus vidas, y que el recuerdo de la tragedia, en lo sucesivo ejerce un efecto paralizante en todas sus actividades? ¿Cómo podríamos satisfacer nuestras obligaciones de cada día si fuésemos perseguidos no solamente por uno, sino por muchos de tales recuerdos de las numerosas encarnaciones del pasado?

Confiemos que todas esas cuentas estén equilibradas durante tantas encarnaciones intermedias. Pero supongamos que todavía permanezca alguna cuenta sin saldar, y que nos fuera enviado el cobro, tal vez en la forma de un accidente. La anticipación de ese suceso, ¿No tendría el efecto psicológico deprimente para que nuestras actividades físicas y mentales fueran seriamente retardadas por esa razón?

Entonces, ¿No es que todo pareciera, en un sentido más profundo, que existe un arreglo misericordioso para que los recuerdos del pasado estén fuera del alcance de nuestra perspectiva, que se nos brinde un cerebro nuevo, el cual esté libre de "fantasmas" del pasado, para que se pueda comenzar esta vida con una cuenta limpia?

Supongamos que podamos identificar nuestras personalidades anteriores

Visto desde otro ángulo, la noción de que debiéramos recordar nuestras vidas pasadas, toma un aspecto que linda con lo ridículo.

Si recordáramos nuestras vidas pasadas, al hacerlo, deberíamos ser capaces de identificarnos con nuestras Personalidades anteriores. También recordaríamos a nuestros amigos y enemigos de esos días. Y ellos nos recordarían. Esto sería cierto no solamente para nuestra última vida, sino para todas las incontables anteriores. De seguro tendríamos muchos amigos para reunirnos, pero también tendríamos muchos enemigos, y muchas cuentas viejas que saldar. Cada vez que encontráramos a una persona nos preguntaríamos: "¿Cuánto le debo a este hombre? ¿Qué va a hacer para que le pague?" Se nos terminarían las calles laterales tratando de evadir acreedores, solamente para toparnos con otros, porque todos nuestros negocios e infracciones, por supuesto, serían traídos a la memoria para recordárnoslos.

Si retenemos imaginariamente el panorama un poco más lejos, veríamos que si todos nuestros recuerdos nos fuesen preservados, este sería un mundo muy incomodo para vivir en él.

¿Acaso no la pasamos muy bien hasta ahora sin ese conocimiento? ¿Acaso no es la vida mucho más fácil con su ausencia? Porque sin ese conocimiento, ¿No somos libres de considerar a cada persona que encontráramos como un viejo amigo, o un amigo potencial? Si es un viejo amigo, pronto lo deduciríamos recíprocamente, porque "los amigos que busco, también me buscan," como dijo Walt Whitman.

Si por el otro lado sucediera que es un viejo enemigo, lo más pronto que lo pudiéramos convertir en un amigo, lo mejor para los dos; y lo menos que abordáramos antiguos desacuerdos, lo más fácil que la transformación pudiera hacerse.

¿Qué ganaríamos al saber quienes fuimos en las encarnaciones pasadas?

Si sucediera que fuimos uno de los más grandiosos personajes de la historia, por supuesto que sería agradable para nuestra vanidad; y aquellos que afirman recordar sus pasadas encarnaciones, generalmente reclaman haber sido un gran soberano, o un dirigente militar, una princesa, o cualquier famoso individuo del pasado. Difícilmente existe un manicomio que no tenga, al menos, un Napoleón, o tal vez varios; o algunas Juanas de Arco flotando alrededor. Ocasionalmente, alguien modestamente anuncia que es una reencarnación de Jesús.

La única dificultad con estos reclamos es que ningún ser humano común puede recordar sus vidas con detalles, sino hasta que la persona haya alcanzado Unidad con su Ego Superior; y si así fuera, esa persona ya no es más un ser humano cualquiera. Se nos dice que los Maestros de Sabiduría, quienes sí han logrado esa Unidad, son capaces de recordar sus vidas anteriores, pero cuando lo hacen, nunca presentan una reivindicación pública de ese poder. Quienes presenten tal reclamo, están sujetos a engañarse a ellos mismos, lo cual honestamente puede ser divertido, pero aún así, eso no es más que un engaño, una ilusión.

¿Ganaríamos algo por saber quienes fuimos en una encarnación anterior, algo que pesara más que las desventajas de tener ese conocimiento?

Nuestra vida presente, ¿Tomaría un rumbo diferente si lo hubiéramos sabido? Todavía habríamos tenido el mismo carácter, la misma memoria colectiva de todas nuestras vidas anteriores; y si tuvimos el mismo carácter, ¿No hubiéramos finalmente terminado aproximadamente en el mismo lugar, ya sea que hayamos reconocido nuestras personalidades pasadas o no?

Evolución y Pérdida de Memoria

El propósito de la vida es avanzar hacia estados superiores del ser, y el método para lograrlo es ganar experiencia a través de existencias repetidas. Para obtener el mayor de los beneficios en nuestra existencia actual, se necesita que toda nuestra naturaleza esté libre y sea ilimitada, para que concentre su atención total en sus obligaciones diarias, lo cual sería imposible si nuestras mentes estuvieran llenas de toda clase de escombros de memorias provenientes de las existencias pasadas. La única forma de tomar ventaja total de las oportunidades ofrecidas por una vida nueva, es comenzar con una mente limpia de esa basura mental, lo cual es justamente lo que la Naturaleza nos provee al darnos un cuerpo y un cerebro nuevos.

Por ahora la Personalidad es nuestro vehículo, pero cuando ha cumplido con su propósito, es desechado como un cascarón vacío. El núcleo está en el carácter y en la parte permanente del Ego Humano.

Los antiguos griegos, quienes retuvieron algo de la Enseñanza de la Sabiduría, se dieron cuenta que, antes de que el alma regresara a la tierra para otra encarnación, todas sus memorias de las existencias anteriores tenían que ser borradas. La idea fue presentada simbólicamente al enseñar que el Alma, en su descenso desde las esferas superiores, y antes de ingresar al mundo material, tenía que cruzar "el río del olvido" y beber de sus aguas. Eso borraba las memorias de no solamente las encarnaciones pasadas, sino también las del estado de ensueños bienaventurados entre encarnaciones y el conocimiento del Alma de su origen divino. A menos que el olvido se interpusiera, los recuerdos detallados de vidas anteriores retardarían nuestro progreso, y un ansia vehemente de paz y éxtasis que se experimenta en los estados superiores del ser, nos convertiría en soñadores despiertos imprácticos, en lugar de individuos activos comprometidos en brindar esa paz y éxtasis dentro de una vida material, aquí en la tierra.

El Registro se Guarda en el Ego Superior

Mientras que los recuerdos detallados son borrados de la conciencia del Ego Humano, un registro perfecto de ellos es conservado en la parte permanente del Ego Superior. Por mirar dentro de este registro, es lo que vuelve capaz al Ego Humano de obtener la "visión panorámica" de sus vidas pasadas y futuras, bajo condiciones especiales que prevalecen en la muerte y justamente antes de nacer.

Es por causa de este registro que el Ego Superior ve que el futuro no es sino el resultado del pasado, y reconoce la justicia de todo lo que le sobrevendrá a su agente, el Ego Humano, en su próxima encarnación; y porque el Ego Humano intuitivamente reconoce este entendimiento superconsciente, es que el ser humano promedio acepta la situación humilde y frecuente en la vida que le ha sido asignada, la cual parece ser un "Destino Ciego."

¿Por qué no es un hecho extraordinario que la enorme mayoría de los hombres toman la carga de la vida y la acarrean pacientemente hasta el final, a pesar de la injusticia aparente que sufre la mayoría de ellos?

Una Prueba Rigurosa Solemne

En el futuro, cuando el Ego Humano se haya convertido en Uno con su Ego Superior, el registro completo de todas sus vidas pasadas será desenrollado delante de su visión interna. Los Maestros de Sabiduría, quienes ya pasaron a través de esta experiencia, nos dicen que en casi todos los casos, esta revisión retrospectiva es tomada con un sentimiento de tristeza y pesar extremos. Un ser humano común no soportaría la conmoción — le podría ocasionar locura o muerte, pero es un paso necesario en nuestra evolución, y tarde o temprano, debe ser tomada por todos.

Nadie que haya pasado a través de este sufrimiento solemne hablaría ligeramente acerca de recordar encarnaciones pasadas, pero una vez la visión haya sido vista, sería agradable cerrar la puerta del pasado, y a su vez, abrir la del futuro.

Así, el hecho de que no recordemos nuestras vidas pasadas, no es prueba de que no hayamos vivido esas vidas; y constituye el arreglo más misericordioso y más conveniente para que nuestro crecimiento y evolución ocurran libres de estorbos e impedimentos.

¿Por qué Varía la Población de la Tierra?

¿Cómo puede ser explicada la variación en la población de la Tierra, si la Sabiduría Antigua enseña que es la misma cantidad de almas las que encarnan una y otra vez, y que ninguna alma nueva es "creada," y que ninguna de las viejas es aniquilada? En estas condiciones, ¿La población de la Tierra no debiera permanecer constante?

El número de almas humanas que ha hecho de esta Tierra su "hogar," es constante; pero de este enorme número, sólo una pequeña fracción está encarnada en cuerpos físicos, en cualquier tiempo. La porción más grande existe en los planos internos y espirituales del ser.

Ilustremos la idea: Asumamos que una ciudad con sus límites fijos, tiene una sala enorme en el centro para sus negocios. La población dentro de los límites de la ciudad está fija y constante, pero el número de visitantes en la sala varía de tiempo en tiempo; un número mayor en la sala significa un número menor afuera, y viceversa. De una manera similar, un aumento o disminución en la población de la Tierra, significa un aumento o disminución correspondiente en el número de entidades desencarnadas, y la suma total de las entidades pertenecientes a la Tierra permanece constante.

¿Por qué el Ego debe retornar a esta Tierra?
¿Por qué no va a otro planeta
?

Porque el Universo es una "Escuela de Experiencia," y esta Tierra es el "Salón de Clases" que corresponde más apropiadamente a nuestra etapa de desarrollo. Por lo tanto, es el lugar más conveniente para nosotros, y es el lugar donde aprenderemos más pronta y fácilmente.

Debemos pasar a través de todas las experiencias, aprender todas las lecciones en nuestro sendero hacia la perfección, aquí, en nuestra escuela terrenal; y si aún pudiéramos escapar a otro planeta o estado de conciencia, tal vez bajo circunstancias menos favorables, todavía tendríamos que aprender las lecciones en las que fracasamos aquí.

A un muchacho, al regresar de su primer día de escuela, se le preguntó que cómo le había ido, a lo que respondió: "No muy bien. Tengo que regresar mañana otra vez." Antes de darnos cuenta de la magnitud de la tarea frente a nosotros, podríamos pensar en la posibilidad de graduarnos en un solo día, pero así como la madre toma a su hijo para que regrese a la escuela el día siguiente, donde él está empezando a ponerse al tanto, lo mismo hace Madre Naturaleza al tomarnos de regreso a la escuela en la cual estamos más al corriente, hasta el tiempo en que nos graduemos.

Pero todavía existe una razón más por la que nosotros deberíamos regresar exactamente a esta Tierra, en lugar de ir a otro lugar. Esta Tierra es en donde sembramos nuestras simientes de pensamientos y hechos en las vidas pasadas; y así como un agricultor recoge su cosecha en donde él la plantó, también nosotros debemos regresar acá y recoger nuestra cosecha, en donde la hemos plantado.

¿Cómo encontraremos a nuestros amigos y amados en nuestra próxima vida?

En la misma forma que los encontramos esta vez. Entramos en un círculo familiar que nos proporcionó padres, y quizá, hermanos y hermanas amorosos; y en nuestra próxima vida, otra vez estaremos asociados con ellos, tal vez no con la misma relación, sino tan cercanamente como nuestra atracción mutua lo produzca.

A nuestros amigos, fuera del círculo familiar, los encontraremos en diversas formas, justamente como lo hemos hecho hasta ahora. A veces oímos, después de encontrar a un extraño, que alguien dice: "Me parece como si hubiera conocido a esa persona toda mi vida." El extraño puede haberse convertido en alguien con quien tenemos muchos intereses en común, y tal vez con quien formemos una amistad de por vida. Es un viejo amigo con quien hemos renovado ese vínculo.

Encontraremos a otros a quienes les seremos antagónicos, y un sentimiento similar brotará dentro de nosotros para con ellos. Es un viejo contrincante a quien nos encararemos nuevamente, alguien a quien quizá lo hubimos agraviado, o que nos pudo haber agraviado. Todas las cuentas deben ser liquidadas; el buen sentido y la armonía deben ser restaurados, no importa donde hayan sido perturbados, dice la Sabiduría Antigua. Las malas intenciones deben ser reemplazadas por buena voluntad, porque "el odio no se acaba con más odio, el odio sólo deja de existir por amor." Debemos tratar de entender a esa persona, y admirar lo bueno en ella, porque sin duda alguna, lo bueno existe en ella. Y será mejor que iniciemos lo más pronto posible la tarea, porque ella se nos atravesará en el camino una y otra vez, hasta que se obtenga comprensión recíproca.

El ciclo alternado de actividad y descanso promueve la evolución del Hombre

Si nuestra evolución requiere tanto tiempo, ¿No sería mejor que permaneciéramos vivos continuamente, en lugar de morir y renacer?

Ocupamos una tercera parte de cada veinticuatro horas en dormir, y no lo consideramos un desperdicio de tiempo, porque reconocemos los beneficios que nos provee esta interrupción en nuestras actividades físicas. Lo que nos parece una tarea insuperable cuando estamos agotados después de un día de trabajo, puede fácilmente ser llevado a cabo después de una noche de sueño reparador. Un problema que no pudimos resolver con un cerebro cansado y sin fuerzas, puede fácilmente ceder a un nuevo ataque en la mañana siguiente. Si intentamos mantenernos activos las veinticuatro horas, día tras día, gradualmente ejecutaríamos menos y menos trabajo, hasta obtener finalmente un colapso físico y nervioso.

En una escala mucho mayor sucede lo mismo, el cuerpo sufre desgaste y la conciencia se fatiga. Se debe descansar y refrescarse por uno mismo, tal y como lo hace la Naturaleza con su disposición sabia de días y noches, lo que prácticamente nos obliga, para nuestro beneficio y protección, a tomar un descanso diario. Así también y por la misma razón, la Naturaleza nos impone a tomar un descanso mayor de muerte, durante el cual se renueva la vitalidad al permanecer en planos internos y espirituales.

Y existen otros beneficios que se vuelven posibles mediante esas interrupciones y reanudaciones cíclicas en nuestra existencia física.

No podemos usar el mismo traje desde la infancia hasta la vejez: o se desgasta o ya no se ajustaría a nuestro crecimiento físico. El traje que se ajusta a un niño, no le asentaría bien a un adulto y le estorbaría, limitándole en sus acciones. El adulto debe tener un traje adecuado que se ajuste a su talla y que esté diseñado de acuerdo a sus actividades.

Además, un individuo puede crecer más que su medioambiente, y el método de la Naturaleza de "darle un nuevo traje," o de ubicarlo en una serie nueva de circunstancias, es la reencarnación.

Una existencia continua, con pequeños cambios graduales, no daría la misma oportunidad para el perfeccionamiento, como lo hace un cambio completo. Cuando una casa se vuelve anticuada, las reparaciones de aquí y allá no producirán una vivienda moderna. Se requiere la demolición de la estructura vieja, y al usar algo del material viejo y algunos nuevos, se puede reconstruirla como nueva y con mejor diseño.

La Naturaleza constantemente repite sus procesos. Los árboles y las plantas tienen su actividad de temporada en la primavera y el verano, y su período de descanso en el otoño y el invierno. Esta ruptura de continuidad es un beneficio, no solamente para los árboles y plantas, sino también para el agricultor, quien puede haber descuidado el control de la maleza en sus campos. Cuando la helada del invierno viene, la maleza es eliminada. Al seguir la primavera, el agricultor tiene la nueva oportunidad de cuidar por sus cosechas, y de desarraigar la maleza, cuando ella está tierna y blanda.

Los seres humanos somos parte de la Naturaleza y estamos sujetos a sus leyes. También sabemos lo difícil que es desarraigar o superar un hábito, o un defecto al que se le ha permitido crecer a lo largo de una vida. También sabemos la ventaja que representa si el trabajo de formar buenos hábitos y moldear caracteres nobles, se comienza en la niñez o en el inicio de la juventud.

La Naturaleza nos ofrece esta oportunidad de tener un nuevo comienzo con cada nuevo nacimiento en la existencia física.

Períodos Desproporcionados de Tiempo

¿Por qué es el período entre encarnaciones tan largo si se compara al período de la existencia encarnada?

Los seres humanos formamos parte de algo mucho más grandioso del que seamos humanos solamente. El Ego Humano, durante el intervalo entre vidas terrestres, o experimenta sus sueños post-mortem bienaventurados, o está descansando en forma inconsciente esperando por su próxima encarnación, mientras que la parte superior de nuestra naturaleza está procediendo de acuerdo a su propia evolución, en esferas mucho más altas de donde el Ego Humano mora. Los períodos de tiempo que se requieren para esas experiencias, son proporcionalmente mucho más largos que los de la existencia encarnada; así como también, los principios superiores dentro de nosotros son más grandiosos que nuestra conciencia humana.

Por lo tanto, el tiempo de nuestra existencia encarnada, es solamente una fracción de un ciclo grandioso, un intermedio periódico entre dos períodos mucho más largos, en los cuales el Rayo está activo en los planos espirituales.

Así como "el tiempo de día para el cuerpo es tiempo de noche para el alma," así mismo el Dios Interno está privado de su libertad de acción durante la existencia encarnada. Pero la muerte rompe el vínculo con la parte inferior de la constitución humana, y esto libera los principios superiores para regresar a sus planos respectivos de origen. Y así como "el tiempo de noche para el cuerpo es tiempo de día para el alma," así mismo los principios superiores se vuelven completamente activos en sus propios planos, y comienza para ellos su existencia verdadera. Estas actividades son las que requieren tales períodos inmensos de tiempo, lo que hace que la duración de las actividades de la existencia encarnada parezca tan insignificante, si se comparan entre sí.

¿Por Qué el Dios Interior Desciende a los Planos Inferiores del Ser?

Si el Dios interior del hombre tiene su existencia verdadera en los planos espirituales, ¿Por qué tiene conexión con el plano material?

Porque la Naturaleza, la visible y la invisible, es un organismo enorme con entidades interdependientes, en el cual todas las unidades de vida se ayudan mutuamente en su evolución. Las más altamente evolucionadas ayudan a las menos evolucionadas, lo cual al mismo tiempo, promueve sus propias evoluciones. De esta manera, el Dios Interno del hombre, su Padre en los Cielos, está constantemente buscando ayudar y alzar a su "hijo," el ser humano, al irradiar su influencia espiritual dentro de la conciencia del hombre.

Durante la vida encarnada, el Dios Interno voluntariamente limita su propia libertad, y "reduce" su grado de participación en el plano en el cual el Ego Humano funciona. Es como una acción retardada en el medio de una película en la que todas las acciones se desarrollan rápidamente. El menos evolucionado entre los Egos Humanos es capaz de utilizar esa pizca de acción retardada. Es durante ese tiempo en el cual todo Ego Humano tiene la oportunidad de avanzar.

Pero en ese mismo tiempo en el cual el Ego Humano se beneficia, el Dios Interno también gana experiencia, la que no podría obtener en otra forma. Es como la relación entre padres e hijos. El hijo se beneficia de la ayuda que recibe, pero, desconocido para él, también les da lecciones a sus padres, las cuales ellos no podrían obtener en otra forma. Ellos tienen que ceder mucha de su libertad, y en cierta forma, se autosacrifican por la protección y el bienestar de sus hijos. Esto, a su vez, brinda solidaridad, comprensión, piedad, lo cual promueve la evolución del lado espiritual de su naturaleza.

Platino (205-270 D.C.), el filósofo grandioso de la escuela neoplatónica, en una descripción maravillosa, nos da la razón por la cual el alma desciende dentro de la materia, y los beneficios que de allí recibe, y demuestra que el alma debe experimentar vida material, para apreciar verdaderamente su existencia espiritual.

La exposición de Platino está citada a continuación. La interpretación del autor, para ciertos términos usados en la descripción, está escrita dentro de paréntesis.

El alma, aunque de origen divino, y procedente de la región de lo alto, se vuelve mezcla dentro del receptáculo obscuro del cuerpo físico, y siendo de manera natural un dios posterior [un dios en formación], desciende al mundo material mediante cierta inclinación voluntaria, en consideración a la capacidad y a los asuntos ornamentales inferiores [para agregar significado y dignidad a la vida material] Al hacer esto, el alma recibe el conocimiento de sus poderes latentes, para poder manifestar una variedad de operaciones, característica de su naturaleza, lo cual por morar perpetuamente en un hábito no corpóreo [un estado sin cuerpo físico], y que nunca se había desarrollado hacia el interior de la energía [uso activo de poderes latentes], habría sido otorgado en vano. . . . Mediante una abundancia de deseo, el alma se sumerge profundamente en la materia, y totalmente ya no mora más con el alma universal. Sin embargo, nuestras almas son capaces, por turno, de levantarse desde aquí, acarreando con ellas una experiencia de lo que han aprendido y sufrido en sus estados caídos [mientras corporificadas]; y por lo cual ellas descubrirán cuán bendito es continuar en el mundo inteligente [espiritual], y que por comparación de contrarios, sencillamente percibirán la excelencia de un estado superior. Porque la experiencia de la maldad produce un conocimiento más claro de la bondad. Esto se lleva a cabo en nuestras almas de acuerdo al correr del tiempo [encarnaciones cíclicas], en el cual una conversión ocurre desde una naturaleza menos importante hacia las más exaltadas [el humano evoluciona para volverse divino].

El Simbolismo de la Crucifixión

El período de encarnación, mientras el Dios Interno está vinculado e ilumina a las partes intermedia e inferior del ser humano, es en cierto sentido, la "crucifixión" del Dios Interno en la "cruz de la materia," y esto es lo que ha dado base a la historia de la crucifixión de Cristo.

Es esa historia, la cual debe tomarse simbólicamente y no en forma literal, el cuerpo humano y el Ego Personal es "la cruz de la materia," la "carga" que voluntariamente el Dios Interno ha tomado para acarreársela sobre sí, y a la cual está "clavado" durante el período de la encarnación.

Dentro de ese simbolismo, de los dos ladrones crucificados con Cristo, el arrepentido, a quien Cristo se le cita diciéndole: ". . . hoy estarás conmigo en el Paraíso," (Lucas 23:43), representa la parte del Ego Humano que durante la vida ha aspirado subir. Es el aspecto superior del Ego Humano, el cual, después de la segunda muerte, ingresa en el estado de ensueño post-mortem bienaventurado. Las tendencias empedernidas de la naturaleza inferior del Hombre están representadas por el otro ladrón.

Casos Especiales

Un Recuerdo Verdadero de una Vida Anterior

Un individuo común no puede, en condiciones normales, recordar sus vidas pasadas por razones que ya fueron explicadas. Son muy pocas las excepciones auténticas a esta regla, pero de vez en cuando oímos de alguien que recuerda detalles de una vida pasada, los cuales están sujetos a revisión.

Uno de tales casos fue reportado en la sección "American Weekly," del Examiner de San Francisco, diciembre 01, 1937. El reporte, que está documentado con fotografías y cubre más de dos páginas tamaño periódico, fue suministrado por un comité de tres prominentes ciudadanos de Delhi, India, quienes investigaron el caso. El jefe del comité fue el director administrativo del periódico principal de Delhi. Con él, sirvió un dirigente del Partido Congreso Nacional de la India, y socio cercano de Mohandas Gandi, también uno de los abogados principales de Delhi.

El comité tomó todo el cuidado necesario para revisar toda la guía de datos que fue suministrada. De ese reporte, el cual es muy completo con nombres, direcciones y fechas, nos enteramos que una niña de Delhi, de once años de edad al tiempo del reporte, empezó a hablar a sus padres, a la edad de cuatro años, acerca de cosas que ella recordaba de su vida anterior, la cual ella decía, fue vivida en Muttra, una ciudad a 144 Km de Delhi.

Ella dijo que cuando se volvió mayor de edad, había estado casada en Muttra, dio el nombre de su esposo, y que él fue un tendero de ropa. Ella dijo que su cuerpo anterior había muerto a los veintitrés años de edad, un año antes que ella, la niña de once años entonces, naciera. En su vida anterior, ella tuvo una hija y un hijo. Ella dio la dirección de la tienda anterior, describió detalles de la casa, como también de un templo en el vecindario, y las calles y avenidas que conducían a su hogar anterior. Ella dijo que había un pozo en una esquina del patio, y que en un cuarto ella había escondido dinero bajo el piso.

El esposo anterior fue localizado por correspondencia y verificó la información dada como substancialmente correcta. Más tarde, el esposo con el hijo — el hijo de la mujer fallecida, cuya alma estaba, en ese tiempo, corporificado en la niña de once años de edad — viajaron a Delhi para reunirse con la niña, quien inmediatamente reconoció a su esposo anterior. Preguntas que sólo la esposa anterior podría haber contestado, le fueron hechas por el esposo, y fueron contestadas correctamente. El hombre se tornó completamente convencido de que fue la misma alma, como la de su primera esposa, con quien él había hablado.

Un hombre, a quien ella no había visto antes, vino a visitarla y a preguntarle si ella lo conocía. Ella contestó correctamente que él era el primo menor de su esposo anterior.

Entonces, el comité condujo a la niña por tren a la ciudad de Muttra, su ciudad natal anterior.

Bajando del tren, ella reconoció inmediatamente a un hermano mayor de su esposo anterior, en un pequeño gentío en la plataforma de la estación.

Al dejar la estación del tren, ella fue ubicada en el asiento delantero de un carruaje, y se le pidió que dirigiera al conductor hasta su casa vieja. Ella le mostró la vía sin ninguna dificultad, y comentó que anteriormente la calle no había estado alquitranada, reconoció edificios a lo largo de la ruta y contestó correctamente a las preguntas relativas a ellos, señaló edificios nuevos, y finalmente pidió parar el carruaje en un callejón en donde la casa vieja estaba ubicada. La casa había sido pintada con colores diferentes, pero ella la localizó sin mucha dificultad. Ella señaló el cuarto donde ella vivió y demostró que le eran muy conocidos cada rincón y esquina de la casa.

Ella pidió que se le llevara a su otra casa (ella había vivido en dos lugares) Ella dirigió al grupo hasta allá, y más tarde, reconoció su segunda casa, también sin ninguna dificultad. Era allí donde ella había escondido el dinero y en donde el pozo estaba supuesto a estar localizado.

Este es el lugar, dijo, donde había vivido la mayor parte de su vida anterior, y entró en la casa como si todavía fuera su dueña.

Se le pidió que señalara el pozo del cual acostumbraba contar en Delhi, e inmediatamente corrió al pequeño patio de la casa y se perturbó mucho al no encontrar el pozo allí, pero señalando hacia una esquina, dijo con certeza: "El pozo estaba allí." El remover una lápida mostró el pozo, que había sido sellado algunos años antes.

Cuando se le preguntó de su tan conocido tesoro, ella llevó al grupo a su cuarto anterior, y señalando hacia un sitio en una esquina, dijo que el dinero estaba escondido debajo de ese sitio. El piso fue abierto, y un receptáculo para guardar valores bajo tierra fue localizado, pero no había dinero. La niña insistió que el dinero debía estar allí, pero no se le pudo encontrar. Después fue averiguado que el dinero había sido sacado por su marido anterior, después de su muerte.

Mientras estuvo en Delhi, ella tuvo muy pocos recuerdos de sus padres en su vida previa, pero cuando se le condujo a la casa de sus "padres" en una calle vecina en Muttra, ella no solamente reconoció la casa, sino también pudo reconocer a sus viejos "padre" y "madre," en un grupo de más de cincuenta personas.

Su hijo de su vida previa, cuyo nacimiento fue la causa indirecta de su muerte, era entonces de doce años de edad, un año mayor que ella; aún así, ella expresó amor maternal por él. Ella sintió vínculos de relación más fuertes con su hijo y su marido anterior que con los miembros de su nueva familia, y se le partió el corazón cuando tuvo que dejar el lugar para regresar a Delhi.

El reporte finaliza con una declaración jurada por el primo del marido anterior. El reporte tiene grabado una serie de preguntas hechas por el primo y las respuestas de ella. Como resultado de esta entrevista, el primo se convenció de que la niña era de su propia parentela, "ahora personificada en otro cuerpo físico."

En este caso entonces, el cual está bien autenticado como cualquier investigador serio pudiera esperar, se habla de un alma, un Ego, que recuerda su vida pasada dando prueba de ello. El caso es anormal, porque la reencarnación ocurrió casi inmediatamente después de la muerte. Si hubiera sido normal, habría habido un intervalo de cientos o millares de años entre las encarnaciones, y nunca habríamos oído de ello, porque recuerdos no detallados podrían haber salvado la brecha. Es debido a su anormalidad que este caso puede servir como una demostración visible externa, de que la reencarnación es una realidad.

¿Qué causó esta anormalidad?

El por qué le sucedió dicha anormalidad justamente a esta alma, puede ser mejor entendido después de estudiar el Capítulo VIII, "Karma."

Cómo sucedió, es difícil de explicar. Posiblemente un fuerte apego insólito a sus amados, unido al hecho de que su vida fue rota prematuramente, fue suficiente para superar la tendencia natural para deslizarse dentro del estado normal post-mortem, y reencarnar nuevamente. Podría haber material para explicar el traspaso de memoria, por el hecho que el cuerpo modelo y las energías psicológicas de naturaleza personal, no tuvieron tiempo para esparcirse completamente. Sólo se puede especular. Se requiere la intuición y sabiduría de un Maestro para conseguir una explicación satisfactoria.

Es un caso triste y muy desafortunado para el alma que debe experimentarlo, porque esa alma se encontraría a sí misma ubicada entre intereses y responsabilidades conflictivas, las cuales ejercerían sus tensiones en direcciones diferentes. Ello demuestra las complicaciones que pueden surgir, a la vez que nos deja perplejos si todos nosotros fuésemos capaces de recordar nuestras vidas pasadas, así como también nos muestra cuán afortunados somos por no ser capaces de lo último.

Los Adeptos saben por experiencia

Para aquellos quienes han tenido éxito en levantar su Ego Humano dentro de una Unión consciente con su Ego Superior, la reencarnación no es solamente una hipótesis cierta, sino también un hecho demostrado, porque ellos han atravesado esa experiencia en posesión total de sus conciencias ya sublimadas.

La Señora H. P. Blavatsky y sus sucesores en sus enseñanzas de este tema, nos han dejado disponible varias obras teosóficas para poder ahondar profundamente en ello.

El investigador que desee profundizar su estudio en este tema, puede hacerlo al consultar los Capítulos "Reimbodiment as Taught through the Ages" y "How Man is Born and Reborn," del libro The Esoteric Tradition, por G. de Purucker.

Transmigración
Incomprendida, pero Fiel

Mala Información Popular sobre el Tema

Una razón por la cual la doctrina de la reencarnación ha encontrado tanta oposición, es el hecho de que la mala información dice que la reencarnación significa el renacimiento de un alma humana dentro del cuerpo físico de un animal.

Este concepto erróneo popular, el cual ha existido por edades, es muy general, y tiene como resultado mucha crítica injustificada y mucha ridiculez dirigida en contra de la enseñanza auténtica. De esta forma, es común, cuando se menciona la palabra reencarnación, oír que alguien estalla en un estruendo de carcajadas y exclamar: "No quiero regresar a la vida para ser un gato." La broma, que parece ser tan divertida, se basa en la ignorancia de la crítica y no tiene aplicación a las enseñanzas de la Sabiduría Antigua sobre este tema. Esas enseñanzas, definitivamente afirman que, una vez la Mónada ha evolucionado hasta la etapa humana, no puede corporificarse en algo que sea subhumano. Lo menor no puede contener a lo mayor, y un cerebro animal con su mentalidad, es incapaz de acomodar a una conciencia humana, así como una botella es incapaz de alojar un galón de líquido. Además, la marcha de la evolución es hacia adelante y hacia arriba, y no habría estímulo para la Mónada bajar a un nivel inferior, aún si pudiera hacerlo.

Otro factor que ha contribuido al concepto erróneo de este tema, es la confusión que existe respecto a los términos que se usan para darle significado al renacer de un alma humana.

El Dr. G. de Purucker dice, en su The Esoteric Tradition (página 594), que hay diferentes aspectos de la doctrina general de la Adopción de Cuerpos Nuevos, designada por los siguientes términos:

Preexistencia
Renacimiento
Palingenesia
Transmigración
Metempsicosis
Reencarnación
Metensomatosis

Cada una de ellas tiene un significado específico, pero las enciclopedias y diccionarios las tratan, más o menos, como sinónimos, y generalmente las asocian a todas, con la idea de renacer dentro de cuerpos físicos de animales.

De esos términos, reencarnación es relativamente nuevo, y ha sido grandemente popularizado a través de las obras de la Señora H. P. Blavatsky y sus seguidores en el siglo diecinueve. Los términos comunes en la literatura primitiva son preexistencia, metempsicosis y transmigración.

Como ya se explicó, el término reencarnación se refiere a la toma de cuerpo en vehículos de carne. Por lo tanto, el término se aplica correctamente a la adopción de cuerpo nuevo del Ego Humano en cuerpos físicos humanos, pero nunca debe interpretarse que signifique el renacer de Egos Humanos en cuerpos de animales.

Enseñanzas Exotéricas y Esotéricas

Hasta este punto, la pregunta surge naturalmente: ¿Cómo pudo presentarse esa idea errónea y volverse tan difundida, si es lo contrario a la enseñanza de la Sabiduría Antigua en ese tema?

Existen muchos factores que se han combinado para producir ese resultado. Quizá el más importante sea el método doble de enseñar, usado por los antiguos, el cual es esbozado como sigue:

La Sabiduría Antigua contiene muchas enseñanzas respecto a las fuerzas ocultas de la Naturaleza, las cuales, si se usan con un propósito egoísta, podrían ocasionar un daño incalculable. Por esta razón, habría sido peligroso dar todas las enseñanzas abiertamente y a cualquiera. Las enseñanzas ocultas y más profundas fueron dadas solamente a aquellos, quienes después de años de entrenamiento y muchas pruebas severas, habían sido encontrados honrados, y quienes tenían la educación necesaria para entenderla. Aquellos que recibían esas enseñanzas tenían que comprometerse por ellos mismos a guardar el secreto; y es, por lo tanto, un pequeño milagro que solamente fragmentos de esas enseñanzas haya sobrevivido hasta ahora.

Pero las masas, quienes eran incapaces o estaban indispuestos a pasar las pruebas requeridas, o quienes eran incompetentes de comprender las enseñanzas más profundas, también necesitaban ilustración y algo para guiar sus pasos. Para su beneficio, las enseñanzas ocultas fueron insinuadas en fábulas o parábolas, o presentadas en una forma velada como ejecuciones dramáticas, en las cuales las ideas fueron representadas por personas, y las cualidades de naturaleza humana, simbolizadas por varios animales.

Este método doble de enseñanza fue general entre los antiguos. Fue usado en los Templos y Escuelas de Misterio, por Pitágoras, Platón y todos los grandes maestros. Que Jesús lo usó, lo sabemos por su cita cuando les dijo a Sus discípulos: ". . . a vosotros os he dado a conocer los misterios del Reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan" (Lucas 8.10).

La Qabbalah o Cábala es la doctrina secreta de los judíos. En su libro principal, el Zohar, encontramos una declaración estableciendo que "el hombre que entienda la Biblia hebrea en su significado literal, es un tonto" (citado en The Esoteric Tradition, página 62).

Maimónides, uno de los más grandes rabíes judíos de la Edad Media, escribió: "Nunca debemos tomar literalmente lo que está escrito en el libro de la creación . . . Si se toma literalmente, esa obra contiene las ideas más absurdas y remotas de lo Divino" (citado en The Esoteric Tradition, página 62).

Orígenes, el sabio alejandrino y padre de la iglesia, quien vivió durante los siglos II y III D.C., escribió:

En Egipto, los filósofos tienen una Sabiduría de lo más noble y secreto acerca de la naturaleza de lo Divino, y esa Sabiduría es revelada a la gente sólo bajo la cubierta de alegorías y fábulas . . . Todas las naciones del Oriente — los persas, los hindúes, los sirios — esconden misterios secretos bajo la cubierta de fábulas y alegorías religiosas; el sabio verdadero (el iniciado) de todas las naciones entiende el significado de ellas; pero las multitudes no instruidas ven solamente los símbolos y las cubiertas." — Contra Celsum, Bk. I Cap. XII, citado en The Esoteric Tradition, páginas 61-2

Fabre d'Olivet (1768-1825), el sabio francés y autor de Examinations of the Golden Verses of Pythagoras, escribe (página 275):

Es bien sabido que todos los hombres eminentes, tanto los antiguos como los actuales, todos los eruditos recomendables por sus obras o enseñanzas, están de acuerdo con respecto a que los preceptos de Pitágoras son simbólicos, esto es, que su contenido es figurado, que tienen un significado muy diferente del que parecen ofrecer literalmente. Fue la costumbre de los sacerdotes egipcios, de quienes él se había empapado, esconder sus doctrinas debajo de una cubierta exterior de parábolas y alegorías.

El señor d'Olivet da muchas referencias para establecer esa afirmación.

Este método doble de enseñanza, unido al hecho de que el significado interno escondido ha sido extraviado, mientras la cubierta exterior, los símbolos y fábulas han permanecido, es lo que le ha dado origen a los conceptos erróneos tan popularmente difundidos de la transmigración, metempsicosis y la reencarnación.

Las Más Altas Autoridades Rechazan la Transmigración en Animales

Sin embargo, tenemos evidencia de que aquellos que conocieron las enseñanzas verdaderas, rechazaron el concepto erróneo de que el alma humana alguna vez haya emigrado a través de los reinos inferiores de la Naturaleza, como lo veremos en las siguientes citas tomadas de obras de algunos de los más grandes guías del pensamiento de la antigüedad.

Uno de ellos fue Pitágoras. Él viajó a Egipto, Caldea, Persia e India, y fue Iniciado en los Templos y Escuelas de Misterios de esos países. Fue reformador del Orfeísmo, un culto griego primitivo.

Pitágoras fundó una Escuela en Cretona, Italia, donde ofreció sus enseñanzas secretas a candidatos especialmente entrenados y abnegados. Platón fue estudiante de esta escuela, y le da crédito a Pitágoras por lo mejor de sus doctrinas. Los sistemas de enseñanzas, Gnóstico, Estoico y Neoplatónico, fueron todos influenciados por las enseñanzas de Pitágoras y su seguidor, Platón.

Los neoplatónicos, de acuerdo a G. De Purucker en sus Fundamentals of the Esoteric Philosophy, página 56, enseñaron, más o menos, abiertamente lo que habían sido las enseñanzas secretas de Pitágoras y Platón. Uno de los neoplatónicos, Heráclides del Ponto (410-476 D.C.), quien poseyó una tan alta reputación por su carácter y aprendizaje, a tal grado que fue reconocido como un segundo Platón, es el autor de un Comentario sobre "The Golden Verses of Pythagoras," el cual ha sido preservado hasta nuestros días.

En sus observaciones finales de ese Comentario, Heráclides del Ponto, escribe: "Este es el Comentario que pensamos que corresponde exactamente a los Versos de Oro; y que puede llamársele Resumen de la Doctrina de Pitágoras, no es muy extenso ni tampoco muy breve (citado de The Commentaries of Hierocles on the Golden Verses of Pythagoras in Dacier's Life of Pythagoras, with his Symbols and Golden Verses, together with the Life of Hierocles and his Commentaries upon the Verses, London, 1707, p. 388).

Ese Comentario es la fuente de la mayoría de nuestro conocimiento sobre la filosofía pitagórica.

Al comentar los versos LII y LIII, y refiriéndose a las experiencias del alma después de la muerte, e incluyendo la idea de transmigración en animales, Heráclides escribe:

Si mediante vergonzosa ignorancia de la inmortalidad perteneciente a nuestra alma, un hombre pudiera convencerse por sí mismo de que su alma muere con el cuerpo, él espera . . . lo que nunca puede suceder; de la misma manera, quien espera que después de su muerte será puesto en el cuerpo de una bestia, y convertirse en un animal sin raciocinio por causa de sus vicios; o en una planta por causa de su torpeza y estupidez — tal hombre, lo digo yo, actúa completamente al contrario de quienes transforman la esencia del hombre en un ser de calidad superior; y que se precipita dentro de un ser de substancia inferior, está infinitamente engañado, y absolutamente ignorante de la forma esencial de nuestra alma, la cual no puede cambiar, porque es un hombre y continuará siéndolo; es solamente un dicho el convertirse en Dios o en bestia, por virtud o por vicios, porque por su naturaleza no puede ser ni lo uno ni lo otro, sino sólo por su semejanza podría ser lo uno o lo otro. — Ibid., páginas 334f

¿No dice esto, primero, que el alma sobrevive a la muerte, y después, que la transmigración en animales sería un cambio completo de la corriente de la evolución, al mandar hacia atrás al alma dentro de algo inferior, en lugar de enviarla a lo superior, lo cual es contrario a la enseñanza verdadera? ¿No dice que, cuando el hombre es llamado "dios" o "bestia," es en sentido figurado, lo cual sólo el ignorante lo tomaría en sentido literal?

Si nos volvemos a las enseñanzas del Antiguo Egipto, encontraremos que también ellos rechazaron el concepto erróneo popular de la transmigración en animales.

En el Capítulo X de The Pymander, uno de los libros herméticos, Hermes le informa a sus discípulos del castigo que le acontecerá a las almas impías después de la muerte. Hablando de las quejas y lamentaciones del alma en su sufrimiento, Hermes dice: "Estas son las voces del alma al ser castigada, no como muchos suponen . . . de que un alma que sale del cuerpo se convierte en una bestia salvaje, lo cual es un error grandísimo (citado de The Theological and Philosophical works of Hermes Trismegistus, Part I, Poemandres (Pymander), X.20, by John David Chambers, of Oriel College, Oxford, Edinburgh, 1882, página 65).

En otro párrafo del mismo capítulo, Hermes le dice a su discípulo que:

. . . el alma impía en su esencia propia y característica, se impone un autocastigo mediante sus esfuerzos para poder entrar en otro cuerpo terrestre, en un ser humano. Porque ninguna otra clase de cuerpo puede ser la morada de un alma humana, la que nunca puede descender dentro del esqueleto de un animal irracional. Las leyes divinas preservan al alma humana de tal injusticia. — Louis Ménard, Hèrmes Trismégiste I.x, citado en Walker's Reincarnation, página 333 (La misma cita se encuentra en The Pymander by J. D. Chambers, página 63)

En la India, como en cualquier otro lugar, encontramos el mismo concepto erróneo popular respecto a la transmigración, como en cualquier otro lugar. Que no es aceptado literalmente por quienes conocen, es visto a través de la afirmación de un Brahmán a E. D. Walker, autor de Reincarnation, a Study of Forgotten Truth. El Brahmán dice (página 270):

Todo el problema de los renacimientos yace en el entendimiento correcto de lo que nace nuevamente . . . La característica esencial de la humanidad, en ninguna manera puede existir en forma animal, porque si así fuera, no pudiese ser esencial para la humanidad . . . Se debe insistir que el ego humano verdadero, en ningún sentido, emigra de un cuerpo humano a un cuerpo animal, aunque los principios que yacen bajo el plano de la autoconciencia puedan hacerlo. Y es en este único principio que la transmigración es aceptada por la Ciencia Esotérica.

Orígenes, el grandioso Padre Cristiano del tercer siglo, aceptó la doctrina de la reencarnación, pero rechazó la transmigración en animales. En su obra On First Principles, Bk. I, Capítulo VIII, Sec. 4, él escribe:

De ningún modo pensamos que esas opiniones tengan que ser admitidas, aunque algunas, innecesariamente, suelen avanzar y mantenerse; por ejemplo, que las almas desciendan a tal extremo de degradación que olviden su naturaleza racional y dignidad, y se hundan en la condición de animales irracionales, grandes o pequeños . . . Todas esas declaraciones no solamente no las recibimos, sino que son contrarias a nuestra fe, y las refutamos y rechazamos. — Citado de The Esoteric Tradition, II, página 629

Así, tenemos declaraciones de las más altas autoridades, todas ellas rechazando la idea de que el alma humana emigre hacia los Reinos inferiores de la Naturaleza.

Otros Factores Erróneos

Además del método doble de enseñanza, otros factores pueden haber contribuido al concepto erróneo respecto a la transmigración. Uno de ellos es el hecho de que el cuerpo humano es un cuerpo animal — más altamente evolucionado que los demás cuerpos animales, pero animal, a pesar de todo. En este sentido, sí es cierto que cuando renacemos, tomamos un cuerpo animal. Pero sería mejor decir que tomamos un cuerpo animal humano, pero si el adjetivo humano es omitido, es fácil ver como alguien, quien esté sólo superficialmente informado sobre la materia, podría interpretar mal el renacimiento de un hombre en un cuerpo animal humano, como el renacimiento de ese hombre en el cuerpo de algún animal inferior. Agreguémosle a esto, el hecho de que cuando un hombre lleva una vida sensual, y cede a la glotonería o a otros apetitos viles, puede ser ciertamente dicho que él vive en la parte animal de su naturaleza; así sí él se convierte en animal, su propio animal, y encontramos que hay material extenso para mal entender la enseñanza verdadera. Esto es a lo que Heráclides se refiere en la última parte de la cita que se mencionó anteriormente.

El Simbolismo de la Esfinge

Los registros de la enseñanza egipcia antigua que nos ha sido transmitida, parecen indicar que los egipcios creyeron en la transmigración del alma en animales (vea la cita de Herodoto en H. P. Blavatsky"s Theosophical Glossary, s.v. "Pre-Existence") Sin embargo, esos mismos egipcios, evidentemente anticipándose al concepto erróneo que podría alzarse sobre este aspecto en el futuro, nos dejaron un registro, escrito en piedra, de lo que exactamente ellos sí querían decir por "transmigración animal." Sus iniciado y filósofos, artistas y escultores dejaron para la posteridad la Esfinge, una estatua inmensa con una cabeza humana soportada por el cuerpo de un león yaciente. En su cara existe la expresión más maravillosa de serenidad y calma, y sus ojos parecen estar dirigidos hacia alguna escena distante, como si su propietario estuviese enfrascado en contemplación de algo mucho más allá de esta tierra.

¿Podría existir una manera más elocuente de ilustrar la idea de que el hombre es un ser compuesto — conciencia e inteligencia temporalmente alojados en un cuerpo animal, el cual, por esa vez, es el vehículo de la conciencia durante su permanencia en el mundo material?

Una estatua con una cabeza humana en un cuerpo humano no habría dejado ninguna lección, pero una cabeza humana en el cuerpo de un león reclamó la atención de la dualidad de la naturaleza del hombre, y por mostrar el cuerpo en reposo, ellos simbolizaron que, cuando el cuerpo del hombre, con sus sensaciones y apetitos, está bajo control y en reposo, la conciencia, aún cuando está en este mundo, es libre para alzarse en contemplación hacia otros planos superiores del ser.

La idea de ilustrar la dualidad de la naturaleza del hombre mediante el símbolo de una cabeza humana sobrepuesta en un cuerpo animal, no fue única para Egipto. Los asirios antiguos usaron exactamente el mismo método de enseñanza, pero utilizaron el cuerpo de un toro en lugar de la de un león. Los asirios agregaron un rasgo extra, al hacer con alas al toro, para acentuar todavía más allá que la conciencia humana no está orientada terrenalmente, sino que puede alzarse hacia planos superiores de conciencia, aún cuando esté corporificada.

Los antiguos no necesitaron protegerse de sus contemporáneos equivocando el simbolismo, porque ellos fueron lo suficientemente inteligentes para saber que ninguna criatura, como la Esfinge o el toro con alas, existía. Además, ¿No se debería suponer que cuando los antiguos hablan de hombres como encarnando en cuerpos de animales, ellos quieren decir encarnación de cuerpos humanos con propensiones animales?

La Enseñanza Pre-Escolar es para Mentes de Párvulos

Otro factor que puede haber contribuido al mal entendimiento general en este tema, es que debido a la mentalidad no desarrollada de las masas, fue imposible explicarles el funcionamiento intrincado de la Ley de Causa y Efecto, en donde las causas sembradas en una vida, producen sus efectos en una futura encarnación. Sin embargo, esas masas necesitaron alguna enseñanza que infundiera respeto por la virtud y promoviera autocontrol. Además, fue necesario despertar solidaridad y piedad hacia las formas inferiores de vida. La enseñanza de que el alma humana, después de una vida de maldad pudiera habitar el cuerpo de algún animal, fue una simplificación conveniente que pudo ser usada para ese propósito. Y eso lo hace entendible, porque quienes sabían, usaron mejor eso como una amenaza, para mantener "detrás de la línea" a los otros que no pudieron ser alcanzados mediante las facultades superiores no desarrolladas de sus naturalezas inmaduras. Fue usada como "una enseñanza pre-escolar" para "mentes de párvulos."

¿Es que no se usa un método similar cuando se trata de enseñar el peligro de jugar con cerillos a los niños de tres y cuatro años de edad? Es imposible de explicarle al niño, mediante hablarles, acerca del peligro que el niño todavía no ha experimentado; y así, le hacemos pensar en alguna imagen aterradora, y tal vez decirle que "los duendes te cazarán," o algo similar que pueda hacer impresión en la mente del niño. Es un recurso temporal que se usa para proteger al niño, pero debiera seguirse con una explicación verdadera tan pronto como el niño sea capaz de entender. Es una verdad enseñada en forma de fábula. El peligro es real, pero su descripción es simbólica.

La doctrina del Cielo y el Infierno, ¿No es un caso similar? Esto fue aceptado literalmente una vez, y quizá todavía por partes, pero su concepto está gradualmente siendo reemplazado por el entendido de que es una presentación simbólica de hechos reales, es decir, que una vida limpia y virtuosa acarreará salud y felicidad, y que lo contrario traerá sufrimiento e infelicidad. Es una abreviación práctica con todos los detalles omitidos.

El peligro de usar esos métodos de enseñanza yace en la realidad de que, cuando la mente se ha desarrollado suficientemente para entender que la interpretación literal no existe, podría no reconocerse la verdad detrás de la simbología, y así concluir que no existe base para tal enseñanza.

Es en este momento crítico que una enseñanza adicional debe ser dada para explicar la verdad oculta, y para proveer esta información que hasta ahora falta, es que la Sabiduría Antigua ha vuelto a exponerse para el beneficio de la humanidad.

Nosotros También Usamos Expresiones Simbólicas

Antes de que ridiculicemos a los antiguos por sus exposiciones simbólicas, las que nos parecen tan tontas porque las tomamos literalmente, sería bueno recordar que nosotros también usamos exposiciones simbólicas, las que están sujetas a mala interpretación por futuras generaciones.

Nuestra Biblia Cristiana está llena de expresiones figuradas. Allí encontramos hombres comparados a ovejas y machos cabríos, y Jesús, el Hijo de Dios y Salvador, es referido como un cordero. Jesús también habla de él mismo como siendo una vid, y sus discípulos, como las ramas de esa vid. La simbología de esto es bien entendida hoy día, pero supongamos que nuestra civilización sea destruida, y que después de algunos 10 000 años, solamente unos pocos registros incompletos, tales como los mencionados anteriormente, permanezcan, y que alguien tratara de reconstruir nuestras ideas sobre religión a partir de esos fragmentos incompletos. ¿Sería justificada la persona al deducir la conclusión de que los "hombres" del siglo veinte, verdaderamente ocuparon cuerpos de ovejas y machos cabríos, y de que el mundo realmente fue salvado por una vid?

Si pudiéramos hablar a lo largo del intervalo de un ciento de siglos, ¿No nos dirigiríamos a nuestro descendiente del siglo ciento veinte, en una forma muy cortés, para preguntarle que como fue posible que tomara literalmente algo que tan claramente es una presentación simbólica, que lo que pretendió fue llevar una idea para hacerla entendible al hombre de la calle? ¿Y no le diríamos que, aún el individuo de mente más sencilla de nuestro tiempo, el siglo veinte, entendería que tales expresiones son simbólicas?

Y supongamos que los antiguos, aquellos que aceptaron la Reencarnación, pudieran ver el concepto erróneo que se ha producido respecto a ello en el siglo veinte, ¿No es probable que ellos, a su vez, expresaran sorpresa a nuestro fracaso de entender su simbología?

Transmigraciones Pre-Humanas

Como se explicó en el Capítulo I (Involución y Evolución), y en el Capítulo II (La Escuela de la Naturaleza), la unidad de vida o Mónada en proceso de evolución, comienza su jornada evolutiva al tomar cuerpos en las formas más inferiores de la Naturaleza, después de lo cual, gradualmente y tras el paso de inmensos períodos de tiempo, toma sucesivamente más cuerpos en los Reinos superiores de la Naturaleza. Toda esta evolución ocurre antes de que la Mónada haya alcanzado la etapa humana, y es ordenadamente una marcha hacia arriba, no un proceso atropellador y de acá para allá.

Este proceso puede ser comparado a una "migración de Monadas" a través de varios Reinos de la Naturaleza, "un traslado de un lugar a otro a través de fronteras imaginarias"; y por lo tanto, muy apropiadamente se le puede identificar como "Transmigración."

Todos y cada uno de nosotros hemos pasado a través de tales transmigraciones, antes de que pudiéramos alcanzar nuestra etapa presente como seres con conciencia propia de humanos. Durante las transmigraciones sólo tuvimos conciencia de minerales, plantas y animales.

Las fases pre-humanas de la evolución de la Mónada son referidas en un aforismo que se encuentra en la Cábala judía, la cual dice que: "una piedra se convierte en planta; una planta, en bestia; una bestia, en hombre; y un hombre, en dios." Esto no significa que los cuerpos de un reino cambian dentro de los cuerpos de otro reino, sino que se refiere a las transmigraciones de la Mónada de un tipo de cuerpo a otro.

El poeta sufí Jalal-ud-din se refiere al mismo tema en el siguiente poema:

Dejé de ser mineral, y me convertí en una planta;
Dejé de existir como planta, y reaparecí como un animal;
Dejé de respirar como un animal, y he aquí me volví un hombre;
Entonces, ¿Por qué debería temer?
¿Cuándo me volví inferior por morir?
La próxima vez moriré siendo un hombre
A quien le pueden salir alas como a un ángel.
Como un ángel, todavía debo continuar avanzando.

Las experiencias de la muerte y las de post-mortem del Ego Humano, incluyen el pasar de la conciencia del plano material a los planos invisibles ocultos, y finalmente, regresar otra vez al material. Si el término "Transmigración" se usa en toda conexión con las experiencias post-mortem del Ego Humano, debería restringirse a tales movimientos de la conciencia humana, de un plano o condición hacia otro plano o condición, dentro de su característica esfera propia de actividad humana.

Los poetas y escritores no siempre han distinguido entre las transmigraciones pre-humanas de las Mónadas subhumanas y las transmigraciones post-mortem del Ego Humano o Alma, sino que fusionaron las dos ideas en una, y esto ha contribuido a la noción errónea de que el Ego Humano transmigra dentro de los Reinos inferiores de la Naturaleza.

Transmigración Verdadera

Los átomos que constituyen el cuerpo físico del hombre, se dispersan después de la muerte. Lo mismo le sucede a todo lo que se desecha en la segunda muerte, y eso incluye a las partículas más etéreas del cuerpo modelo, así como también a ciertas otras energías intermedias entre el Ego Humano y el cuerpo modelo. Todas esas partes de la constitución humana anterior, ahora regresan a la Naturaleza, cada una a su propio plano característico. Aquí, ellas son libres de formar bloques de construcción de los vehículos de otras entidades, a las cuales ellas son atraídas.

En su asociación con la entidad humana, cuyo vehículo ellas ayudaron a construir, esas partes recibieron ciertas impresiones, altas o bajas, como el caso pueda haber sido. Esas impresiones son las que ahora determinan la dirección de sus viajes. Ellas pueden constituir el Reino Vegetal, o ser depositadas en los cuerpos de varios animales, o tal vez ingresar en los cuerpos de otros humanos.

Los átomos de toda la parte inferior de la constitución humana, de este modo, están emigrando a través de la Naturaleza, y transmigrando de un Reino a otro, y así, tal vez, regresen otra vez.

Es a este hecho al que los antiguos se refirieron cuando ellos dijeron que el Hombre transmigra a través de las formas inferiores de la Naturaleza, lo cual es correcto, si por "Hombre" se señalan a los elementos de la constitución abajo del Ego Humano, pero es incorrecto si se aplica al Ego Humano, o a los principios superiores arriba de este Ego Humano.

Para una aclaración más completa en este tema, el lector es referido a The Esoteric Tradition, de G. de Purucker, Capítulos sobre "Reimbodiment" y "How Man is Born and Reborn."

Reencarnación a Través de las Edades

Una Doctrina Antigua muy Difundida

Un estudio de las religiones y filosofías de la humanidad, desde la más remota antigüedad hasta atravesar todas las edades, demostrará que la reencarnación es una de las doctrinas más antiguas y más ampliamente distribuidas en el mundo.

Referencias con anticipación a la reencarnación carecen de los detalles que se encuentran en la literatura teosófica, porque esa información no fue publicada en el pasado.

En algunos casos, solamente porciones de la doctrina han sido presentadas, mientras otras han sido omitidas. Así, por ejemplo, algunos escritores explican casi exclusivamente en la preexistencia, sin abordar las fases post-mortem de la enseñanza. La doctrina no siempre puede aparecer en su forma verdadera, pero bajo una u otra forma, ella ha sido conocida alrededor del mundo, y será encontrada en muchos lugares, aún hoy en día.

Reencarnación en la Religiones Hindúes

El Brahmanismo y el Budismo, con cientos de millones de partidarios en Asia, enseñan el renacimiento del alma humana.

En uno de los Upanishads, conocido como los Bhagavad Gita, el cual es el libro de devoción más ampliamente leído y más amado, encontramos el Dios Interno del hombre, representado por la divinidad Krishna, hablándole al Alma Humana con estas palabras:

Nunca he dejado de existir, ni tú, ni todos los príncipes de la tierra; ni en el futuro dejaremos de ser. A medida el señor de esta estructura mortal experimenta interiormente infancia, juventud y vejez, así mismo lo volverá a experimentar en futuras encarnaciones. Aquel que es confirmado en esta fe, no es perturbado por nada que pueda acontecer.
* * *
Estos cuerpos finitos que envuelven a las almas que los habitan, se dice que le pertenecen a Él, el eterno, el indestructible, el espíritu improbable, quien reside en el cuerpo . . . Este espíritu no puede matar ni ser matado . . . No muere, aún si su estructura mortal es destruida.
* * *
Así como el hombre se deshace de las viejas vestimentas y se pone nuevas, así mismo el morador del cuerpo, habiendo abandonado sus estructuras mortales viejas, ingresa dentro de otras que son nuevas . . . La muerte es segura para todo lo que nace; y el renacer, para todo lo mortal.
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Yo y tú hemos atravesado muchos nacimientos . . . Los Míos son conocidos para Mí, mas tú desconoces los tuyos.
El hombre cuya devoción ha sido rota por la muerte, va a la región de los justos (la condición de ensueños bienaventurados entre encarnaciones), donde él mora por una inmensidad de años . . . Y entonces, vuelve a nacer en la tierra, en medio de una familia pura y afortunada.
* * *
Es un infinitésimo Mío el que, habiendo asumido vida en este mundo de existencia condicionada, reúne consigo los cinco sentidos y la mente, a fin de que pueda obtener un cuerpo, y pueda abandonarlo otra vez. Y ellos son acarreados por el Señor soberano, no importa donde el cuerpo ingrese o salga; es igual que la brisa, la cual acarrea la fragancia de las flores.

Reencarnación en la Biblia

La reencarnación no es presentada en la Biblia como una enseñanza especifica, pero se puede encontrar un número de declaraciones, las cuales pertenecen a la preexistencia y renacimientos de individuos, que demuestra que sus autores aceptaron la doctrina. Algunas de ellos siguen: En Proverbios 8:23-21, Salomón dice que él existió aún antes de la creación de la Tierra, y que sus deleites fueron con los hijos de los hombres, y en las partes habitables de la Tierra. En otras palabras, él debió haber nacido como un ser humano en un período primitivo, y él ahora, al tiempo de escribir sus Proverbios y hablando como Salomón, está en forma humana nuevamente. Eso es reencarnación. No señala futuros y repetidos nacimientos, pero no excluye la idea.

En Jeremías 1:5, El Señor, hablándole al profeta, dice: "Antes de formarte en el vientre, ya te conocía, y antes de que nacieras, te santifiqué y te ordené profeta para las naciones."

Eso implica la preexistencia de Jeremías.

En Jeremías 30.9; Ezequiel 34:23 y 37:24, existen declaraciones de que David será "levantado" y nuevamente se convertirá en rey o pastor de su pueblo. David había muerto hacía mucho tiempo: ser "levantado" evidentemente significa que la misma alma volvería a nacer otra vez, exactamente como había nacido dentro del cuerpo llamado "David," en la encarnación previa.

En Malaquías 4.5, se encuentra lo siguiente: "He aquí, Yo les enviaré a Elías, el profeta, antes que venga el día del Señor, grande y terrible."

Esta es una referencia evidente a la preexistencia y el renacer. Elías, un conocido profeta que vivió en el pasado, retornará en el futuro. No se dice nada respecto a regresos repetidos, sino que es evidente que, si Elías vivió en el pasado y renació aquí en la tierra, él vivió su vida, y en su turno, murió. No existe ninguna razón por la cual él no pueda regresar nuevamente de su nueva condición post-mortem, y repetir el proceso indefinidamente.

En Juan 9:1-2 encontramos las siguientes referencias a la preexistencia: "Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿Quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?"

La forma de la pregunta demuestra que la preexistencia se da por sentada por los discípulos, y Jesús muestra, al no rechazar la idea en su respuesta, que era aceptable para Él.

Jesús le preguntó a Sus discípulos: "¿Quién dice la gente que Yo Soy?" Ellos, contestándole, dijeron: "Juan el Bautista; pero algunos dicen Elías; y otros, que uno de los profetas de los antiguos ha resucitado." — Lucas 9:18-19

Un individuo que ahora existe, aquí se dice que es una encarnación de alguien conocido que había existido en el pasado. La respuesta a la pregunta conlleva con ella, de que se acepta la preexistencia, seguida por reencarnación, y ya que no conmueve ni sorprende a Jesús, la idea le debe haber parecido aceptable a él, porque la manera informal en que la idea es tratada, muestra que debió haber parecido axiomática, tanto para Jesús, como para Sus discípulos.

De paso, la cita muestra que "resucitar" o "ser levantado nuevamente," expresiones muy usadas en otras partes de la Biblia en casos similares, significa la reencarnación del individuo.

Existió una creencia en medio de los judíos, basada en una profecía antigua, de que la aparición de su Mesías tenía que ser precedida por el regreso del profeta Elías, ¿Y que significa "regreso," sino el renacer dentro de un cuerpo humano?

Refiriéndose a las profecías antiguas, y hablando de Juan el Bautista, Jesús dice:

Porque éste es de quien está escrito: He aquí, Yo envío a Mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de tí.
De cierto les digo: Entre los que nacen de mujer, no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista . . .
Y si lo quieren recibir, él es aquel Elías que había de venir. — Mateo 11:10-11, 14

¿Y cómo "vino" Elías? Vino por renacer.

Después de que Juan el Bautista fuese decapitado, y cuando los discípulos habían fracasado en reconocerlo como Elías, quien precedería la venida de Cristo, ellos le preguntaron a Jesús:

¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?
Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.
Pero les digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron . . .
Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista. —Mateo 17:10-13

En esta cita y en la anterior, Jesús afirma, en términos inequívocos, que el alma de Juan el Bautista fue la misma que la de Elías. Esta afirmación está, en un todo, de acuerdo con la doctrina de la reencarnación. Jesús llama la atención a un suceso que nunca pudo haber ocurrido, a menos que la reencarnación fuese un hecho. Él no enseña la doctrina completamente, porque ese no es el propósito; Él solamente demuestra cómo se aplica en un caso específico.

El hecho de que en la Biblia la reencarnación se dé por sentada, en lugar de ser enseñada como una doctrina específica, no debería sorprender, cuando es tenido presente que por edades antes de la vida de Cristo, esa enseñanza fue bien conocida, y generalmente aceptada por la gente alrededor del Mediterráneo.

Varias sectas religiosas y escuelas de filosofía en esos países, se basaron o fueron influenciadas por las Escuelas de Misterios. Estas, a su vez, se basaron en las enseñanzas órficas y pitagóricas, las que incluyeron la doctrina de la reencarnación.

Dentro de la secta judía más grande e influyente, la farisaica, se creyó en la reencarnación. El judío General Flavio Josefo (37-98 D.C.), además de oficial sacerdotal e historiador de su gente, fue también un fariseo. En una de sus obras, The Antiquities of the Jews, Bk. XVIII, Chap. I, par. 3 & 4, él escribe:

Ellos [los fariseos] creen que las almas tienen un poder inmortal en ellos, y que habrá bajo la tierra, recompensas o castigos, de acuerdo a si los hombres vivieron virtuosa o viciosamente en esta vida. Las últimas serán detenidas en prisión perpetua, pero las primeras tendrán poder para volver a vivir. Por estas doctrinas, ellos tienen una influencia muy grandiosa entre la gente, y lo que éstos hagan, ya sea en adoración divina, en oraciones o sacrificios, la gente lo ejecuta de acuerdo a la guía farisaica. Tan grande testimonio hace que las ciudades los tomen en cuenta en sus prácticas constantes de virtud, tanto en las acciones de sus vidas, como en sus conversaciones.

En otra de sus obras, The Jewish War, Bk. III, Ch. VIII, par. 5, él escribe:

Tú no sabes que quienes se marchan de esta vida, de acuerdo a la ley de la naturaleza . . . gozan fama eterna; . . . sus almas son puras y obedientes, y obtienen un lugar de lo más sagrado en el cielo, de donde, en la vuelta de las edades, son enviadas nuevamente dentro de cuerpos puros . . .

Otra secta judía, los Esenios, también creyó en la reencarnación.

No entraremos en explicaciones detalladas de algo que es bien conocido, o considerado evidente, como la rotación de la tierra, la que produce días y noches. Si este tema es mencionado, y cuando una doctrina es tan bien conocida y tan generalmente aceptada, como lo fue el renacer en tiempos de Jesús, no deberíamos esperar que Él entre en detalles respecto a ella. La manera informal y prosaica en el cual el tema es tratado, implica que fue dado por sentado, en lugar de que se tuviese dudas al respecto.

Reencarnación en la Era Cristiana Primitiva

Durante los primeros siglos de la era cristiana, hubo una pequeña organización de iglesia establecida, pero las enseñanzas fueron conservadas y elaboradas por los seguidores de los apóstoles. Los dirigentes entre ellos, los más eruditos y más altamente respetados, fueron los llamados "Padres de la Iglesia." Entre los más conocidos de ellos están Clemente de Alejandría, Orígenes y Sinesio. De acuerdo a The Secret Doctrine, de H. P. Blavatsky (Vol. I, página xliv), todos esos hombres habían sido iniciados en los Misterios, y por lo tanto, deben haber estado muy interesados en las doctrinas de la preexistencia y de la reencarnación, un hecho aparente mostrado por sus obras.

Clemente (alrededor de 150-220 D.C.), quien fue canonizado debidamente como santo de la Iglesia Cristiana, muestra que él creyó en la preexistencia cuando él escribe en el Capítulo I de su Exhortation to the Heathen: "Pero antes de la fundación del mundo fuimos nosotros, quienes, por estar destinados a permanecer en Él, preexistíamos en el ojo de Dios . . ."

Orígenes (186-254 D.C.), discípulo de San Clemente y de Amonio Sacas, el fundador de la Escuela Neoplatónica, es considerado uno de los más grandiosos eruditos y pensadores cristianos. Una cita de sus obras, mostrando que rechazó la idea de transmigración en animales, ya fue dada. Otras citas, mostrando que aceptó las doctrinas de la preexistencia y la reencarnación, siguen:

Aquellos que mantienen que todo en el mundo está bajo la administración de la divina providencia (como también es nuestra fe), pueden, según me parece, dado que no hay otra respuesta, a fin de demostrar que no hay sombra de injusticia que se pose sobre la administración divina, sostener que hubo ciertas causas previas de existencia, en consecuencia de lo cual las almas, antes de su nacimiento en el cuerpo, contrajeron cierta cantidad de culpabilidad en su naturaleza sensorial o en sus actividades, a cuenta de lo cual ellas han sido juzgadas dignas por la Divina Providencia, de ser ubicadas en esta condición. — On First Principles, Bk. III, Ch. III, Sec. 5

En esta cita, Orígenes trata con el problema antiquísimo de la injusticia, y señala que la doctrina de la preexistencia es la única explicación que puede remover el estigma de injusticia del gobierno divino.

En Bk. IV, Ch. I, Sec. 23, de la misma obra, Orígenes escribe:

Así pues, cada uno de los que descienden a la tierra es, de acuerdo a su merecido, o de acuerdo a la posición que ocupó allí, ordenado a nacer en este mundo, en un país diferente, o en medio de una nación diferente, o en un modo diferente de vida, o rodeado de debilidades de diferente clase, o descender de padres religiosos, o padres no religiosos, para que pueda suceder, ocasionalmente, que un israelita descienda entre los scytianos, y un pobre egipcio sea traído a Judea.

Aunque estas declaraciones enfatizan preexistencia, es fácil ver que incluyen reencarnación, aún cuando no se especifica eso. Si un "egipcio nace en Judea," significa que el egipcio murió, y que su alma, más tarde, encarnó en el cuerpo de un judío. ¿Y cómo el egipcio se volvió un ser? ¿No fue una encarnación de algún individuo anterior, tal vez un miembro de otra nación? ¿Y no fue este individuo la encarnación previa de alguien todavía más prematuro, y así por el estilo? Y si esta cadena se extiende hacia más atrás indefinidamente, ¿No implica que también debería extenderse indefinidamente hacia el futuro? ¿Por qué se debería asumir que el "judío" fue el final de la cadena? Cuando él muera, ¿No debería esta alma buscar tomar otro cuerpo nuevamente?

Sinesio, el obispo cristiano que vivió en los siglos cuarto y quinto, fue un miembro del neoplatonismo, quienes enseñaron reencarnación.

E. D. Walker, en su Reencarnation (página 214), dice que es conocido de Sinesio "que cuando los habitantes de Ptolemais lo invitaron a sus obispados, él declinó esa dignidad porque él abrigó ciertas opiniones que los vecinos no pudieron aprobar, a partir de lo cual, después de una reflexión profunda, y como consecuencia, ellos consiguieron herir raíces profundas en su mente. Él había mencionado antes la doctrina de la preexistencia ante ellos."

Así encontramos que hasta el siglo quinto D.C., las doctrinas de preexistencia y reencarnación fueron conocidas, aceptadas y enseñadas abiertamente por las más altas autoridades de la iglesia, y si esos dirigentes de la iglesia aceptaron esas doctrinas, debe asumirse que sus seguidores también lo hicieron.

La Reencarnación Condenada como Herejía

La pregunta surge ahora: Si esas doctrinas fueron tan generalmente aceptadas en los primeros siglos de la era cristiana, ¿Qué es lo causó que desaparecieran después?

Es posible que los dirigentes de la iglesia encontraron la doctrina de la reencarnación demasiado difícil de explicarla a la multitud. También es posible que el concepto erróneo popular de la transmigración en animales, que fue tan generalmente asociada con la reencarnación, hizo su parte para desacreditar a la doctrina verdadera. Por esas razones, los dirigentes posteriores de la iglesia, introdujeron la doctrina de que un alma nueva es creada para cada individuo, cuando esa persona nace.

A medida esta idea se volvió generalmente más aceptada, la enseñanza más vieja fue gradualmente empujada hasta el fondo, y fue enseñada más y más secretamente, si efectivamente lo fue.

Aún cuando había sido abandonada como doctrina oficial de la iglesia, como quiera que sea, la vieja idea todavía tardó en marcharse, y retuvo un número grande de partidarios. Por un período largo, las dos doctrinas existieron simultáneamente, pero debido a que eran mutuamente contradictorias, algo tenía que haberse hecho para desarraigar la enseñanza más vieja, la cual entonces fue vista como herética.

Un concilio de dirigentes de la iglesia fue consecuentemente convocado para juzgar la doctrina, tal y como fue enseñada por Orígenes, junto con algunas de sus otras enseñanzas, las cuales fueron también consideradas heréticas. Ese concilio, o Sínodo Casero, tal y como fue conocido, fue reunido en Constantinopla, alrededor del año 538, bajo el patriarcado de Mennas. Quince enseñanzas especificas de Orígenes fueron escogidas para la discusión, y todas fueron, después de muchos debates acalorados, formalmente condenadas y maldecidas. Las que se refieren a la preexistencia están listadas así:

Las enseñanzas de Orígenes fueron para el efecto de: (de un resumen de G. de Purucker en The Esoteric Tradition, pàginas 42-3):

1) Que el alma preexiste antes de su vida terrestre presente; y es, al final, restaurada a sus naturalezas y condiciones originales y espirituales.
4) Que el hombre, al presente, tiene un cuerpo material o físico, como un resultado, ya sea de castigo o punitivo, debido a la maldad. El cuerpo es adoptado cuando el alma se sumerge en la materia.
5) Que aún cuando estos seres espirituales anteriormente cayeron dentro de la materia, así es posible que ellas, al final, se levanten otra vez a su condición espiritual anterior.
13) Que el alma de Cristo preexistió al igual que las almas de todos los hombres; y que Cristo es semejante en género, en poder y substancia, a todos los hombres.

Después de la condena de las doctrinas de Orígenes por las autoridades de la iglesia, la preexistencia y la reencarnación no pudieron ya más ser enseñadas o toleradas como parte de las enseñanzas de la iglesia. Siendo este el caso, ¿No parece razonable que la literatura de la iglesia fuese sujeta a una reexaminación, y cualquier referencia a ella fuera erradicada? ¿No sería posible, por ello, que las escrituras primitivas, tales como los Evangelios, puedan haber tenido más referencias directas a la preexistencia y la reencarnación, que las que ahora tienen?

El original en griego de la obra grandiosa On First Principles de Orígenes, en las que se encuentran la mayoría de sus referencias tocante a la reencarnación, ya no está más a la disposición, pero una traducción en latín todavía existe. En el Prólogo a esa traducción, hecha por el teólogo latino Tirano Rufino (345-410), el traductor se refiere a los traductores anteriores de las obras de Orígenes y sus prácticas de hacer cambios del griego original, en las cuales, los primeros traductores no estuvieron de acuerdo con las entonces prevalecientes creencias cristianas. Así, Rufino explica que él adoptó el mismo método, de acuerdo al cual, el traductor, si encontraba algo así llamado "piedras de tropiezo," lo suavizaba y lo corregía en su traducción, para que el lector latino no encontrara nada discordante con nuestra fe cristiana (citado en The Esoteric Tradition II, 624f).

Teniendo en mente que en los tiempos de Rufino, las autoridades de la Iglesia comenzaban a desaprobar las doctrinas de preexistencia y reencarnación, ¿No es probable que esas doctrinas hubiesen sido escogidas como "piedras de tropiezo," tal como Rufino lo refiere, y que ellas, de esa manera, fueron sujetas al método de Rufino de "suavizarlas y corregirlas?"

Aún tal y como es la traducción latina, no deja duda acerca de la creencia de Orígenes en el renacer, pero la confesión propia de Rufino despierta la sospecha de que, si el griego original estuviera disponible, podríamos encontrar en él, todavía más referencias explícitas y más fuertes al tema.

Con referencia a los anatemas del Sínodo Casero, ¿No es el total procedimiento de un grupo de estudiantes, supuestamente seguidores de Jesús, tomándose sobre ellos mismos la condena de una doctrina, la cual fue definitivamente afirmada por él, abierto a preguntas y críticas?

En Mateo 11:10-14 y 17:10-13, referidos anteriormente, Jesús, por él mismo, hace uso de las doctrinas de preexistencia y renacimiento para explicar a Sus discípulos, la identidad de Juan el Bautista con Elías. Jesús muestra que él conoce esas doctrinas, en lugar de condenarlas como erróneas; él demuestra, al usarlas, que las aprueba.

Además, tenemos el testimonio de los Padres de la Iglesia primitiva, que demuestra que esas doctrinas fueron, todavía entonces, retenidas por la Iglesia, en los primeros siglos de nuestra era.

Así, 500 años después de la muerte de su Maestro, encontramos a un grupo de sus supuestos seguidores, condenando doctrinas que el Maestro había ratificado.

Aquí existe un conflicto directo de ideas. Si Jesús estaba en lo cierto, el Sínodo Casero no lo estuvo, y viceversa. ¿Quién estuvo en la mejor posición de saber, Jesús o las autoridades de la Iglesia 500 años después de él?

Si las palabras de Jesús son aceptadas por Sus seguidores como provenientes del Hijo de Dios, ¿Cómo ahora esos mismos seguidores eligen una de esas palabras para condenarla como errónea? ¿No es éste un caso de alumnos corrigiendo a su Maestro?

Las autoridades de la Iglesia pudieron haber protestado contra la noción falsa de la transmigración en animales, la cual estaba entonces tan difundida entre los no educados, porque esa fue una doctrina que Jesús nunca ratificó, y una que no aparece en la Biblia. Si este es el caso, ellos debieron haber altamente recomendado remover un concepto erróneo popular enorme. Pero cuando ellos fueron tan lejos, como para rechazar una doctrina verdadera por una falsa, sencillamente lo que hicieron fue desechar el fruto con todo y simiente.

¿Se justifica el aceptar parte de las enseñanzas de Jesús, mientras se rechazan otras? Y si se aceptan todas, debemos aceptar también la reencarnación, porque ella es parte de esas enseñanzas.

Otros Creyentes en la Reencarnación

Entre otras religiones, filosofías, sectas y grupos raciales, que han enseñado reencarnación, o la han aceptado en una u otra forma, tenemos:

Taoísmo en China
Los Misterios enseñados en los Templos de Egipto
La Filosofía de Hermes
La religión de Zoroastro o religión mazdeana
La religión del Orfeísmo
La Filosofía de Pitágoras
Las Escuelas de Misterios de Grecia y Asia Menor
El platonismo
La Cábala judía
El Talmud
Los fariseos y los esenios
La Iglesia Cristiana Primitiva
El neoplatonismo
Los indios americanos y los esquimales
Los nativos del África del Oeste
Los aborígenes de Australia

Además de los fundadores y cabecillas de los grupos ya referidos, quienes creyeron, por supuesto, en la reencarnación, hay un número de individuos, quienes mostraron mediante sus obras, la aprobación de la idea. Entre ellos, encontramos los siguientes nombres:

Patañjali

Carlyle

Ovidio

Longfellow

Lucrecio

Andre Pezzani

Flavio Josefo

Víctor Hugo

Heráclides

Prof. Francis Bowen

Dr. Henry More

James R. Lowell

Lessing

Walt Whitman

Fitche

William R. Alger

Kapila

Thomas Bailey Aldrich

Cicerón

Jack London

Virgilio

Rudyard Kipling

Filo Judas

John Masefield

Platino

Wordsworth

Rabí Manaseas

Jean Reynaud

David Hume

Bulwer Lytton

Herder

Emerson

Napoleón

Rosetti

Goethe

Richard Wagner

Shelley James

Freeman Clarke

Honoré de Balzac

Prof. Frederick H. Hedge

Schopenhauer

Tennyson

Jean B. F. Obry

Whittier

Sir Edwin Arnold

Sir H. Rider Haggard

William Sharp

George Russell (AE)

Prof. William Knight

Henry Ford

Ella Wheeler Wilcox

Sir Humphrey Davy

Más nombres podrían ser agregados a la lista, pero con los nombrados debería ser suficiente para mostrar la antigüedad y el uso difundido de la doctrina, como también su interés para filósofos, escritores y poetas hasta este tiempo.

El hecho de que un grupo o un número de personas aceptan una doctrina, no es por sí solo una prueba de que la doctrina es verdadera. Tampoco el hecho de que un grupo u otros individuos rechacen la misma doctrina, demuestre que es falsa. Pero si en uno de esos grupos encontramos algunos de los más grandes filósofos y maestros de religión que el mundo haya conocido, como también, en número tal vez menor, pero sí bien reconocidos pensadores, ¿No debiera eso indicarnos que existe un tema que no se debería pasar por alto? Si aceptamos sus ideas en otros asuntos, por los cuales ellos son famosos, ¿Por qué deberíamos ignorar sus opiniones sobre la reencarnación?

Citas que dan las opiniones sobre la reencarnación, sostenidas por los grupos e individuos ya listados, existen disponibles. Para presentar todas esas opiniones, un libro pequeño sería necesario. Por lo tanto, solamente unas pocas citas serán dadas por ahora. Muchas de ellas han sido tomadas de Reincarnation de E. D. Walker, Edición 1923.

El rabí Manaseas Ben Israel (1604-1657), teólogo judío y cabalista, rabí en jefe de la sinagoga en Amsterdam, escribe en Nismath Hayem:

La creencia o la doctrina de la transmigración (es decir, reencarnación), es un dogma firme e infalible, aceptada en completa armonía por toda nuestra iglesia, así que no hay nadie quien se atrevería a negarla . . . Ciertamente, existe un número enorme de sabios en Israel, quienes se apoyan firmemente en esta doctrina para tenerla como dogma, como punto fundamental de nuestra religión. Por lo tanto, estamos obligados a obedecer y a aceptar este dogma con aclamación . . . como la verdad que ha sido incontestablemente demostrada por el Zohar y todos los libros de los Cabalistas.

El filósofo alemán Schopenhauer (1788-1860), escribe en su The World as Will and Idea:

Lo que el sueño es para el individuo, es muerte para la voluntad (Ego) No soportaría continuar las mismas acciones y sufrimientos durante toda una eternidad, sin verdadera ganancia, si la memoria y la individualidad permanecieran. Si se les quita de encima, se obtiene Leteo (el río del olvido); y mediante este sueño de muerte, se reaparece refresco y provisto con otro intelecto, como un nuevo ser . . .
* * *
Entonces, esos nacimientos, constantes y nuevos, constituyen la sucesión de los sueños de la vida de una voluntad (Ego), la cual, en ella misma, es indestructible . . .

Hablando por él mismo, y citando a J. B. F. Obry, una autoridad francesa en hinduismo, Schopenhauer, dice:

La fuerte convicción de la indestructibilidad de nuestra naturaleza a través de la muerte, lo cual cada cual acarrea en el fondo de su corazón, depende totalmente de la conciencia de la naturaleza original y eterna de nuestro ser.
Encontramos la doctrina de Metempsicosis (reencarnación), surgiendo desde las edades más primitivas y más nobles de la raza humana, siempre extendida por doquier en la tierra como la creencia de la inmensa mayoría de la humanidad; mejor dicho, realmente como la enseñanza de todas las religiones, con la excepción de la de los judíos, y de las dos de las cuales ha salido en la forma más sutil, como quiera que sea; y mediante ella, casi se llega a la verdad en el budismo.
Con referencia a la universalidad de la creencia en Metempsicosis, Obry dice correctamente en su excelente libro, Du Nirvana Indien, página 13: "Esta vieja fe ha sido mantenida en todo el mundo, y fue difundida en la remota antigüedad a tal grado que, un sabio clérigo ingles la declaró sin padre, sin madre, y sin genealogía. Metempsicosis fue ya enseñada en los "Vedas," como también en todos los libros sagrados de la India, y es muy bien sabido que es simiente del Brahmanismo y el Budismo. Así, pues, predomina al presente tiempo, en toda Asia no mahometana, y de este modo, en medio de más de la mitad de toda la raza humana, como la más firme convicción, y con una increíble y fuerte influencia práctica. También fue una creencia en medio de los egipcios, de quienes fue recibida con entusiasmo por Orfeo, Pitágoras y Platón. Como sea, los pitagóricos la retuvieron especialmente. Que fue también enseñada en los misterios de los griegos, indudablemente se deduce del noveno libro de Platón, Laws. También Edda, especialmente en Voluspa, enseña Metempsicosis. También está en la fundación de la religión de los druidas. Aún más, una secta mahometana en Hindustán, los bohrahs, de quienes Colebrook da cuenta completa en Asiatic Researches, creen en Metempsicosis, y de acuerdo a ella, se abstienen de toda clase de comida de animales. También entre los indios americanos y las tribus de los negros, aún más, entre los nativos de Australia, se encuentran muestras de esta fe . . .

Ralph Waldo Emerson (1803-1882), el filósofo y ensayista americano, escribe en Representative Men:

El alma, habiendo sido nacida a menudo, o como los hindúes lo dicen: "viajando el sendero de la existencia a través de millares de nacimientos," habiendo contemplado las cosas que están aquí, esas que están en el cielo, y las que están debajo del cielo, no queda nada de lo cual ella no haya ganado conocimiento; no es maravilla de que ella es capaz de recordar, . . . que previamente sabía . . . porque investigar y aprender, todo es recordar.

En su ensayo, The Oversoul, él dice: "El niño nace completamente crecido, si se asume un desarrollo en el pasado mediante existencias previas," y en Experience, él dice: "Despertamos y nos damos cuenta que estamos en una escalera. Existen escaleras debajo de nosotros, que nos parece que las hemos ascendido; existen escaleras arriba de nosotros, todas formando una sola, las cuales van hacia arriba, y no son visibles."

Emerson también dice en Inmortality: "Debemos deducir nuestro destino desde su preparación. Somos impulsados por instintos a tener innumerables experiencias, las cuales no son de valor visible, y es posible dar vueltas a través de muchas vidas, antes de que las asimilemos o las agotemos."

En el diario de Charles Emerson se encuentra lo siguiente de su hermano Ralph Waldo:

La razón por la cual Homero es para mí como una mañana llena de rocío, es porque yo viví mucho mientras Troya existía, y mientras navegaba en el barco falso de los griegos . . . mi alma animó la figura de algún anónimo Argos . . . Olvidamos que hemos sido narcotizados por el tazón soporífero del presente.

En Ways of the Spirit, and other Essays, por el pastor unitario y autor Frederick Henry Hedge (1805-1890), el capítulo duodécimo sobre "The Human Soul" argumenta fuertemente por la reencarnación:

Nos remontamos con nuestro recuerdo y no encontramos el principio de la existencia. ¿Quién de nosotros sabe algo, excepto por el reporte de los primeros dos años de vida terrestre? Nadie recuerda la primera vez que dijo: "Yo," o pensó: "Yo." Empezamos a existir por otros, antes de empezar a existir por nosotros mismos. Nuestra experiencia no es co-extensa con nuestro ser, y la memoria no lo entiende. No sostenemos a la raíz, sino ella a nosotros.
Pero, ¿Qué es la raíz? Le decimos alma. Le llamamos nuestra alma. Hablando con propiedad, no es nuestra, somos de ella. No es una parte nuestra, sino nosotros somos parte de ella. No es un artículo en el inventario que forma nuestra individualidad, sino que es la raíz de esa individualidad. Es mucho más grande de lo que nosotros somos, es algo más de lo que nosotros somos, es decir, es algo más que nuestra propia conciencia. El ser consciente no empieza, sino hasta algún tiempo después del nacimiento del individuo. El ser no es lo que origina, sino que es un producto, es decir, el "florecer" de una individualidad. Es posible suponer incontables almas que nunca tiene ese producto, que nunca florecen en sí mismas. Y el alma que así no florece, aun así, existe antes de que el florecer se desarrolle.
¿Cuánto tiempo antes? Es imposible decirlo. Por ejemplo: que sea el nacimiento el comienzo del alma de un ser humano por venir; que sea proveída un alma nueva para cada cuerpo nuevo; o que sea el cuerpo que se da a un alma preexistente; todo ello es una pregunta en lo que la teología no nos da luz, y a lo que la psicología vagamente ilustra. Y lo que esa ilustración vagamente logra alcanzar, favorece a la suposición de la preexistencia. Esa suposición parece ser la más adecuada para armonizar la supuesta existencia continuada del alma en el futuro. Lo que tuvo un comienzo alguna vez, pareciera que debe tener un fin alguna vez. El destino eterno que la fe le atribuye al alma, presupone un origen eterno. Por otra parte, si la preexistencia del alma estuviese asegurada, eso acarrearía el seguro de la inmortalidad.
* * *
El nacimiento del alma en el presente, fue la muerte del pasado — "un sueño y un olvido." El alma se durmió en un cuerpo, despierta en uno nuevo. El sueño es un abismo de olvido en medio de los dos.
* * *
Comúnmente se concede que hay diferencias innatas de carácter en los hombres — propensiones y disposiciones diferentes, que no son completamente explicadas por las diferencias de las circunstancias, o de educación. Se muestran por sí solas, donde las circunstancias y la educación han sido iguales; parecen ser innatas. Algunas veces son atribuidas a la organización. Pero la organización no es el final. Otra vez, eso requiere ser explicado. De acuerdo a lo que pienso, es el alma la que se organiza, en ninguna forma es lo contrario. La suposición de una existencia previa, explicaría en la mejor forma esas diferencias, como algo que se acarrea vida tras vida — la cosecha de semillas que se sembró en otras condiciones y cuyo fruto permanece, aunque ya no se recuerde cuando la siembra fue efectuada.

En el Princeton Review, de mayo de 1881, el filósofo y profesor americano Francis Bowen (de la Universidad de Harvard) (1811-1890), publicó un artículo muy interesante sobre "Metempsicosis Cristiana," en el cual recomienda encarecidamente la aprobación cristiana de la reencarnación.

Nuestra vida en la tierra está correctamente considerada a ser una disciplina y una preparación para una vida superior y eterna en el futuro. Pero si se le limita a la duración de solamente un cuerpo mortal, ello sería seguramente tan corto e insuficiente como para lograr tan grande propósito. Setenta años seguramente debe ser un tiempo demasiado limitado para conseguir una preparación adecuada para la eternidad. Pero, ¿Qué garantía tenemos para que la libertad condicional se nos dé tan limitada y estrechamente? ¿Por qué no es posible que sea continua, o repetitiva, a través de una serie larga de sucesivas generaciones, y que la misma personalidad (individualidad) anime, una tras otra, un número indefinido de habitaciones carnales, y que acarree dentro de cada una de ellas, el entrenamiento que ha recibido, el carácter que ha formado, las condiciones y disposiciones con que se ha complacido, en la etapa inmediatamente anterior?
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¿Por qué debiera parecer increíble que la misma alma pudiera habitar en sucesión un número indefinido de cuerpos mortales, y así prolongar su experiencia y su libertad condicional, hasta que se vuelva madura, en todo sentido, para el cielo, o para el juicio final? Aún durante esta vida, nuestros cuerpos están continuamente cambiando, por medio de un proceso de decadencia y restauración, el cual es tan gradual, que se nos escapa advertir. No existe duda alguna, todo ser humano mora sucesivamente en muchos cuerpos, aún durante esta corta vida.
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Si cada nacimiento fuese un acto de absoluta creación, la introducción a la vida de una criatura completamente nueva, podríamos razonablemente preguntar a qué se debe que las diferentes almas sean, de esa manera, diversamente constituidas al principio. No todos empezamos iguales en la carrera expuesta ante nosotros, y por lo tanto, no se puede esperar que todos, al cierre de un corto peregrinaje mortal, alcancemos el mismo objetivo, y que estemos igualmente bien ajustados para las bendiciones o las penalidades de una condición establecida para el futuro. La observación más común nos asegura que un niño nace con capacidades limitadas, y quizá con una disposición variable, con pasiones fuertes y con un genio malhumorado; que tenga tendencias a la maldad, las cuales son casi seguras a que sean desarrolladas pronto. Otro, al contrario, parece felizmente dotado desde el principio; él no es solamente amigable, tratable y amable, sino también ingenioso y precoz, un niño de muchas esperanzas. Uno parece un duende perverso, mientras el otro tiene la promesa tempranera de llegar a ser un Cowley o un Pascal. Las diferencias de condición externa también son tan vastas y obvias, que ellos parecen desvirtuar mucho el mérito de una vida bien invertida, o el de la culpabilidad del vicio y el crimen. Uno es felizmente educado en un hogar cristiano, y bajo muchas influencias protectoras, que el sendero de virtud yace derecho y abierto ante él — tan evidente, ciertamente, que aún el ciego podría, con seguridad, caminar en ese sendero, mientras el otro parece haber nacido con una herencia de miseria y crimen, y a la intemperie. El lugar de nacimiento de uno de ellos es el África Central; y el del otro, el corazón de Europa, civilizada y cristiana. Entonces, ¿Dónde queda la justicia eterna? ¿Cómo pueden estar hechas esas desigualdades tan horribles para que parezcan consistentes con la sabiduría y la misericordia infinitas de Dios?
Si la metempsicosis (reencarnación) está incluida en el esquema del gobierno divino del mundo, esta dificultad desaparece del todo. Considerada desde este punto de vista, cada uno nace en una condición, la cual justamente ha sido ganada mediante una propia historia previa. La persona acarrea consigo, de una etapa de existencia a otra, los hábitos o tendencias que ha formado, las disposiciones con las que se ha complacido, las pasiones que lo han dominado, y que voluntariamente la persona ha permitido que la guíen al vicio y al crimen.
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Como quiera que sea, nada nos previene de creer que la libertad condicional de cualquiera de las almas, se extiende continuamente a través de una serie larga de existencias sucesivas sobre la tierra, que cada acción sucesiva en la historia completa de la vida, sea castigada por sus efectos. Porque esta es la ley universal del ser, ya sea materia o mente; todo cambia, nada muere, en el sentido de ser aniquilado. A lo que llamamos muerte, es solamente la separación de un cuerpo complejo en sus partes integrantes, nada de lo que es verdaderamente uno e indivisible ser, se pierde o se destruye en el proceso . . . El alma humana, como lo sabemos conscientemente, es absolutamente una e indivisible, solamente pasa, después de la disolución de lo que una vez fue su hogar, a animar a otro cuerpo . . . Podemos fácilmente imaginar y creer que cada persona ahora en vida, es una representación de alguien que vivió, tal vez, hace siglos bajo otro nombre, en otro país, que posiblemente no tenga la misma línea de ascendencia; y sin embargo, ambos forman una y la misma persona dentro de su más íntimo ser y carácter esencial. Sus contornos han cambiado; la casa vieja de carne ha sido rota y reconstruida; pero el morador es todavía el mismo. Él ha venido de una generación anterior, acarreando con él lo que podría ser de ayuda o de estorbo, es decir, el carácter y las tendencias, los cuales aquí formó y nutrió. Y en esto hay retribución; él ha entrado en una nueva etapa de libertad condicional, y en ella él tiene ahora que aprender hacia donde conduce en forma natural ese carácter, el cual él allí formó. Ahora ese carácter está siendo probado sobre un teatro nuevo, y tal vez, más amplio. Y si esto no es así, dime ¿Por qué los hombres nacen con caracteres tan desiguales y con tendencias tan perversas? . . . No acarrean con ellos ningún recuerdo de los incidentes de sus vidas anteriores, porque esos recuerdos les impediría ajustarse para la parte nueva que tienen que jugar. Pero ellos todavía son lo mismo en sus principios y modos de conducta, en las fuentes de acción más íntimas, lo que ha sido desarrollado y fortalecido por los incidentes olvidados de sus vidas anteriores. Ellos son lo mismo en todos los puntos esenciales que anteriormente hicieron de ellos una bendición o una maldición para todos aquellos con quienes tomaron contacto. Y mediante esos mismos puntos esenciales, otra vez, ellos serán fuentes de bienestar o de aflicción para sus medioambientes. Por supuesto, estas tendencias innatas pueden ser exageradas o castigadas por las lecciones de una nueva experiencia, por el ejercicio del reproche, por tenerlas en cuenta habitualmente, o por desatender las reprensiones de la conciencia. Pero ellas todavía existen como tendencias originales, y como tales, ellas deben hacer el ascenso o el descenso en el sendero, de una manera más fácil, más natural y más razonable, para alcanzar la meta tan remota que, de otra manera, sería inalcanzable. . . .
Una eternidad, ya sea de recompensa o de castigo, parecería inadecuadamente ganada por un breve período de libertad condicional. Es mucho más razonable creer que la vida futura, la cual se nos ha enseñado a esperar, será similar a esta vida presente, y la pasaremos en este mundo, aunque acarrearemos con ella, las cargas o las bendiciones impuestas sobre nosotros por nuestra carrera pasada. Además del significado espiritual de la doctrina de la regeneración, además del nuevo nacimiento, el cual es de "agua y del Espíritu," puede haber un significado literal en las palabras solemnes del Salvador: "el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios."

El reverendo William R. Alger (1822-1905), un ministro unitario y autor, dedicó la mitad de su vida a la producción de un gran volumen sobre la inmortalidad titulado A Critical History of the Doctrine of a Future Life, un libro considerado una autoridad modelo sobre ese tópico. En la primera edición, publicada en 1860, el escritor caracteriza a la reencarnación como una ilusión que casi convence, pero indigna de fe. Por quince años más, él continuó estudiando el tema, y la última edición (1878) dio el resultado final de sus investigaciones más maduras, en las cuales ratificó sinceramente a la doctrina de la reencarnación y se volvió partidario de la misma:

De todas las formas serias y refinadas de la fe en una vida futura, ninguna ha tenido un dominio tan extenso y prolongado como la reencarnación. Tiene el voto de la mayoría, generación tras generación, y ha sido apoyada por la mitad de la raza humana con una intensidad de convicción casi sin paralelo. A primera vista, el hecho más impresionante de la doctrina de las encarnaciones repetidas del alma, su forma y experiencia en cada toma sucesiva de cuerpo, determinada por sus méritos en las corporificaciones precedentes, es la constante reaparición de la fe en todas partes del mundo, y su permanente sostén por las grandes naciones . . .
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Los conceptos que forman la reencarnación son tan maravillosos, su método es tan racional, la región de contemplación, dentro de la cual ella levanta a la mente, es tan grande, las esperanzas que abre son de tal alcance universal y significado, que su estudio nos brinda una solidaridad completa con el alcance sublime de la idea de la inmortalidad, y de una justificación cosmopolita de la Providencia descubierta para todo ojo. Nos saca de la pequeñez de temas penosos y asuntos egoístas, y hace más fácil para nosotros el creer en las más vastas esperanzas que la humanidad alguna vez conoció.

El industrial y fabricante de automóviles, Henry Ford, en una entrevista con Geo. Sylvester Viereck (The San Francisco Examiner, Agosto 26, 1928), nos ofrece sus opiniones sobre la reencarnación:

Adopté la teoría de la reencarnación a la edad de veintiséis años . . .
La religión no ofrece nada, al menos, sobre el tema. Fui incapaz de descubrirla. Aún el trabajo no pudo brindarme satisfacción completa. El trabajo es infructuoso si la experiencia que recogemos en una vida no la podemos utilizar en la próxima.
Cuando descubrí la reencarnación, fue como si había encontrado un plan universal. Me dí cuenta de la oportunidad de desarrollar mis ideas. El tiempo ya no me fue limitado. Ya no fui más esclavo de las manecillas del reloj. Tuve suficiente tiempo para elaborar mis planes y para crear.
El descubrimiento de la reencarnación volvió tranquila a mi mente. Me volví calmado. Sentí que el orden y el progreso estaban presentes en el misterio de la vida. Ya no busqué más por la solución al misterio de la vida en ninguna otra parte.
Si conservas un registro de esta conversación, escríbela para brindarle tranquilidad a la mente de los hombres. Me gustaría comunicarle a otros la calma que el gran panorama de la vida nos da.
Como quiera que sea, todos retenemos vagamente recuerdos de vidas pasadas. Sentimos frecuentemente que hemos sido testigos de una escena, o de que hemos vivido a través de un momento en alguna existencia previa. Pero eso no es lo esencial; lo que es valioso y que permanece con nosotros, es la esencia, el quid, los resultados de la experiencia.

John Masefield (1875-1967), dramaturgo y poeta laureado de Inglaterra, expresa sus opiniones sobre Reencarnación en un bello poema llamado "Credo":

Creo que cuando una persona muere
Su alma regresa otra vez a la tierra;
Ataviado en algún nuevo disfraz carnal
Otra madre le da nacimiento.
Con miembros más robustos y cerebro más brillante
Nuevamente la vieja alma emprende el camino.
Esa es mi propia fe y confianza;
Esta mano, esta mano que sostiene la pluma,
Ha sacudido el polvo muchos cientos de veces
Y otra vez empolvada, se lo vuelve a sacudir;
Estos mis ojos han parpadeado y brillado
En Tebas, en Troya, en Babilonia.
Todo lo que correctamente pienso o actúo,
O elaboro, o estropeo, o bendigo, o arruino,
Es maldición o bendición justamente merecidas
Por indolencia o esfuerzo en el pasado.
Mi vida es un informe de la suma
De vicio complacido, o superado.
Sé que en mis vidas por venir
Mi arrepentido corazón me dolerá y arderá,
Y adorará, desaprovechadamente,
A la mujer a quien acostumbré desdeñar,
Y me sacudiré para ver que otra tenga
El amor que rechacé, el amor que ella me ofreció.
Y sabré, en palabras airadas,
En mofas, y ridículos, y muchos desgarres,
Una inmunda bandada de palomas,
Las mofas y desprecios que proferí aquí.
La valiente palabra que fallé en decir
Me marcará miserable en la mejilla.
Y al vagar por los caminos
Seré ayudado y curado y bendecido;
Preciosas palabras me animarán y servirán de estímulo
Para incitarme hacia las alturas jamás imaginadas
Mi camino será el camino que hice;
Todo lo que dí, será reembolsado.
Así pelearé, así caminaré,
En esta gran batalla bajo las estrellas,
Así, la gloria ceñirá mi cabeza,
Así desmayaré y mostraré las cicatrices,
Hasta que este estuche, este moho que me atasca,
Sea convertido todo en oro regio.

Capítulo VIII

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